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Conectando realidades a través de algo que usamos todos los días: el café.
“Hay pequeños gestos que ayudan a mejorar nuestro día a día. Pero hay otros que ayudan a mejorar el mundo.”
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Entrada por Arantxa García Gangutia, de Fundación IPADE
Bajo el lema “Río + 20: El futuro que queremos”, Naciones Unidas revisará en Río de Janeiro (20-22 jun) los compromisos alcanzados en la cumbre de la Tierra (1992), foro multilateral sobre desarrollo sostenible.
Aunque las expectativas generadas en torno a Río+20 deberían ser muy elevadas, a menos de 15 días del inicio de esta importante cita, el éxito de esta cumbre parece estar ya en entredicho. En un planeta seriamente degradado, donde una minoría rica es responsable de una huella ecológica insostenible, las negociaciones previas no parecen aportar soluciones reales a los millones de personas que viven en condiciones de pobreza debido a la degradación ambiental de nuestro planeta.
En Río 92 se asumió a nivel internacional el paradigma de desarrollo sostenible entendido como “la satisfacción de las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”, un concepto que integraba no sólo factores económicos, sino también ambientales y económicos. Sobre el papel, esta idea suponía un avance sustancial para promover el bienestar humano y ambiental.
Para progresar hacia este horizonte, se pusieron en marcha el Programa Agenda 21 y se lanzaron las Convenciones de Río en torno a problemas socioambientales globales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación. Sin embargo, los estrepitosos fracasos de las tres últimas cumbres de cambio climático (Copenhague, Cancún y Durban) y los escasos avances para frenar la pérdida de biodiversidad y la desertificación, con las implicaciones que ello tiene para nuestra calidad de vida y especialmente para la supervivencia de millones de personas en países del Sur, no permiten ser muy optimistas sobre los resultados alcanzados en estos 20 años.
Además algunas multinacionales y gobiernos, amparándose en el desarrollo sostenible, han promovido prácticas insostenibles (deforestación para la expansión de monocultivos para agrocombustibles, ganadería intensiva, destrucción de costas por el urbanismo, etc) que nos han llevado a la actual crisis socio-ambiental y que han contribuido a pervertir este concepto.
En Río+20, es necesario revalorizar el desarrollo sostenible, desplazado de las agendas políticas con la excusa de la crisis económica. Debe ser una base legítima para transformar el modelo actual y plantear soluciones reales en relación con la erradicación de la pobreza.
Río+20 debería abordar la necesidad de un cambio radical del modelo de desarrollo vigente, que equilibre realmente medio ambiente, sociedad y economía. La transición real hacia un modelo sostenible debe llevar implícita la asunción de los límites ecológicos del planeta y de las injusticias sociales. RÍO+20 debería abordar temas como la justicia socio-ambiental y reconocer la deuda ecológica que tenemos contraída con las poblaciones de los países del Sur.
Sin embargo, las soluciones que baraja el documento de negociación parecen estar lejos de ser una transformación real hacia un modelo sostenible y justo. Los debates se centran en la llamada economía verde, con grandes intereses del sector privado para perpetuar el actual modelo de crecimiento y pintarlo de verde, aunque sin cambios reales en la base.
La transición hacia una economía verde no puede sustituir al desarrollo sostenible, ya que primaríamos el valor económico de nuestros ecosistemas por encima de los valores sociales, obviando así las necesidades básicas de gran parte de la población mundial, y especialmente la que vive en países del Sur.
Si finalmente en Río+20 se imponen los intereses del sector privado y de algunos gobiernos, estaríamos ante un parche más, un nuevo capitalismo verde que no podrá ser una solución para erradicar la pobreza. Es necesario que se tengan en cuenta las demandas de la mayoría de organizaciones de la sociedad civil: una economía verde justa que incorpore la trazabilidad de los productos y estimule los circuitos comerciales locales, la agroecología para alcanzar la soberanía alimentaria, y un consumo responsable que fomente la eficiencia y la soberanía energética.
Comprar tierras de un país extranjero es algo relativamente “normal” en nuestros días. Es lo que hacen las grandes multinacionales para llevar a cabo sus proyectos de extracción de materias primas, de producción de energía, etc. Muchas veces estos proyectos llevan consigo graves problemas por su impacto ambiental o social, o por los conflictos armados que general. Es el caso e Bolivia, de Chile en lo ambiental, o el sangrante conflicto por la extracción del coltán en Ruanda y la República democrática del Congo.
Pero el “acaparamiento de tierras” tiene, en estos momentos, una incidencia todavía más trágica en lo que afecta a la crisis alimentaria mundial y a las hambrunas que se vienen desarrollando en Etiopía, Somalia, del tal Niger, o los conflictos sociales por la expulsión de campesinos en Brasil, Paraguay, etc.
1. El qué consiste en “acaparamiento de tierras”
“Imagine que España cediera la gestión de un territorio del tamaño de Extremadura a una empresa extranjera. O que hubiera españoles que pasaran hambre mientras compañías foráneas produjeran comida en España que luego exportarían a sus países de origen. Parece difícil de creer, pero esa es la situación que se está dando en algunos países del África subsahariana” (José Miguel Calatayud, en El País, 7-10-2011).
Según el IIED (Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo), desde el año 2008, año en que se desata la crisis por el alza de precios de los alimentos, este “acaparamiento de tierras” se viene produciendo en el mundo a gran escala. ¿Por qué? Las cosas son tan sencillas como las que decía Gwynne Dyer, periodista independiente en el New Zeland Herald en mayo de 2009:
“¿No estaría bien que no tuvieras que competir por las escasas reservas de cereal, a precios inflados, en el mercado de grano internacional, cuando los precios se disparan? ¿No sería genial que en vez de eso pudieras confiar en tu propio suministro de alimentos, aunque no esté emplazado en tu propio país? Esto es por lo que la mayoría de los países que dependen fuertemente de las importaciones de alimentos están enzarzados en la actual carrera por conseguir tierras en África”.
Dicho de otro modo:
“El acaparamiento de tierras consiste en la sustracción de tierras rurales por parte de inversores internacionales para darles un uso comercial al mismo tiempo que niegan el acceso a esas tierras a la gente que tradicionalmente las usaba para ganarse la vida. Se llama acaparamiento precisamente porque no se consulta a la gente que normalmente usaba esa tierra y sus intereses no se tienen en cuenta” (Michael Ochieng Odhiambo, director ejecutivo del Instituto para la Resolución de Conflictos por Recursos, con sede en Kenia y autor del informe Presiones comerciales sobre la tierra en África para la Coalición Internacional de las Tierras).
2. Algunos datos:
Según el informe “Tierra y poder”, de Oxfam (septiembre 2011), desde el año 2001 se han vendido, arrendado o concedido en todo el mundo 227 millones de Ha. de explotación a inversores internacionales en el mundo. De ellas, 63 millones sólo en África (Global Land Project). Según el mismo informe:
3. ¿Quiénes son los principales compradores?
Fundamentalmente son países, en concreto, como India, Arabia saudí, Kuwait, Qatar, Bahrein, y sobre todo China en Cuba y México. Los otros países compran tierras en Rusia, Ucrania, Brasil, Pakistán, Filipinas, Indonesia, Sudán, Mozambique… Empresas de Suecia, Alemania o Reino Unido realizan acuerdos también con Angola, Kenia, Zambia, RDC, Senegal, Mali, Suazilandia o Botswana…
4. Para qué se realiza este “acaparamiento de tierras”
1) Para garantizar el autoabastecimiento de alimentos de los países cuya alimentación depende de la importación ante la progresiva escasez de tierras cultivables y la “volatilidad” de los precios de los alimentos.
El “acaparamiento de tierras” se realiza libre de impuestos por parte del gobierno del país que vende sus tierras.
Se compran las mejores tierras (acceso al agua, fertilidad, infraestructuras y proximidad de los mercados). Con frecuencia se aduce que muchas de estas tierras, vistas vía satélite, son “tierras ociosas” con densidad de población inferior a 25 personas/km2.
Pero, ¿qué son tierras “ociosas”? ¿No se usan para rotación de los cultivos, pastoreo, caza, etc.? ¿No tienen otros usos “secundarios” como el forraje, nueces, frutos, raíces, hierbas medicinales y aromáticas, tintes, cuerdas, maderas, materiales para techos…? ¿No son también espacios para acontecimientos sociales, culturales, ceremoniales, espirituales, que dan identidad y bienestar a la comunidad?
2) Para especulación. Ante la crisis financiera inmobiliaria, el objetivo se centra en la compra de tierras para producir alimentos que se almacenan a la espera del alza permanente de los precios provocada, entre otras cosas, por la misma especulación.
Se trata de una auténtica “bancarización” de la tierra. Según el BM, de 56 millones de Ha. relacionadas con acuerdos a gran escala en 2011, en un 80 % de estas tierras no se había llevado a cabo ningún proyecto.
3) Para producir biocombustibles y bioplásticos, con objeto de frenar el cambio climático por la utilización y, al mismo tiempo, agotamiento progresivo de los combustibles fósiles (el petróleo sobre todo), como el “etanol”.
Un 70% de los coches vendidos en Brasil actualmente disponen de un motor preparado para funcionar indistintamente con gasolina o etanol.
Estados Unidos, en 2010, preveía utilizar el 25% de los cultivos de maíz para producir 26.500 millones de litros de etanol. Actualmente cuenta con 97 plantas productoras con capacidad para 17 millones de litros de etanol y existen otras 35 en construcción que producirán 8.300 millones de litros adicionales.
4) Para otros usos distintos de la alimentación. Ya hemos hablado de los biocombustibles. Añadamos a ello las “plantaciones forestales, la minería, los proyectos de infraestructuras, los embalses, el turismo, los parques naturales, la industria, la expansión urbana y los fines militares…” (Cf. Via Campesina), la producción de madera, textiles, papel…
4. ¿Puede haber algo positivo en la compra de tierras?
Evidentemente. La compra de tierras puede ser una oportunidad para la creación de puestos de trabajo en agricultura y sectores relacionados con ella, para el desarrollo de infraestructuras rurales, para la construcción de escuelas y centros de salud, para conocer nuevas tecnologías agrícolas, para la estabilidad de los precios de los alimentos, para un aumento de la producción ante la demanda cada vez mayor de alimentos…
5. Pero, ¿cuál es la realidad?
El problema fundamental es la falta de transparencia de los acuerdos entre los gobiernos que compran y venden, que impiden conocer las condiciones con las que estos acuerdos se realizan.
Por otra parte, éstos se realizan desde una desigualdad de fuerzas entre quienes compran y quienes venden, lo que facilita la imposición de acuerdos en los que el país vendedor sale perdiendo, además de los intereses inconfesados de los gobiernos vendedores, generalmente corruptos.
El “acaparamiento de tierras” lleva consigo el desplazamiento de los minifundistas campesinos que viven, a veces desde siglos, en esas tierras, y no pueden acreditar documentos de propiedad por lo que son los gobiernos quienes realizan los acuerdos al margen de sus derechos ancestrales sobre la tierra.
Los mismos gobiernos se sienten impotentes a la hora de hacer cumplir los acuerdos. Son miles de casos en que los campesinos son desalojados a la fuerza de sus tierras.
Y, finalmente, los acuerdos traen consigo problemas de insostenibilidad ecológica: amenazas contra la biodiversidad, las reservas de carbono y los recursos de tierra y agua. La utilización de fertilizantes y la irrigación pueden acarrear problemas de sostenibilidad a largo plazo: salinidad, saturación del agua, erosión del suelo, etc.
6. Algunas consecuencias del “acaparamiento de tierras”
“Mientras todo esto ocurre, la proporción de tierra disponible para la agricultura en el mundo ha alcanzado su pico máximo. De hecho, actualmente se está reduciendo, a medida que se pierde superficie agrícola por la urbanización y la degradación del suelo” (Informe Oxfam “Tierra y Poder”).
Los grupos más marginados, susceptibles de sufrir “acaparamiento de tierras” se convierten en “trabajadores agrícolas sin tierra”, perdiendo su seguridad alimentaria y la oportunidad para su desarrollo.
A ello habría que añadir su incidencia sobre todo para la mujer, tal como denuncia Vía Campesina: “A pesar de que las mujeres producen la gran mayoría de los alimentos en el mundo y de que son responsables del bienestar familiar y comunitario, las estructuras patriarcales existentes siguen provocando que ellas se vean despojadas de las tierras que cultivan y de su derecho a los recursos. Teniendo en cuenta que la mayoría de campesinas no tienen derechos a la tierra seguros y legalmente reconocidos, están particularmente expuestas a sufrir desalojos”.
“Para las mujeres en todo el mundo, la falta de acceso y control sobre la tierra es un factor determinante (y también un resultado) de la desigualdad de género.
En Guatemala, por ejemplo, el 8 por ciento de los agricultores posee el 78 por ciento de la tierra en producción; de los pequeños propietarios que controlan la tierra restante, sólo un 8 por ciento son mujeres.
En las áreas rurales, la falta de acceso a la tierra obliga a muchas mujeres a vender su fuerza de trabajo en explotaciones que producen cultivos comerciales, donde
les pagan menos que a los hombres.
Las trabajadoras agrícolas, además, pueden sufrir violencia y acoso sexual, discriminación y devaluación de su trabajo. Las mujeres que viven en zonas rurales a menudo terminan soportando la doble carga de abastecer y cuidar del hogar cuando los hombres emigran en busca de empleo, otra consecuencia de la escasez de tierra. (Informe de Oxfam, Tierra y Poder).
7. Cuáles serían las condiciones para que la compra de tierras tuviera todas las garantías.
1) Según el BANCO MUNDIAL
1. Respetar los derechos a la tierra y a sus recursos. Se reconocen y respetan los derechos actuales a la tierra y a los recursos naturales.
2. Garantizar la seguridad alimentaria
3. Asegurar la transparencia, el buen gobierno y un ambiente propicio y favorable.
4. Consultas y participación. Se consulta a todos los que vayan a ser afectados materialmente.
5. Inversión agrícola responsable. Los inversionistas se cercioran de que los proyectos respeten el orden legal.
6. Sostenibilidad social
7. Sostenibilidad ambiental. Los impactos ambientales de un proyecto se cuantifican y se toman medidas correspondientes para estimular el uso sostenible de los recursos, minimizando el riesgo de los mismos.
2) Según UMOYA (Federación de Comités de Solidaridad con África Negra)
1. No sólo se deben reconocer y respetar los derechos legales actuales sobre las tierras, sino sobre todo los consuetudinarios y ancestrales.
2. Estamos en desacuerdo con el concepto de seguridad alimentaria. Los campesinos piden soberanía alimentaria, con todo lo que esto conlleva: reforma agraria, reparto equitativo del agua, los bosques, defensa del territorio que constituye la cultura de los pueblos y su identidad.
3. Estamos en contra de que los industriales negocien con la comida, como si se tratase de una mercancía más.
4. Debe consultarse a los campesinos para saber qué tierras necesitan y en qué condiciones para el desarrollo personal, familiar y el de sus pueblos y naciones.
5. La reforma agraria se hace inaplazable.
6. La sostenibilidad social sólo se hará viable si se llevan a cabo las propuestas anteriores.
7. Igualmente, la sostenibilidad ambiental se logra con mucha mayor efectividad defendiendo y promoviendo la agricultura campesina que, según demuestran estudios realizados, eliminaría el 80% de contaminación por CO2.
3) Según el Informe Oxfam Tierra y Poder:
1. Deben respetarse los derechos de las comunidades afectadas por estos acuerdos y atender a sus reclamaciones, y quienes obtienen beneficios con los acuerdos internacionales deben contribuir a garantizar que esto suceda.
2. Los gobiernos deben adoptar estrictos estándares internacionales sobre la gobernanza de la propiedad de la tierra y la gestión de los recursos naturales.
3. Los gobiernos receptores deben respetar y proteger todos los derechos existentes sobre la tierra y garantizar que se aplique el principio de consentimiento libre, previo e informado, así como que las mujeres dispongan de los mismos derechos de acceso y control sobre la tierra.
4. Los inversores deberían respetar todos los derechos existentes sobre la tierra… así como buscar alternativas a la pérdida de derechos sobre las tierras por parte de los pequeños productores y productoras de alimentos… Evaluaciones adecuadas del impacto social y ambiental (incluyendo el uso del agua) y abordar los asuntos relacionados con la seguridad alimentaria.
5. Las entidades financieras y compradoras deberían asumir su total responsabilidad en la cadena de suministro y exigir a todas las operaciones agrícolas que financian o utilizan como proveedores que respeten estos principios y corrijan los problemas existentes.
6. Los gobiernos de los países de origen deberían exigir a las compañías que invierten en el extranjero lo siguiente:
7. La ciudadanía puede exigir responsabilidades a los inversores y empresas a través de las urnas, y de sus decisiones de consumo, así como con sus fondos de pensiones e inversiones. Las organizaciones de la sociedad civil, junto con los medios de comunicación y los institutos de investigación, pueden hacer uso de los mecanismos de rendición de cuentas, mostrar las malas prácticas, reconocer las buenas prácticas y contribuir a una mayor transparencia.
REDACTADO POR CONFER (Justicia y Solidaridad) Más información: jyp@confer.es
8. Fuentes:
* Informe “Tierra y poder” (Oxfam-Intermón): www.oxfam.es/es/crece/policy/tierra-y-poder
* José Miguel CALATAYUD: “África está en venta”, en El País (7 de octubre de 2011)
* Vía campesina: Declaración “¡Detengamos el acaparamiento de tierras, ya!”
www.cloc-viacampesina.net/es/temas-principales/reforma-agraria/803-declaracion-de-la-conferencia-idetengamos-el-acaparamiento-de-tierras-ya
* Joachim VON BRAUN y Ruth MEINSEN-DICK, “Adquisición de tierras en países en desarrollo por parte de inversores extranjeros: riesgos y oportunidades”, en Revista Africana noticias. Revista de prensa africana, mayo 2009, Págs. 13-18
* Gwynne DYER, “Los especuladores de la tierra en África, en terreno movedizos”, en revista Africana noticias, mayo 2009, Págs. 19-20
* Revista Umoya, nº 62, 1er trimestre 2011: “Documento del Banco Mundial y la FAO sobre el crecimiento del interés global por las tierras”, Págs. 28-30
* DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS Y DOCUMENTACIÓN DE MANOS UNIDAS, “Las tierras como negocio”, en Boletín Manos Unidas, nº 180, julio-septiembre 2010, Págs. 15-22
Después de un tiempo sin escribir, hemos encontrado dos cosas que con seguridad os resultarán interesantes. Os animamos a leer el fragmento de la tribuna de Gustavo Duch (aunque si tenéis tiempo, también leed el artículo completo) y, además, a ver el vídeo-documental que aparece en el enlace. No tiene desperdicio.
“Puede ser difícil de aceptar, pero desde el punto de vista ecológico no hay posibilidad alguna de mantener un planeta con recursos finitos basándonos en modelos de crecimiento ilimitado. No existe tierra cultivable suficiente para mantener una agricultura produccionista que alimente a las personas, alimente a la ganadería intensiva, y que -como nos explican ahora- genere la energía del futuro, los biocombustibles. No podemos aceptar más políticas de crecimiento económico sabiendo que esconde la generación de pobreza y compromete la vida de las generaciones futuras. Entonces, aparece la propuesta y la necesidad de pensar en el decrecimiento: supeditar el mercado a la sociedad, sustituir la competencia por la cooperación, acomodar la economía a la economía de la naturaleza y del sustento, para poder estar en condiciones de retomar el control de nuestras vidas. La ciudadanía del mundo no pierde nada, pierden las corporaciones. El decrecimiento nos llevará a vivir mejor con menos: menos comida basura, menos estrés, menos pleitesía al consumo. Y también aquí el modelo agrícola puede ilustrar bien estas propuestas. Devolver el control de la agricultura a los campesinos, que con la complicidad del resto de la sociedad, aseguren mediante modelos productivos ecológicos (donde los ecosistemas no están al servicio de la economía, sino al revés), consumo de temporada y distribución en mercados locales de alimentos sanos. Apostar por el decrecimiento es encarrilarse en un nuevo rumbo, donde más gente encontrará lugares de vida y trabajo que sin dañar el medio ambiente y sin competir y empobrecer otras regiones, puedan asegurar alimentos de buena calidad y buenos sabores para nosotros, las poblaciones del Sur y las futuras generaciones.”
Tomado del artículo de Gustavo Duch Guillot para “El País” del 21 de septiembre de 2007, “El decrecimiento”. http://www.elpais.com/articulo/cataluna/decrecimiento/elpepuespcat/20070921elpcat_5/Tes
En estas fechas en las que tendemos a soñar con más ganas, la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España ha animado a empezar con la “ilusión” de ser agentes de cambio en un año que “va a ser complicado” por la coyuntura económica y muestra su convicción de que “el cambio es necesario y es posible” porque “todas y todos contribuimos a construir una mejor sociedad”.
Durante la producción del “Derecho a Soñar”, la Coordinadora ha afirmado que “no todo se consigue con dinero”, y que “hay muchos sueños que están ahí y que se pueden cumplir”.
“El Derecho a Soñar” es un conjunto de vídeos de la sociedad civil que recoge una parte de esos sueños y propuestas de cambio y cuyo resultado muestra el optimismo, la ilusión, el compromiso y la exigencia del mundo que queremos y por el que apostamos.
La campaña Pobreza Cero nos invita a soñar con un mundo posible: el mundo que queremos. Esta iniciativa parte del proverbio africano “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”, y se enmarca en una iniciativa global que coincide con el lanzamiento del informe del Llamado Mundial de Acción contra la Pobreza (GCAP[1] por sus siglas en inglés) sobre “El Mundo que Queremos”.
“Los sueños son más necesarios”
En un momento en el que parece que la sociedad civil no tiene nada que decir, y en el que el individualismo parece haberse apoderado de todo, el “derecho a soñar” intenta demostrar que estamos interconectados como ciudadanía y que, a través de nuestras acciones cotidianas y nuestras reivindicaciones políticas podemos contribuir a cambiar el rumbo de las cosas.
Tal y como Francisco Segarra, psicólogo clínico y coordinador general de la Clínica del Sueño Estivil, ha afirmado “todos soñamos, pero la mayoría de las veces lo hacemos dormidos, sin embargo, en estas fechas soñamos despiertos”, ha señalado, a la vez que insiste en que “es el momento de soñar con lo que cada uno quiere y desearlo con todas las fuerzas”.
[1] The Global Call to Action Against Poverty began as a movement to bring civil society together, across specific areas of thematic, geographic, or constituency focus, to unite diverse actions against poverty and inequality.
Cumbre del G20: ¿QUÉ PUEDE HACER EL G20 CONTRA EL HAMBRE?
03/11/2011 – Tomado de Acción contra el Hambre
La crisis financiera y de la zona euro amenaza con apartar de la agenda de la cumbre uno de los temas principales: la seguridad alimentaria mundial.Acción contra el Hambre, parte de la coalición FeedinG20, propone siete medidas concretas a los países del G20 para trabajar por la seguridad alimentaria y nutricional.
Mientras el mundo tiene sus ojos puestos en la crisis financiera europea y el rescate de la zona euro, no hay que olvidar que el sistema financiero no es lo único que puede salvar el G-20. “La seguridad alimentaria en los países más vulnerables” está oficialmente en la lista de las prioridades de la cumbre.
El G-20 fracasará si en este momento, con una crisis sin precedentes en el Cuerno de África, los líderes no toman las medidas necesarias a su alcance para asegurar que a ningún ser humano le falte alimento.
Acción contra el Hambre ha contestado a tres preguntas clave:
1) ¿Es capaz el G-20 de poner en marcha iniciativas en materia de seguridad alimentaria? ¿Está en su mandato?
Por supuesto, tiene la capacidad, pero también tiene la responsabilidad y el deber, por dos razones:
• En primer lugar, porque ha sido la propia presidencia francesa del G-20 la que ha situado la cuestión de la seguridad alimentaria como una prioridad del G-20. Es su deber. Los sobresaltos financieros internacionales no deben eclipsar este requisito.
• En segundo lugar, el G-20 tiene el objetivo oficial de “asegurar el crecimiento mundial sobre una base fuerte y sólida”. Pero esto es imposible sin la aplicación de políticas que garanticen la seguridad alimentaria. No se construye el crecimiento global con el estómago vacío. Por otra parte, la desnutrición no sólo se traduce en un drama humano: se mide en dólares. Afecta al desarrollo y al éxito profesional, es un flagelo económico para los países que puede llevar a pérdidas de hasta un 6% del PIB al año.
• Finalmente, si los líderes de las principales economías no ejecutan las medidas apropiadas, ¿quién lo hará?
2) Dado que la crisis está inquietando a todos los países, incluyendo la zona del euro, ¿no es más urgente asegurar la estabilidad financiera?
Se habla mucho del peligro de la zona euro. Sin embargo, en la zona euro viven 332 millones de personas, casi tres veces menos que el número de personas que padecen hambre en el mundo. La crisis alimentaria en el Cuerno de África, el horror vivido por tantos hombres y mujeres, muestra que es necesario tomar medidas urgentes para evitar nuevas hambrunas, ya que los problemas de inseguridad alimentaria no se van a resolver en un solo día: las políticas agrícolas necesitarán años para garantizar el acceso a los alimentos para todos. Si queremos evitar nuevas crisis en 5-10 años, ahora es el momento de actuar. El mundo no puede permitirse el lujo de esperar a la próxima reunión del G20 para adoptar medidas enérgicas.
3) ¿Qué se espera del G-20?
• Acción contra el Hambre, desde la coalición de ONG internacionales FeedinG20, propone una serie de siete medidas a los líderes del G-20:
Vivimos en un mundo de abundancia. Hoy se produce comida para 12.000 millones de personas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cuando en el planeta habitan 7.000. Comida, hay. Entonces, ¿por qué una de cada siete personas en el mundo pasa hambre?
La emergencia alimentaria que afecta a más de 10 millones de personas en el Cuerno de África ha vuelto a poner de actualidad la fatalidad de una catástrofe que no tiene nada de natural. Sequías, inundaciones, conflictos bélicos… contribuyen a agudizar una situación de extrema vulnerabilidad alimentaria, pero no son los únicos factores que la explican.
La situación de hambruna en el Cuerno de África no es novedad. Somalia vive una situación de inseguridad alimentaria desde hace 20 años. Y, periódicamente, los medios de comunicación remueven nuestros confortables sofás y nos recuerdan el impacto dramático del hambre en el mundo. En 1984, casi un millón de personas muertas en Etiopía; en 1992, 300.000 somalíes fallecieron a causa del hambre; en 2005, casi cinco millones de personas al borde de la muerte en Malaui, por solo citar algunos casos.
El hambre no es una fatalidad inevitable que afecta a determinados países. Las causas del hambre son políticas. ¿Quiénes controlan los recursos naturales (tierra, agua, semillas) que permiten la producción de comida? ¿A quiénes benefician las políticas agrícolas y alimentarias? Hoy, los alimentos se han convertido en una mercancía y su función principal, alimentarnos, ha quedado en un segundo plano.
Se señala a la sequía, con la consiguiente pérdida de cosechas y ganado, como uno de los principales desencadenantes de la hambruna en el Cuerno de África, pero ¿cómo se explica que países como Estados Unidos o Australia, que sufren periódicamente sequías severas, no padezcan hambrunas extremas? Evidentemente, los fenómenos meteorológicos pueden agravar los problemas alimentarios, pero no bastan para explicar las causas del hambre. En lo que respecta a la producción de alimentos, el control de los recursos naturales es clave para entender quién y para qué se produce.
En muchos países del Cuerno de África, el acceso a la tierra es un bien escaso. La compra masiva de suelo fértil por parte de inversores extranjeros (agroindustria, Gobiernos, fondos especulativos…) ha provocado la expulsión de miles de campesinos de sus tierras, disminuyendo la capacidad de estos países para autoabastecerse. Así, mientras el Programa Mundial de Alimentos intenta dar de comer a millones de refugiados en Sudán, se da la paradoja de que Gobiernos extranjeros (Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Corea…) les compran tierras para producir y exportar alimentos para sus poblaciones.
Asimismo, hay que recordar que Somalia, a pesar de las sequías recurrentes, fue un país autosuficiente en la producción de alimentos hasta finales de los años setenta. Su soberanía alimentaria fue arrebatada en décadas posteriores. A partir de los años ochenta, las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para que el país pagara su deuda con el Club de París, forzaron la aplicación de un conjunto de medidas de ajuste. En lo que se refiere a la agricultura, estas implicaron una política de liberalización comercial y apertura de sus mercados, permitiendo la entrada masiva de productos subvencionados, como el arroz y el trigo, de multinacionales agroindustriales norteamericanas y europeas, quienes empezaron a vender sus productos por debajo de su precio de coste y haciendo la competencia desleal a los productores autóctonos. Las devaluaciones periódicas de la moneda somalí generaron también el alza del precio de los insumos y el fomento de una política de monocultivos para la exportación forzó, paulatinamente, al abandono del campo. Historias parecidas se dieron no solo en países de África, sino también en América Latina y Asia.
La subida del precio de cereales básicos es otro de los elementos señalados como detonante de las hambrunas en el Cuerno de África. En Somalia, el precio del maíz y el sorgo rojo aumentó un 106% y un 180% respectivamente en tan solo un año. En Etiopía, el coste del trigo subió un 85% con relación al año anterior. Y en Kenia, el maíz alcanzó un valor 55% superior al de 2010. Un alza que ha convertido a estos alimentos en inaccesibles. Pero, ¿cuáles son las razones de la escalada de los precios? Varios indicios apuntan a la especulación financiera con las materias primas alimentarias como una de las causas principales.
El precio de los alimentos se determina en las Bolsas de valores, la más importante de las cuales, a nivel mundial, es la de Chicago, mientras que en Europa los alimentos se comercializan en las Bolsas de futuros de Londres, París, Ámsterdam y Fráncfort. Pero, hoy día, la mayor parte de la compra y venta de estas mercancías no corresponde a intercambios comerciales reales. Se calcula que, en palabras de Mike Masters, del hedge fund Masters Capital Management, un 75% de la inversión financiera en el sector agrícola es de carácter especulativo. Se compran y venden materias primas con el objetivo de especular y hacer negocio, repercutiendo finalmente en un aumento del precio de la comida en el consumidor final. Los mismos bancos, fondos de alto riesgo, compañías de seguros, que causaron la crisis de las hipotecas subprime, son quienes hoy especulan con la comida, aprovechándose de unos mercados globales profundamente desregularizados y altamente rentables.
La crisis alimentaria a escala global y la hambruna en el Cuerno de África en particular son resultado de la globalización alimentaria al servicio de los intereses privados. La cadena de producción, distribución y consumo de alimentos está en manos de unas pocas multinacionales que anteponen sus intereses particulares a las necesidades colectivas y que a lo largo de las últimas décadas han erosionado, con el apoyo de las instituciones financieras internacionales, la capacidad de los Estados del sur para decidir sobre sus políticas agrícolas y alimentarias.
Volviendo al principio, ¿por qué hay hambre en un mundo de abundancia? La producción de alimentos se ha multiplicado por tres desde los años sesenta, mientras que la población mundial tan solo se ha duplicado desde entonces. No nos enfrentamos a un problema de producción de comida, sino a un problema de acceso. Como señalaba el relator de la ONU para el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, en una entrevista a EL PAÍS: “El hambre es un problema político. Es una cuestión de justicia social y políticas de redistribución”.
Si queremos acabar con el hambre en el mundo es urgente apostar por otras políticas agrícolas y alimentarias que coloquen en su centro a las personas, a sus necesidades, a aquellos que trabajan la tierra y al ecosistema. Apostar por lo que el movimiento internacional de La Vía Campesina llama la “soberanía alimentaria”, y recuperar la capacidad de decidir sobre aquello que comemos. Tomando prestado uno de los lemas más conocidos del Movimiento 15-M, es necesaria una “democracia real, ya” en la agricultura y la alimentación.
*Esther Vivas, del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Universidad Pompeu Fabra, es autora de “Del campo al plato. Los circuitos de producción y distribución de alimentos”.
Veterinarios Sin Fronteras lanza una nueva campaña llamada “paren, aquí vive gente” a través de la cuál pretende que la ciudaadnía se movilice para exigir al gobierno español que tome las medidas necesarias para impedir que se siga destruyendo la soberanía alimentaria en África.
“Enormes transnacionales tienen en sus manos la alimentación global: deciden qué comemos, en qué condiciones y a qué precio. Frente a ese poderío, las comunidades campesinas están desprotegidas.”
Más sobre la campaña: http://aquivivegente.org/inicio
Sobre la Soberanía Alimentaria: http://www.hegoa.ehu.es/congreso/bilbo/doku/bat/soberania_alimentaria.pdf