Archivo mensual: junio 2012

#Rioplus20:Puntos de vidas diferentes

Desde el mes de enero, cuando Naciones Unidas sacó a la luz el llamado “borrador cero” de la declaración final de Río+20, varias organizaciones españolas que estamos siguiendo el proceso de diálogo de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible (UNCSD en sus siglas en inglés) nos preguntamos por la posición del gobierno español y por sus propuestas. Cuando llegó el mes de mayo, lo único que sabíamos era que la postura española estaba representada por la posición de la Unión Europea, y nada más. Pero al mismo tiempo nos preguntábamos cómo era posible apoyar la posición europea y a la vez impedir en el ámbito europeo una normativa para penalizar la extracción de petróleo procedente de arenas bituminosas, mucho más contaminantes que otras modalidades; cómo el gobierno español se negaba a aceptar compromisos vinculantes en la normativa europea de eficiencia energética; por qué España había dejado de formar parte del grupo de países europeos que lideran la posición de disminuir para 2020, de manera unilateral, las emisiones de gases de efecto invernadero en un 30% en relación con los emitidos en 1990.

Cuando nos reunimos con Federico Ramos, Secretario de Estado de Medio Ambiente, antes de venir a Río de Janeiro, nos comentó que el gobierno estaba absolutamente convencido de que “el futuro será verde” y que por tanto había que apostar por caminar en esa dirección. Nos comentó que la gran aportación de España a la posición de la Unión Europea era nuestra experiencia de gestión del recurso agua y la defensa del reconocimiento del derecho al agua y al saneamiento. Nos hizo ver, cuando nos explicó el caso de las arenas bituminosas, que muchas veces en las decisiones políticas intervienen fuertes intereses económicos que las condicionan (ya lo sabíamos) y nos dijo que esperaba que en Río, pese a las divergencias, se pudiese llegar a un acuerdo razonable sobre sostenibilidad. Salimos de aquella reunión con cierto sabor agridulce, y nos preguntábamos por el sentido, en esta apuesta por el futuro verde, de las recientes decisiones políticas orientadas a incentivar el uso del carbón (uno de los mayores contaminantes) y al mismo tiempo, declarar una moratoria a las energías renovables, dificultando su crecimiento y expansión.

Rio+20 nos ha dado la oportunidad de conocer mejor la posición del gobierno español. En primer lugar tuvimos la oportunidad de reunirnos con el Presidente Rajoy en un encuentro informal con la comunidad española en Río. Allí el presidente explicó que Río+20 era un espacio privilegiado para dialogar sobre crecimiento sostenible. ¿Crecimiento sostenible? ¿No era para hablar de desarrollo sostenible? Pues efectivamente, la breve intervención del presidente nos ayudó a entender que la grave crisis económica que vive nuestro país lo permea todo, incluyendo las decisiones globales sobre el futuro de nuestro planeta. Y la solución, evidentemente, está en “crecer”. Crecer, crecer sin límites. Es la obsesión de la economía y de nuestro gobierno. Y justamente es eso lo que pone en cuestión la sostenibilidad de nuestro planeta. Lo hemos dicho muchas veces estos días. Crecer de manera ilimitada en un planeta con recursos finitos no es posible. Y cuando se camina en esa dirección, es a costa del aumento de las desigualdades y del deterioro de nuestro planeta.

 

Esa misma tarde Rajoy leyó su discurso en la Asamblea de apertura de la Conferencia de las Naciones Unidas. Anecdótico fue que por error haya sido presentado como el Presidentes de las Islas Salomón. Lo que no fue anecdótico fueron sus palabras: “El medio ambiente sólo puede preservarse si incorporamos su valor económico a nuestras decisiones. Lo que no sea viable desde el punto de vista económico no podrá sostenerse. Y a la vez, algo que no sea sostenible no será útil para el medio ambiente”. Sus palabras, para ser sincero, nos causaron estupor. Y nos descubrimos a nosotros mismos en las antípodas de estas posiciones, cuando precisamente lo que estamos defendiendo es que la economía, para ser sostenible, ha de ser viable social y ambientalmente. O en otras palabras, el desarrollo sostenible solamente será posible si éste es capaz de satisfacer las necesidades y los derechos básicos de la población mundial, respetando al mismo tiempo los límites del planeta. No es la economía la que ha de regir sobre las otras dos patas del desarrollo sostenible, sino la interdependencia e integración entre lo social, lo económico y lo ambiental.

Al día siguiente tuvimos la oportunidad de encontrarnos con Miguel Arias Cañete, Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Nos comentó que a pesar de no estar plenamente satisfechos con la declaración final, había elementos importantes a valorar. Nos enunció cuatro: el reconocimiento de que la sostenibilidad es un equilibrio entre lo económico, lo social y lo ambiental; sobre sociedad civil, la importancia del papel del sector privado en la implantación de la economía verde; el refuerzo del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, actualmente presidido por España); y el enunciado de unos posibles Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuyo sentido y contenido se discutirá en el futuro a través de una Conferencia Intergubernamental. Finalmente alabó la inteligencia de la diplomacia brasileña, que a última hora tuvo la agilidad de presentar un texto sin los temas más problemáticos, y que permiten cerrar la Conferencia como un éxito de la comunidad internacional.

Escuchamos con atención, pero discrepamos en globalmente con la valoración. En primer lugar, una declaración formal sobre el equilibrio de las tres dimensiones del desarrollo sostenible, que al mismo tiempo va acompañada de decisiones que únicamente promueven el crecimiento y la inversión económica, es más de lo mismo y no significa ningún cambio de paradigma ni mucho menos. Un ejemplo, el texto incentiva las inversiones en agricultura para responder a la creciente demanda de alimentos. Pero ni una palabra sobre los efectos de la agricultura sobre el cambio climático. Ni una palabra sobre el derecho a la alimentación. Ni una palabra sobre la especulación de los alimentos, una de las mayores causas de su inaccesibilidad para la población más pobre del planeta.

En segundo lugar, nos extraña y hasta nos indigna que el concepto de sociedad civil quede reducido al sector privado. Y aunque comprendemos el papel del sector privado en la creación de riqueza, la innovación tecnológica, la eficiencia, etc. También somos testigos de su poder de concentración en pocas manos, de su voracidad con la naturaleza, de la perversidad de su orientación especulativa, de su capacidad para crear desigualdad. No compartimos lo que dijo el Señor Ministro, de que ante un escenario de escasos recursos públicos el sector privado es la solución. Creemos que el Estado tiene mucho que hacer y que decir, y eso no es cuestión de inversión económica. Sin las regulaciones necesarias para la economía, la riqueza seguirá en pocas manos, la gente pobre seguirá sin comer aunque haya comida suficiente, y nuestro planeta seguirá deteriorándose hasta que no pueda más.

Cuando nos reunimos con el Secretario de Estado de Medio Ambiente y nos planteaba que la posición española sobre el PNUMA era convertirlo en Agencia, nos dijo que era una propuesta problemática y poco favorable a ser acogida. Preguntamos por qué. Y nos dijo que había dos problemas importantes, uno, que al convertirse en Agencia las contribuciones se vuelven obligatorias, y dos, que los compromisos sobre medio ambiente se vuelven vinculantes. Y que los Estados no quieren ni una ni otra cosa. ¡Vaya! Pensamos. ¡Si justamente por eso creemos que es necesario que se convierta en Agencia! Finalmente, consideramos muy poco ambicioso lo que se ha conseguido en Río+20, reforzar con nuevas potencialidades al PNUMA, sin más. Una gobernanza mundial que garantice el desarrollo sostenible implica cambios mucho más profundos y radicales. No sólo en el PNUMA, también en el ECOSOC (Consejo Económico y Social) al que habría que añadir la dimensión ambiental y dotarle de un rango de poder suficiente para marcar directrices, normar, castigar los incumplimientos, etc. Además, necesitamos Instituciones globales mucho más transparentes, democráticas, participativas. Y eso no existe todavía. Y no hay voluntad política para ello.

Finalmente, para los que consideramos que unos Objetivos de Desarrollo Sostenible son esenciales para garantizar la sostenibilidad del planeta, los acuerdos alcanzados al respecto son un descafeinado con mucho agua. Y precisamente porque creemos que al final en estas cumbres “hacemos que todo cambie para que todo siga como está”, consideramos que Objetivos de Desarrollo Sostenible claros, consensuados, con un marco temporal, vinculantes, evaluables, etc. son un marco imprescindible para caminar hacia la sostenibilidad. Veremos qué pasa en la Conferencia Intergubernamental que discuta sobre ello. Pero no somos demasiado optimistas.

En fin, el proceso de Rio+20 y nuestros diferentes diálogos con el gobierno español nos han hecho caer en la cuenta que hoy, tal vez más que nunca, es necesario nuestro trabajo. Necesitamos de sociedades fuertes, críticas, propositivas, que no se resignen ante las decisiones insulsas de nuestros gobernantes, que ignoran la urgencia de caminar en otra dirección.

Al final de la reunión, Arias Cañete nos decía: “Si lanzamos mensajes de que la cumbre ha sido un fracaso, flaco favor le haremos al medio ambiente”. Nosotros, para variar, pensamos lo contrario: Si lanzamos el mensaje de que esta cumbre ha sido un éxito de la comunidad internacional, flaco favor le haremos al medio ambiente…. Y a los millones de personas que cada pasan hambre o viven en la más absoluta de las miserias. Y son muchos.

 

Marco Gordillo Zamora

      Responsable de Campañas de Manos Unidas


#Rioplus20:decepción y ningún avance para el desarrollo sostenible

La Cumbre de Río+20 se cierra con resultados decepcionantes que no reflejan ni mucho menos “El futuro que queremos”. Los gobiernos han mostrado su incapacidad para dar un giro al sistema y avanzar hacia una justicia socio-ambiental y un cambio en el actual modelo basado en el crecimiento económico ilimitada y la sobreexplotación de los recursos naturales.

La UE, sumida en la crisis del euro, ha dejado en evidencia más que nunca su falta de liderazgo, con los elevados costes sociales y ambientales que tendrá a medio plazo esta falta de acción y negando una vez más la evidencia de que los límites del planeta y las injusticias sociales harán estallar más pronto que tarde la burbuja especulativa en la que vivimos.

Río+20 se ha centrado básicamente en el pilar económico del desarrollo sostenible, dejando al margen la parte social y ambiental, con una definición de economía verde excesivamente amplia, que deja abierto el campo a la mercantilización de la naturaleza. Además, la declaración de Río+20 menciona en diversas ocasiones la importancia del sector privado en el contexto de la economía verde, por encima de los valores y derechos de las personas y la naturaleza.

Sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ha habido poca concreción y creemos que poco interés. Habrá que esperar al proceso posterior que se abrirá para su definición, pero el tiempo apremia. Estamos muy cerca del año 2015, fecha prevista para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODM), y es más necesario que nunca que la comunidad internacional se ponga de acuerdo en un nuevo marco de desarrollo sostenible que converja con el proceso post-2015, y supere las debilidades de los ODM.

Por otra parte, tampoco ha habido compromisos importantes para fortalecer la gobernanza global. El PNUMA no pasara de Programa a la categoría de Agencia ya que los gobiernos no han querido comprometerse con contribuciones económicas obligatorias y el cumplimiento de decisiones vinculantes, requisito para subir de nivel al PNUMA.

Por último, y aunque la declaración final de Río+20 menciona en numerosas ocasiones la participación de la sociedad civil, ésta ha sido poco significativa. De las 10 recomendaciones surgidas del proceso articulado por Naciones Unidas para que la sociedad civil propusiera y votara iniciativas que apoyaran el desarrollo sostenible (entre las que destacaban la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles y el impuesto a las transacciones financieras), el documento final de Río+20 no incorpora ninguna

Otro elemento preocupante es que bajo el paraguas de sociedad civil se está incluyendo al sector privado, que nada tiene que ver por sus intereses y capacidades con las organizaciones de la sociedad civil. Tampoco ayuda nada a fomentar la participación de la sociedad civil, la distancia física entre el foro alternativo (Cúpula de los Pueblos) y la Cumbre oficial, lo que evidencia además que los intereses de los negociadores y su compromiso con el bienestar humano están muy lejos de la realidad y muy por debajo de las prioridades y las expectativas de la ciudadanía.

El retroceso que ha supuesto Río+20 se une a decepciones anteriores como la Cumbre de Cambio Climático de Copenhague y los procesos posteriores de Cancún y Durban, algo que nos lleva a cuestionarnos si tiene sentido seguir invirtiendo recursos en la celebración de estas costosísimas reuniones si no se acometen con una voluntad política clara y se traducen en compromisos concretos para implementar medidas reales. Las personas empobrecidas y los ecosistemas en los que viven no pueden seguir esperando.


#Rioplus20: Que gasten más dinero en erradicar la pobreza y menos en armamento

“Que gasten más dinero en erradicar la pobreza y menos en armamento” eran algunos de los gritos que se oyeron en Río de Janeiro donde decenas de miles de manifestantes, a pesar de la lluvia, recorrimos las calles del centro para exigir a los jefes de Estado y de gobierno allí reunidos que no apoyaran un nuevo “capitalismo verde” y que planteen soluciones reales pensadas para las personas ante la crisis ambiental.

Esta manifestación formaba parte del Día de Movilización Global en defensa de los bienes comunes y contra la mercantilización de la vida”, convocada para presionar a los líderes mundiales reunidos en la apertura de Río+20.

“No nos representan”, “Tiempo para la justicia climática” fueron algunos de los lemas coreados por asociaciones ecologistas, feministas, sindicatos, indígenas, estudiantes. También se escucharon muchas protestas contra la presidenta Dilma Roussef para que  revoque el recientemente aprobado  Código Forestal.

Las organizaciones de Coalición Clima presentes en Río también quisimos aportar nuestras reivindicaciones con las siguientes pancartas: una economía verde por y para las personas, el crecimiento infinito y desigual solo beneficia a los mercados, necesitamos gobiernos que regulen, protejan y rindan cuentas a la ciudadanía, objetivos de desarrollo sostenible ambiciosos que garanticen el bienestar humano y de los ecosistemas.

Por Arantxa García, de Fundación IPADE


#Rioplus20: la falta de ambición seguirá condenando a la pobreza a millones de personas

Arranca hoy el tramo de alto nivel de la Cumbre de Río+20 con la llegada de 100 jefes de Estado y de gobierno, entre ellos el presidente español Mariano Rajoy, con gran decepción por parte de la mayor parte de organizaciones de la sociedad civil que seguimos el proceso desde Río.

El documento encima de la mesa sobre el que parece no habrá grandes modificaciones es decepcionante: no plantea críticas sistémicas al actual modelo de desarrollo y no incluye nuevas fuentes de financiación para políticas de desarrollo sostenible. Hasta la Comisaria de Derechos Humanos de la ONU, Navatheen Pillay, considera que el documento de Río+20 es un retroceso.

El texto de Río+20 se queda en meras recomendaciones y muestra una total falta de ambición. Aunque se incluyen menciones a las responsabilidades compartidas pero diferenciadas (reconoce que no todos los países tenemos la misma responsabilidad en el origen por ejemplo del calentamiento global), y alude a la incoherencia de los compromisos de reducción de emisiones con el límite de entre 1,5ºC y 2ºC de incremento de la temperatura, sigue sin reconocer las causas estructurales del cambio climático.

La crisis económica sigue siendo la principal excusa para no adoptar compromisos reales con la erradicación de la pobreza mientras nuestros gobernantes siguen sin apostar por la lucha contra los paraísos fiscales o la aprobación del impuesto a las transacciones financieras (ITF)*, que permitirían conseguir la financiación tan necesaria para el desarrollo. Los Estados además se desvinculan cada vez más de sus compromisos en materia de financiación pública para el desarrollo y dejan en manos del sector privado las contribuciones a este tipo de políticas.

La economía verde parece ser la apuesta de los países del Norte para acabar con la actual crisis socioambiental, una falsa solución ya que los aspectos sociales siguen quedando al margen. Respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) habrá un proceso posterior para su definición que esperamos tenga en cuenta los aprendizajes y la evaluación del estado de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

En definitiva la negociación oficial que tiene lugar en Riocentro a varios kilómetros de distancia de la Cúpula de los Pueblos, donde la ciudadanía presenta soluciones viables por y para las personas, pasando por la favela de la Rocinha, está muy distante físicamente de los planteamientos de la sociedad civil y parece desarrollarse completamente al margen de la realidad.

20 J-día de acción global: “marcha en defensa de los bienes comunes y contra la mercantilización de la vida

Ante la falta de compromiso de nuestros políticos, saldremos hoy a la calle en este día de Acción Global. Las organizaciones que formamos parte de Coalición Clima presentes en Río+20 participaremos con los siguientes lemas: “el crecimiento infinito y desigual solo beneficia a los mercados” y “necesitamos gobiernos que regulen, protejan y rindan cuentas a la ciudadanía”.

 Por Arantxa García, de Fundación IPADE

*SI QUIERES FIRMAR POR LA IMPLANTACIÓN DE UN IMPUESTO A LAS TRANSACCIONES FINANCIERAS, PINCHA AQUÍ.


Miles de mujeres se manifiestan en contra de la #EconomíaVerde #Rioplus20

Diversos colectivos feministas, movimientos campesinos y de indígenas han tomado las calles de Río de Janeiro para mostrar su oposición a la economía verde tal y como la concibe el documento que está en la mesa de negociación de la Cumbre Río+20.

Contra la mercantilización de la naturaleza y las falsas soluciones que propone la economía verde, en torno a 7.000 personas, en su mayoría mujeres, han querido hacer oír sus voces en el centro de la ciudad y en la Cúpula de los Pueblos, foro paralelo de sociedad civil en el que planteamos propuestas para luchar por la justicia social y ambiental.

Durante la manifestación, amenizada con bailes de capoeira, muchas pancartas han querido visibilizar el valor de los cuidados y el papel que desempeñan las mujeres como cuidadoras del medio ambiente. De acuerdo con estos colectivos, es necesario un nuevo modelo productivo-reproductivo y de consumo, basado en otro paradigma de sostenibilidad de la vida.

Mientras, en el foro oficial de Río+20 Michele Bachet en representación de UN Women, la agencia de Naciones Unidas que promueve acciones en pro de la igualdad de género, señalaba que la participación de las mujeres en la vida social y económica es crucial para alcanzar el desarrollo sostenible.

Conviene recordar que más de 500 millones de mujeres rurales viven en situación de pobreza y no tienen acceso a los recursos básicos ni a los mercados a pesar de ser la principal mano de obra agrícola en los países en desarrollo y producir el 50% de los alimentos.

En la calle y en la Cúpula de los Pueblos no cesan de oírse propuestas interesantes para cambiar el actual modelo de desarrollo y avanzar hacia un desarrollo sostenible. Se trata de propuestas perfectamente realizables y nada utópicas, como siempre lo que falta es  voluntad política.

La última versión del texto que está encima de la mesa de los negociadores y negociadoras de Río+20 no parece haber agradado mucho a la UE y es poco ambicioso. Malas noticias de momento, esperemos que en los próximos días consigamos algo más que un texto descafeinado.

 Por Arantxa García, de Fundación IPADE


La desertificación sigue intensificando las hambrunas y los conflictos #Rioplus20

Con motivo del día mundial de lucha contra la desertificación (17 de junio) y a tan sólo tres días del inicio de la Cumbre Río+20, la Secretaría de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación ha pedido que la declaración final incluya la gestión sostenible de la tierra como elemento fundamental para poder avanzar en la lucha contra la pobreza.

Su secretario ejecutivo, Luc Gnacadja, pedía compromisos para 2030 con un tasa cero de avance de la degradación de la tierra, tasa cero de degradación de los bosques, así como políticas de prevención de las sequías y mitigación de sus efectos para 2020.

Si no hay compromisos con un uso sostenible de la tierra por y para todos y todas, estaremos abocados a las ya conocidas hambrunas, como la que se está produciendo en el Sahel, y a la proliferación de conflictos. Sin embargo, la declaración final que está encima de la mesa sigue siendo bastante decepcionante en la luchar contra desertificación y no incluye compromisos políticos fuertes en esta línea.

La pérdida de tierra fértil afecta a más de 1.500 millones de personas que viven en condiciones de pobreza y dependen directamente de los ecosistemas para satisfacer sus necesidades básicas. África con el 45% de su territorio amenazado por la desertificación es el continente más afectado y en 2025 podría perder hasta 2/3 de sus tierras de cultivo con el consecuente problema de inseguridad alimentaria.

“El suelo está muy debilitado. Ahora la producción es menor que antes y ya no llega para alimentar a toda la familia. Además, cada año está todo más seco” señala Mamadou, alcalde de Karcia (provincia de Kolda, la región más pobre de Senegal), en el documental “Tukki, la huella ambiental” que aborda la problemática de las migraciones ambientales ante el agotamiento de los recursos naturales. Las previsiones para 2020 hablan de 60 millones de desplazados en el África subsahariana y 135 millones en todo el mundo por este fenómeno.

Cada año 12 millones de hectáreas de tierra se transforman en desierto en las regiones áridas, debido a las sequías y la degradación de la tierra. Esta superficie podría llegar a producir hasta 20 millones de toneladas de cereales anuales que contribuirían a garantizar la seguridad alimentaria de las poblaciones que viven en las tierras secas.

Son necesarios compromisos políticos urgentes en el ámbito internacional para frenar la pérdida de suelo fértil y asegurar las necesidades de alimentación de millones de personas, especialmente en el continente africano.

Las soluciones deben pasar por técnicas de gestión sostenible de la tierra como la reforestación con especies autóctonas y la agroforestería, que ya han contribuido a recuperar más de seis millones de hectáreas en el continente africano. A través de la agroforestería y la agricultura a pequeña escala podrían recuperarse más de 1.500 millones de hectáreas a nivel mundial.

 Por Arantxa García, de Fundación IPADE


¿El futuro que queremos? #RioPlus20

“La tierra tiene suficientes recursos para satisfacer las necesidades de todos los seres humanos, pero no para saciar su codicia”. M. Ghandi

Los próximos días 20, 21 y 22 de Junio se celebrará en Río de Janeiro una cita histórica. Las Naciones Unidas han convocado a todos los Estados para dialogar sobre la sostenibilidad de nuestro modelo de desarrollo, con la consciencia clara de que no existe verdadero desarrollo si éste no supone al mismo tiempo la erradicación de la pobreza, la disminución de la desigualdad, y el cuidado sostenible de los recursos que usamos y del medio ambiente global, casa común de toda la humanidad.

El referente es la Cumbre de la Tierra, celebrada también en Río de Janeiro hace veinte años. De aquella cumbre salieron documentos y declaraciones muy importantes (sobre todo la Declaración de Principios y la Agenda 21) que plantearon la relación entre la economía, la sociedad y el planeta, en unos términos diferentes a lo que hasta entonces se había construido, que permitiesen lo que el informe “Nuestro futuro común” (1987) más conocido como Informe Bruntland, había definido unos años antes como “desarrollo sostenible”, que consiste en la capacidad de satisfacer nuestras propias necesidades sin minar el derecho de las generaciones futuras a la satisfacción de las suyas. Pero ¿hemos avanzado o hemos retrocedido con respecto a este ideal?

El Informe de Naciones Unidas que prepara Rio+20 llamado, “Gente resiliente en un planeta resiliente: un futuro que vale la pena elegir”, es contundente y claro. Cada vez somos más (7 mil millones actualmente, 9 mil en 2040) y nuestros modelos de producción y consumo hacen que el crecimiento sea insostenible a medio y largo plazo, además de la escasez de recursos que producen y del deterioro ambiental que provocan. Para 2030 el mundo necesitará al menos un 50% más de alimentos, un 45% más de energía y un 30% más de agua.

En los últimos veinte años el mundo ha caminado creyendo ciegamente que garantizar el crecimiento económico sería sinónimo de bienestar para todos. De hecho entre 1992 y 2010 el Producto Interno Bruto (PIB) mundial creció en un 75% y el PIB per cápita en un 40%. Sin embargo, casi 2 mil millones de personas viven actualmente en la pobreza más absoluta, la desigualdad creció entre los países y también dentro de cada nación, y el hambre es una lacra sin erradicar, que afecta a casi mil millones de personas. Además, nuestro modelo de crecimiento económico sigue generando grandes daños al planeta en sus procesos de producción y de consumo. Los científicos han identificado “nueve límites planetarios” (Rockström 2009) que en caso de ser sobrepasados por la actividad humana podrían provocar cambios ambientales irreversibles y abruptos. Plantean que en tres de ellos ya se han sobrepasado los límites: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el ciclo global del nitrógeno.

Así pues, estamos ante un momento clave y urgente para toda la humanidad: o somos capaces de tomar las decisiones necesarias para un verdadero desarrollo sostenible para toda la humanidad y que respete los límites planetarios, o estamos abocados, más tarde o más temprano, al colapso total. Aquí no hay ricos ni pobres, buenos ni malos, norte o sur. El planeta es uno. Y es nuestra casa común. ¿Hacia dónde caminar entonces?

El borrador de la declaración final de Río+20 que se viene discutiendo desde enero, y que se llama “El futuro que queremos”, plantea caminar hacia la sostenibilidad con dos herramientas principales: una economía “verde” y unas instituciones globales que lideren y garanticen un desarrollo sostenible, capaz de llevarnos un crecimiento económico con igualdad social y preservación ambiental.

La mayoría de las organizaciones de la sociedad civil y sus redes, sin embargo, han sido duramente críticos con las propuestas. En primer lugar se afirma que si las múltiples crisis actuales (económica, energética, de seguridad alimentaria, climática, etc.) son el resultado de un modelo económico basado en el crecimiento ilimitado en un mundo con recursos finitos, y de la globalización de patrones irracionales de producción y de consumo, una alternativa que promueva entre otras cosas el uso de energías renovables, nuevas tecnologías para la producción de alimentos, y asignar valor económico a bienes y servicios de los ecosistemas que actualmente no forman parte del precio final de lo que se produce, sin cambiar la esencia del sistema, no es una verdadera alternativa y no sólo no nos llevará a la sostenibilidad, sino que profundizará nuestras crisis, expandirá la mercantilización de la naturaleza y aumentará la desigualdad social y el deterioro ambiental. Por otra parte, pretender mejorar el gobierno global para la sostenibilidad sin una reforma profunda de las instituciones internacionales, sin mayores cotas de democratización y transparencia, sin mandatos específicos con autoridad reconocida para normar y castigar los incumplimientos de los compromisos asumidos por los Estados, sin mayores accesos para la participación y el seguimiento de la sociedad civil global, etc. sin una reforma en este sentido, Rio+20 no será más que una declaración de buenas intenciones, pero sin futuro y sin capacidad transformadora.

Desgraciadamente las discusiones previas sobre el borrador cero no han generado consensos sino todo lo contrario. De hecho, el documento inicial contaba con 25 páginas, y el último borrador, de principios de junio, ya va por 80. Tal vez, siendo realistas, no haya que esperar grandes resultados de esta cumbre, y mucho menos un cambio de paradigma sobre nuestra economía y nuestra manera de relacionarnos con los demás y con la naturaleza. Pero tal vez el valor está en el proceso, en los debates, en la elaboración de alternativas, en las propuestas y las interacciones.

Hoy los utópicos son los que siguen creyendo que es posible mantener de manera indefinida un modelo de desarrollo que deteriora el planeta, hace crecer las desigualdades, y esquilma los recursos disponibles. Es tiempo de sensatez y de realismo, en clave de urgencia. Y no tenemos más alternativa que construir el futuro respetando los límites de nuestro planeta y los derechos de todos los seres humanos para cubrir sus necesidades de manera satisfactoria. No hay otro camino. Pero ¿es este el futuro que queremos?

Marco Gordillo Zamora, Responsable de Campañas de Manos Unidas y miembro del Grupo de Tabajo de Pobreza Cero