Archivo mensual: octubre 2015

Por una reforma constitucional que blinde nuestros derechos

Tiempo de elecciones: un momento perfecto para exigir mayor y mejor protección de nuestros derechos

Este post es una adaptación del publicado originalmente en el blog (des)igualdad de eldiario.es (9.7.2015)

Recuerdo el día, hace once meses, que fui a mi centro de salud en Galicia a pedir el traslado de mi tarjeta sanitaria, pues era la primera vez que iba a residir allí. Acababa de llegar a España después de haber estudiado fuera durante un año. Estaba sin trabajo y sin prestaciones.

Y con esto de la atención sanitaria, estaba nerviosa.

Yo. Una mujer de 39 años, española, clase media, buenos estudios y nivel cultural, activista, informada… Y estaba inquieta.  ¿Tendría aún derecho a mi tarjeta sanitaria?  La lógica decía que sí, pero… ¿Y si no? “Con tantos cambios… no es posible que se hayan cargado mi derecho a la salud así de un plumazo… Después del tiempo trabajado… sólo por haber estado fuera estudiando y no  tener empleo ahora… ¿Qué me dirán?”

Me sentí insegura, sin ningún poder sobre esta tarjeta que parecía marcar mi derecho a la salud.

Y entonces pensé: “Si yo me siento así… ¿cómo se sentirán las miles de personas que están en una situación vulnerable cuando tengan que ir al médico, o acercarse a los servicios sociales a pedir una prestación?” Si es que llegan a ir, porque ahora el miedo impide a muchas personas hacerlo. Miedo a que no les atiendan, o les cobren la asistencia médica. Y esto, en ocasiones, pone su vida en peligro.

La cuestión es clara: nuestro derecho a la salud, o a disponer de unos ingresos mínimos para vivir dignamente, deben estar mejor protegidos. Para empezar, en las leyes. Y si hablamos de leyes, la primera de todas es  la Constitución. Sin embargo, la realidad es que la protección que la Carta Magna hace hoy de nuestros derechos es desigual e insuficiente.

Se me ocurre que si la Constitución dijera expresamente que el derecho a la salud es universal para todas las personas independientemente de su situación administrativa -como dice el Derecho Internacional-, y que no se puede poner patas arriba de forma injustificada,  la reforma sanitaria de 2012 no habría sido posible. Y miles de personas a las que se privó de su derecho  -y que ahora lo recuperan en parte, y entre otras razones, gracias a la fuerte movilización ciudadana-, podrían haber seguido yendo a su centro de salud o especialista con normalidad. Sin miedo, con libertad y confianza.

Por eso las organizaciones  Amnistía Internacional,  Greenpeace y Oxfam Intermón pedimos una reforma de la Constitución Española que ponga a las personas y a nuestros derechos en el centro (www.blindatusderechos.org). Una reforma capaz de crear unos derechos fuertes, mejor protegidos, con las mismas garantías, para todas las personas y con financiación suficiente. Porque la Constitución Española debe servir para mejorar la vida de la gente.

Estamos en tiempo electoral: hoy, 20 de octubre, quedan apenas dos meses para las elecciones generales de diciembre. Las tres organizaciones estamos manteniendo contacto con los partidos políticos para acercarles nuestra propuesta de reforma constitucional y que la incluyan en sus programas electorales. Porque la reforma profunda de los derechos humanos en la Constitución, al igual que la lucha contra la pobreza y la desigualdad que este mismo blog defendía hace apenas unos días, es un reto magnífico, y el primer paso necesario de un gran cambio posible.

Por eso te invito a unirte: actúa, difunde,  firma la petición: www.blindatusderechos.org.

Ya somos más de  55.000 personas firmantes.

Y cuantas más seamos, más altas y claras serán nuestras voces.

Ana María Claver, Investigadora y Campaigner de Blinda Tus derechos


Bailaremos porque es nuestra revolución #vamos17O

Artículo publicado originalmente en eldiario.es

  • Si algo debería enseñarnos este S.XXI -aún adolescente-, es que, sin cooperación entre los pueblos y respeto por nuestra casa común que es el planeta, no hay futuro posible.

DSC_0083Esta vez no han sido grupos radicales. Uno de los bancos más potentes del mundo, el Credit Suisse, lo confirma: el 1% de la población mundial posee el mismo patrimonio que el 99% restante. El siglo XXI avanza consolidando una obscena desigualdad que ya no solo acrecienta la brecha entre unas personas y otras, sino que coloca a la mayoría al borde del abismo de manera permanente.

Soplan vientos favorables a los intereses privados de las élites que hacen y deshacen a su antojo. Las políticas giran al ritmo marcado por corporaciones internacionales ávidas de capitales y recursos sin límites; mientras, gobiernos cómplices les acompañan en el baile. El resultado es la imposición de un modelo que permite que la minoría privilegiada continúe enriqueciéndose a costa de arrasar el planeta y los derechos humanos de la mayoría.

Como bien dice Gilberto Gil “ de un lado este carnaval; del otro, el hambre total”. El planeta es un esperpento. Una mueca grotesca a los derechos humanos y al respeto de la casa común que habitamos. Las bacanales se celebran a puerta cerrada, a espaldas de la ciudadanía; todo con tal de continuar engordando y engordando las arcas de unos pocos. En Europa se negocia, con una enorme opacidad, el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP); y en otros rincones del planeta se avanza con otros acuerdos similares que pondrán en jaque los derechos más básicos de la ciudadanía –particularmente, los de las mujeres.

Mientras el carnaval continúa, las políticas sociales se han debilitado profundamente: educación, sanidad, igualdad, cooperación, medio ambiente, dependencia o empleo han visto sus fondos más y más exprimidos. Medidas de fiscalidad justa y redistribución de la riqueza brillan por su ausencia. Y el modelo que se impone fortalece los intereses privados en detrimento de lo público.

Acabamos de estrenar la Agenda2030 que guiará las políticas internacionales en la lucha contra la pobreza y la desigualdad y la protección del medio ambiente durante los próximos 15 años. Debemos estar vigilantes para que los compromisos asumidos no se los lleve el viento. En el ámbito doméstico, las elecciones generales están a la vuelta de la esquina y con ellas, la oportunidad de ejercer con responsabilidad nuestro derecho al voto. El nuevo gobierno que salga de las urnas tendrá muchos retos por delante en lo que a la lucha contra la pobreza y la desigualdad se refiere. Como sociedad civil, se los recordaremos.

Decía Emma Goldman que “si no puedo bailar, no es mi revolución”. Entrar en ese baile de máscaras no nos interesa; o tal vez sí, pero solo para poder desenmascarar a quienes danzan a nuestra costa y comenzar otro bien distinto en el que todo el mundo tenga su espacio. Luchar contra la pobreza y la desigualdad supone luchar contra sus causas y responsables. Llevamos décadas denunciando los atropellos a los derechos humanos y lo hemos hecho de la mano de organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo. Ahora debemos hacerlo más que nunca. Porque, si algo debería enseñarnos este S.XXI -aún adolescente-, es que, sin cooperación entre los pueblos y respeto por nuestra casa común que es el planeta, no hay futuro posible.

En la semana de lucha contra la pobreza estamos saliendo de nuevo a las calles para exigir que las personas y el planeta estén por encima de las multinacionales. El sábado 17, Madrid acogerá la manifestación a las 18h de Atocha a Cibeles. Os esperamos.


Pobreza Cero y Objetivos de Desarrollo Sostenible #SemanaPobreza

En este blog se ha dado cumplida cuenta de la aprobación de una nueva agenda internacional de desarrollo. El 28 de septiembre José Manuel Moreno, del Departamento de Estudios e Incidencia de Entreculturas, nos informaba con exactitud:

“La Asamblea de Naciones Unidas acaba de aprobar en Nueva York una nueva agenda internacional de desarrollo que marcará el itinerario y los objetivos de trabajo de los próximos 15 años para afrontar las grandes problemáticas que se viven actualmente en el mundo. Ampliar el alcance de los anteriores Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), generar una propuesta más participativa y con mayor implicación de las distintas regiones, así como establecer una agenda universal que pueda diferenciar los indicadores, según las características de cada país o territorio, son algunos de los retos que se encuentran encima de la mesa de cara a la ejecución de los nuevos 17 Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS)”.

Los expertos en latín conocen bien el significado de la palabra agenda. Agenda significa “cosas que se han de hacer”. Y eso es lo que la agenda post-2015 significa para todas las organizaciones que integramos Pobreza Cero, un movimiento organizado por la Coordinadora de ONG para el Desarrollo España: “cosas que se han de hacer”.

Son diecisiete los objetivos de desarrollo sostenible:

  1. Poner fin a la pobreza.
  2. Hambre cero.
  3. Buena salud.
  4. Educación de calidad.
  5. Igualdad de género.
  6. Agua limpia y saneamiento.
  7. Energía asequible y sostenible.
  8. Trabajo decente y crecimiento económico.
  9. Industria, innovación, infraestructura.
  10. Reducir inequidades.
  11. Ciudades y comunidades sostenibles.
  12. Consumo responsable y producción.
  13. Acción climática.
  14. Vida marina.
  15. Vida en la tierra.
  16. Paz, justicia e instituciones fuertes.
  17. Alianzas para los objetivos.

En comparación con los Objetivos del Milenio, los Objetivos de Desarrollo Sostenible suponen ampliar el alcance de la agenda internacional del desarrollo e incluir plenamente el cuidado de la casa común. Necesitamos un desarrollo humano, sostenible e integral. Es urgente tomar medidas contra el cambio climático y sus efectos. Nuestro mundo no aguanta un superdesarrollo derrochador y consumista. Necesitamos un mundo sostenible, justo y seguro para todos. Nuestro mundo no necesita más producción sino más justicia.

La agenda internacional de desarrollo implica, en primer lugar, a las autoridades políticas. Son ellas quienes deben asumir la responsabilidad de poner a la persona en  el centro y el fin de toda la vida económica y social. La participación y la transparencia deben ser características fundamentales de la acción pública en todo el globo. Los ODS apuntan a reducir inequidades y desigualdades no solo entre los países sino dentro de cada país. Necesitamos políticas ambiciosas para materializar la Agenda 2030. Los acuerdos comerciales no pueden ser un torpedo en la línea de flotación de los nuevos objetivos.

La Agenda implica también a todas nuestras organizaciones. Debemos ser actores y socios críticos para implementarla. Los ODS nos requieren a repensar cómo construimos el desarrollo. Estamos llamados a ser creadores e innovadores. La Agenda nos invita a estar atentos a la realidad, a sostener una mirada compasiva con quienes sufren y a desarrollar acciones que atiendan a las causas estructurales y sistémicas de la pobreza. Disminuir la desigualdad es una prioridad en el combate contra la pobreza extrema. Erradicar la pobreza y el hambre supone luchar por el derecho a la alimentación, por la seguridad alimentaria y por la mejora en la nutrición.

La educación nos implica en el camino que debemos transitar para hacer realidad todos los ODS. La lucha por la igualdad de género es la lucha por el progreso de toda la humanidad. Las mujeres son clave para lograr los objetivos de la Agenda 2030. No podemos dejar a nadie atrás.

La mirada de nuestras organizaciones no se puede limitar a los objetivos aprobados. No podemos olvidar las propuestas nuestras que se han olvidado, como el fin de los paraísos fiscales y la imposición a las transacciones financieras internacionales. Sabemos que caminamos hacia una comunidad humana y debemos estrechar nuestros vínculos con organizaciones populares en aras de esa globalización de la solidaridad.

En este camino las tres generaciones de derechos humanos son irrenunciables. Los ODS son un plan de acción universal para los derechos. Sin libertades civiles y políticas no hay democracia. La segunda generación de derechos económicos, sociales y culturales se debe universalizar en aras del trabajo decente en todo el globo: el fin del trabajo infantil, de la trata, de la precariedad y del trabajo sin derechos deben ser una prioridad. Por último, los derechos de la tercera generación, la paz, el desarme y el cuidado de la casa común, son un imperativo moral para la acción.

La Agenda implica a las empresas y sindicatos, al conjunto de agentes sociales, que deben ser una fuerza positiva para conseguir los objetivos de desarrollo sostenible. Los agentes tienen un papel fundamental en la lucha contra la corrupción, en el cuidado de la naturaleza, en la promoción del trabajo decente y en el cumplimiento de nuestros deberes públicos.

La Agenda 2030 implica a toda la ciudadanía que debe ejercer sus deberes de solidaridad todos los días y, por eso, reclamar sus derechos universales en las calles. Es a toda la ciudadanía a la que invitamos a participar y a unirse con nosotros en la lucha por lo que es justo para toda la humanidad. En Madrid será este sábado  y saldremos desde Atocha a las seis de la tarde en dirección a Cibeles.

Hoy, 16 de octubre, celebramos el Día Mundial de la Alimentación que este año lleva como lema “Protección social y agricultura, para romper el ciclo de la pobreza rural” y que enmarca varios eventos realizados en la Expo de Milán. Uno de los acontecimientos es una sesión interactiva entre representantes de Naciones Unidas y estudiantes llamada “Generación Hambre Cero” en la que se invita a construir un futuro para toda la humanidad y se resalta el papel que desempeñará la juventud en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) ¡Seamos la Generación Hambre Cero!

 

Francisco Javier Alonso Rodríguez

Enlázate por la Justicia

(Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas, Redes)


Siempre nos quedará París

La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla. Emily Dickinson

Ya tenemos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y si las cosas continúan como hasta ahora, en diciembre tendremos un nuevo Acuerdo Climático. Este año, también tuvimos una tremenda reunión del G8, incluso una Cumbre de Financiación. En otras palabras, el 2015 está siendo el año multieventos.

Pero no escribo para hablar del Cumbrismo de este 2015 sino para poner de relieve que entre tanta Cumbre Internacional de medidas globales, propuestas de cambio y buenos consejos, el 2015 sigue siendo un año en el que la desigualdad continua aumentando.

En España, algunos han hecho su agosto y en plena crisis, el número de personas millonarias aumentó un 13% entre el 2012 y 2013. Ahora somos medalla de plata en Europa en materia de desigualdad. A escala mundial tampoco van mucho mejor las cosas y una de cada nueve personas carece de alimentos suficientes y más de 700 millones viven en la más extrema pobreza. El 70% de las personas pobres son mujeres. Las 85 personas más ricas del mundo tienen el mismo dinero que los 3.500 millones de personas más pobres del planeta… Si miramos desde otra óptica, comprobamos que el Cambio climático es el principal responsable del aumento de los periodos de sequías y lluvias así como de los cambios en los patrones meteorológicos que agravan la situación de vulnerabilidad de los 850 millones de personas que actualmente viven en pobreza.

Durante el 2015, el planeta ha batido todos los récords de temperatura casi cada mes. Este agosto ha sido el más cálido desde que hay registros globales, que arrancan en 1880, según ha advertido la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.

A menudo una se pregunta cómo hemos llegado hasta aquí y lo peor es que conoce la respuesta. Podemos ser cínicos pero no somos tan tontos. Sabemos las implicaciones que tiene un mundo apuntalado en este sistema capitalista, conocemos el impacto de las políticas de crecimiento en términos sociales, económicos y ambientales. Incluso somos capaces de atisbar a estas alturas que los tratados de libre comercio son directamente responsables de estas diferencias sociales, de generar pobreza y del agotamiento de los recursos planetarios, todo en beneficio de una pequeña parte de la población.

El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea (TTIP[1]) ahonda en un modelo económico depredador para las personas y el planeta, propugnando un crecimiento ilimitado al amparo de una globalización fósil. La propia Comisión Europea reconoce, que éste supondrá –al fomentar el transporte transatlántico– un aumento de las emisiones de CO2[2].

El TTIP aumentará el poder de las multinacionales energéticas para intentar imponer la continuidad de las energías más sucias y contaminantes, implantando en contra de la voluntad ciudadana  técnicas climáticamente peligrosas como el fracking o la lenta implantación de las energías renovables (Capaldo 2014, p.8).

No tiene sentido promover la reducción de emisiones de C02 de la gran cita de París  y al mismo tiempo, poner en marcha tratados económicos (como el TTIP) en contra de sus propios objetivos climáticos. Esta incoherencia de políticas es  una irresponsabilidad.

El acuerdo de París tiene que reconocer la importancia de la mitigación del cambio climático en el desarrollo y la necesidad de financiar los cambios hacia economías bajas en carbono. En el caso de los PED, se trata de adaptarse e invertir en alternativas económicas bajas en emisiones de carbono, dotando adecuadamente los mecanismos habilitados para tal fin (entre otros el Fondo Verde comprometido en las COP anteriores).

Los acuerdos sobre el cambio climático y los ODS deben considerarse complementarios, con oportunidades de beneficio mutuo[3] en áreas como el desarrollo bajo en carbono, la adaptación al clima y la resiliencia, y los nuevos flujos de financiación. Sin esto, no podemos hablar de Gobernanza Climática, sin esto, no podemos abordar claramente el futuro de la humanidad y de las especies.

Si esto no se garantiza y ambas Agendas Globales no están imbricadas, el derecho al desarrollo contenido en el texto de Convención quedaría vulnerado desde el minuto 1 de un texto poco ambicioso en París. Para los 26 millones de personas que ya han sido desplazadas por causas medioambientales el cambio climático ha dejado de ser un concepto abstracto.

Si sumamos las poblaciones de las Bahamas, Kiribati, las Maldivas y las Islas Marshall, el número de personas no supera las 900.000, un porcentaje ínfimo del total de personas que podrían ser desplazadas para 2050 por causas medioambientales: 200 millones, según calcula el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), especialmente de países empobrecidos. Porque el resultado de que el mar siga tragando tierra también se encarna en sequías, inundaciones por riadas, cosechas menos abundantes, una mayor demanda energética, más incendios forestales y olas de excesivo calor.

Nueva York ha sellado un Acuerdo Global con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, identificando objetivos para el Desarrollo Internacional hasta 2030, objetivos que comprometerán el modo de progreso y desarrollo del conjunto de los estados signatarios. París, como diría el Papa Francisco “bien vale una misa” y algo MÁS.

Cecilia Carballo de la Riva, vicepresidenta de Alianza por la Solidaridad

[1]  Lo llaman TTIP, TAFTA o ACTI pero todos son acrónimos del Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión entre EE.UU y la UE

[2] Referencias en: http://ec.europa.eu/priorities/energy-union/emissions-reduction/index_en.htm

[3] http://www.cgdev.org/publication/skyshares-modelling-economic-implications-future-global-emissions-budget

 

 


12 frentes y 3.200 organizaciones catalanas en la lucha contra las desigualdades #SemanaPobreza

Este año en el Día internacional para la erradicación de la pobreza, en Catalunya, 3.200 organizaciones de acción social, cooperación, paz y derechos humanos, presentaran un manifiesto y un documento que recoge 40 propuestas en 12 ámbitos, los cuales son imprescindibles para contribuir a hacer del principio de justicia global una realidad efectiva a la hora de impulsar políticas.

Estas organizaciones trabajan los 365 días del año por un objetivo común y desde la heterogeneidad promueven una transformación de las relaciones de poder que generan desigualdades en todo el mundo. Con el fin de sumar esfuerzos en la denuncia y en la reivindicación se unen bajo el sello de Pobreza Cero.

Hoy, uno de cada cinco habitantes del planeta vive en situación de pobreza, la misma proporción que en Catalunya. En el mundo hay 1.200 millones de personas que viven bajo el umbral de la pobreza y 800 millones de personas están en riesgo de exclusión a causa de alguna crisis o adversidad. Ante esta realidad inadmisible los recientes aprobados Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, plantean una hoja de ruta hasta el 2030, para que todos los países cumplan con determinadas metas como por ejemplo, poner fin a la pobreza en todas sus formas, reducir la desigualdad entre y dentro de los países y adoptar unas políticas fiscales, salariales y de protección que avancen en términos de igualdad.

Ante la necesidad de un modelo económico y social orientado a la justicia global, la Plataforma Pobreza Cero reivindica la responsabilidad de los poderes públicos de desplegar políticas predistributivas, aquellas que actúan sobre las causas estructurales de la desigualdad, y redistributivas, aquellas que actúan sobre los efectos de la misma, para combatir la pobreza. Para ello reclama a las instituciones que incluyan en su agenda política medidas en los 12 frentes, los cuales hay que abordar en paralelo y de manera inmediata. El derecho a la educación, a la vivienda y a la salud, así como la erradicación de las políticas racistas, el fomento de un comercio equitativo entre países y el control de las transacciones financieras son aspectos donde Pobreza Cero hace hincapié . Tampoco quedan fuera la necesidad de auditar la deuda pública y de supervisar las inversiones realizadas por empresas transnacionales. Así como la reivindicación de una política pública de cooperación internacional coherente y justa.

No podemos perder más tiempo para actuar sobre las causas estructurales y globales de la desigualdad y para ello los poderes públicos se han de reafirmar como actores para la cohesión social con el objetivo de ofrecer un marco internacional real de igualdad de oportunidades, favorecer la redistribución de la riqueza y garantizar una vida digna para todas las personas.

El viernes 16 de octubre las entidades catalanas presentarán un manifiesto con los principales aspectos que contiene el documento en el que se enmarca la campaña. Y también se entregará una copia de los mismos junto con un calendario de sobre mesa, edición limitada, para que los nuevos parlamentarios no se olviden de incluir en sus agendas la lucha contra la pobreza.

https://pobresazero.wordpress.com/

#17O / #12frontsxigualtat / #PobresaZeroCat


Una nueva carrera de fondo contra la pobreza extrema #SemanaPobreza

combatir la epidemia de polio en Dadaab (Kenia) MEDIAAnte el fracaso en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) para 2015, los Gobiernos ya han marcado una nueva hoja de ruta con 17 grandes objetivos y 169 metas para alcanzar en 2030. Sin embargo, ya en la Cumbre de Financiación de Addis Abeba de hace varios meses dejaron en la cuneta varias medidas fundamentales para luchar contra el fraude y la evasión fiscal, limitar la  venta de armas o adquirir un compromiso formal y contundente con los derechos humanos que las ONG hemos denunciado de manera contundente.

Los ya conocidos como Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, firmados y ratificados este 25 de septiembre de 2015, destacan de nuevo en su primer punto el ambicioso reto de acabar con la pobreza extrema, es decir, que nadie en el mundo viva con menos de 1,25 dólares al día en 2030. Objetivo muy loable, pero que exigirá un mayor compromiso presupuestario para invertir en políticas públicas y la acción decidida de los gobiernos si no queremos que los ODS caigan también en saco roto.

En la semana contra la pobreza, las ONG seguimos reivindicando que el bienestar de las personas debe ser lo prioritario y que debemos exigir gobiernos responsables y comprometidos con los derechos humanos. Debemos demandarles mayores inversiones en Bienes Públicos Universales como la salud universal, una educación de calidad para todos y todas o cumplir con el Protocolo de Kioto, para proteger y cuidar el medio ambiente de nuestro planeta, entre otros objetivos. En resumen, y como reza el manifiesto de este año contra la pobreza: “Reivindicamos una fiscalidad justa y equitativa, con un sistema tributario y un gasto público que redistribuyan la riqueza y combatan las desigualdades”. Ver el Manifiesto completo: http://alianzacontralapobreza.org/manifiesto-de-la-semana-contra-la-pobreza/

Objetivo 3: Garantizar una vida sana y promover el bienestar

Sin nombrar la palabra SALUD en su enunciado, el tercer objetivo pretende “Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades” a través de 13 metas que van a suponer un verdadero desafío si no se cuenta con la necesaria financiación.  Estas metas,  con la reducción de la mortalidad materna e infantil a la cabeza, están centradas en el acceso universal a la sanidad y hacen hincapié en poner fin a las epidemias de VIH/Sida, tuberculosis o malaria.

Según la ONU más de seis millones de niños siguen muriendo antes de cumplir los cinco años cada año, por ello se fija como objetivos reducir la tasa mundial de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100.000 nacidos vivos; y poner fin a las muertes evitables de recién nacidos y de niños menores de 5 años, logrando que todos los países intenten reducir la mortalidad neonatal al menos hasta 12 por cada 1.000 nacidos vivos, y la mortalidad de niños menores de 5 años al menos hasta 25 por cada 1.000 nacidos vivos.

También es fundamental apoyar las actividades de investigación y desarrollo de vacunas y medicamentos para las enfermedades transmisibles y no transmisibles que afectan sobre todo a los países en desarrollo y facilitar el acceso a medicamentos y vacunas esenciales. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la vacunación evita cada año entre 2 y 3 millones de muertes, sin embargo, 1 de cada 5 niños todavía no son vacunados. Se calcula que en 2013, 21,8 millones de lactantes no recibieron vacunas que podrían salvarles la vida. Esta es una meta más. Y así hasta 169, en las que gobiernos, empresas y ciudadanía debemos volcarnos para acercarnos al objetivo final: un mundo sostenible, sin pobreza y sin desigualdad.

Yolanda AnsónResponsable de Comunicación de Farmamundi comunicacion@farmamundi.org

 


Coherencia para consumir; coherencia para luchar contra la pobreza #SemanaPobreza

“La cultura del consumo nos adiestra para creer que las cosas ocurren porque sí”. De esta forma, Eduardo Galeano describía algunos de los planteamientos que están instalados en nuestras sociedades: que nuestras pautas de consumo de los países enriquecidos poco tienen que ver con las desigualdades con y en los países empobrecidos. Y que nuestras compras poco o nada pueden ayudar a cambiar esta situación contra la que luchamos en esta Semana Contra la Pobreza. Así, muchas veces soñamos en cambiar el mundo y nos apuntamos a un voluntariado, o colaboramos económicamente con una ONG; sin embargo, nuestras opciones de compra siguen siendo las mismas: consumir todo lo que se pueda y al precio más barato. Pareciera que pretendemos acabar con la pobreza pero haciendo lo mismo de siempre.

Aunque consumir y hacer la compra parecen hechos sin importancia que sólo afectan a la persona consumidora, lo cierto es que es algo que afecta a toda la humanidad. Porque tras este gesto concreto y cotidiano se esconden problemas sociales, políticos y medioambientales que alcanzan a todo el planeta.

Conscientes de esto, hace ya unos tres años, las ONGD Fundación PROCLADE, PROYDE y SED decidimos unir nuestros esfuerzos para hacer una importante labor de incidencia social y política que tuviera como base la siguiente idea: para luchar contra la pobreza, hay luchar contra sus causas. Y varias de ellas están relacionadas directamente con el consumismo dominante en nuestra parte del mundo. Por ello, decidimos trabajar para dar impulso a nuevas formas de consumo que vean más allá del precio y de unas necesidades ficticias creadas por la publicidad y que pongan a la persona y al desarrollo sostenible del planeta en el centro de las decisiones de compra. En definitiva, un #ConsumoJusto para todos y todas.

Un consumo justo y responsable del que ya hablan los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenibles, herederos de los incumplidos Objetivos del Milenio y adoptados el pasado mes en la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible. El objetivo 12 determina la necesidad de garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles a partir de la reducción de los desperdicios de alimentos y otros desechos, la gestión ecológica de productos y desperdicios o la promoción de prácticas sostenibles en las empresas, entre otras muchas metas. Y para conseguirlas, en el objetivo 13 también hablan de emplear para la consecución de esas metas la educación y la sensibilización.

En nuestras organizaciones hemos decidido que hay que ponerse manos a la obra desde el principio; y ese principio debe ser nuestra propia conversión hacia el #ConsumoJusto. Con un pequeño esfuerzo, comprobaremos que la mayoría de nuestras necesidades y actividades que realizamos pueden ser cubiertas con un consumo justo y responsable: desde la alimentación y las prendas de vestir, a los sistemas de educación, la energía, la comunicación, las actividades de ocio o incluso el universo financiero. En definitiva, un #Consumojusto que nos lleve a esa coherencia entre nuestras compras y nuestras formas de entender el mundo.  Será ya tras esta conversión individual en los modelos de consumo cuando podamos empezar a hablar de una transformación social.

¿Y los gobiernos?

Esta coherencia que nos debemos exigir a nivel personal es la misma que demandamos a los gobiernos: unas políticas en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenibles.  En este sentido, animamos a quienes deben representarnos en las administraciones públicas a llevar a cabo esta nueva agenda teniendo sus objetivos y metas bien presentes, implicando tanto a países socios como a grandes empresas que sin duda tendrán un papel decisivo en el desarrollo de los pueblos y la conservación de los recursos naturales, sobre todo en los países empobrecidos, donde suelen hallarse grandes reservas de materias primas necesarias para que nuestro mundo siga su marcha. No es coherente, por ejemplo, que desde los países donantes animemos a los agricultores de países en desarrollo a que exporten sus productos a los mercados globales, mientras que por otro lado estamos limitando el libre acceso a esos mismos mercados.

A nivel más cercano, los poderes públicos pueden implicarse en estos objetivos con pequeñas acciones significativas como la inclusión de la compra ética en los criterios sociales para pliegos de contratación, la realización de campañas de sensibilización e información ciudadanas o el ahorro energético de sus instalaciones y servicios.

¿Y nuestras organizaciones?

La coherencia tampoco debe escapar a nuestra labor diaria como organizaciones que trabajan por un mundo más justo. A nivel institucional, estamos firmemente comprometidos con el comercio justo (el café de media mañana en nuestras oficinas), la reducción del desperdicio alimentario (“La comida no se tira”, decíamos en nuestra campaña de Educación para el Desarrollo del curso pasado) y la reducción de nuestra huella ecológica: a través de la sensibilización con la campaña “Dales un respiro”, de la separación de residuos, del reciclaje y de otras muchas acciones para que nuestra huella sea cada vez menor, cumpliendo además los compromisos que hemos hecho públicos en la web “Un millon de compromisos por el clima”. (http://www.unmillonporelclima.es/comprometidos/entidades/perfil/?u=0a056d69-ac49-482b-9f73-eca56699ca6e)

Nuestro modelo de consumo no es lo único que tiene que cambiar para acabar con las desigualdades de nuestro planeta. Pero este cambio representa una acción transversal a todas las demás que podemos comenzar de forma personal con el objetivo final de cambiar el mundo. Nuestras pequeñas acciones diarias tienen más importancia de lo que puedas pensar. Y la Semana Contra la Pobreza puede ser un buen momento para ponerlas en práctica.

Noemí García, Anaclara Padilla y Vega Alonso, del Departamento de Estudios e Incidencia Social de las ONGD PROCLADEPROYDESED.