Descubriendo a la rosa roja

El reconocimiento de las mujeres como estrategia educativa de prevención de la violencia. Descubriendo a la rosa roja.

A Rosa Luxemburgo la llamaban la rosa roja. Judía de origen polaco y nacionalidad alemana, fue una de las pensadoras más significativas de los convulsos inicios del siglo XX, un momento histórico que ella describió como un “extraordinario tiempo que propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crítica, la ironía y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, un tiempo fructífero, preñado”.

Filósofa y teórica marxista, fue una figura central del socialismo internacional revolucionario. Inquieta políticamente desde su adolescencia, huye en 1889 de su Polonia natal, instalándose en Zurich (Suiza) durante varios años. Allí continuó su militancia, siendo una de las fundadoras del periódico “La causa de los trabajadores”, mientras estudiaba Filosofía, Historia, Economía y Matemáticas y se doctoraba en Derecho Público y Ciencias Políticas. En este momento conoce a Leo Jogiches, otro joven revolucionario, con quien mantendrá una relación de amor y amistad que durará casi toda su vida aunque de manera intermitente, por momentos clandestina y sin convivencia continuada. En 1898 Rosa se casa con el socialista Gustav Lübeck para poder trasladarse a Berlín, donde se unió a la lucha de los socialdemócratas para llegar a fundar más adelante el Partido comunista alemán. Su pacifismo le hizo oponerse con fuerza a la Primera Guerra Mundial, que consideraba un enfrentamiento entre imperialistas, proponiendo, sin éxito, organizar una huelga general que uniera a todos los trabajadores para evitarla. Su conciencia feminista, aunque no se adscribiera al feminismo de la época por considerarlo burgués, le llevó a visibilizar el trabajo de las mujeres a lo largo de la historia, cuestionar a quienes pensaban que “el lugar de la mujer está en el hogar” y  defender el derecho al trabajo, la educación y la participación política, aunque no sólo para las mujeres sino como “una responsabilidad común de clase, de las mujeres y los hombres del proletariado”. Una de sus compañeras de militancia, y también amiga, fue Clara Zetkin, política fundamental en la lucha por los derechos de las mujeres.

Escritora apasionada, redactó artículos, conferencias y discursos en defensa de la revolución proletaria que provocaron todo tipo de reacciones exaltadas. Alejada de dogmatismos, cuestionaba todo lo que le parecía merecedor de un análisis crítico como la burocracia o cualquier intento de quitar protagonismo a “las masas”, lo que le granjeó enemistades incluso entre sus compañeros de partido. “Sin elecciones generales, libertad de prensa y de reunión ilimitada, lucha libre de opinión y en toda institución pública, la vida se extingue, se torna aparente y lo único activo que queda es la burocracia”[1], llegó a decir. En sus numerosos libros: Reforma o RevoluciónLa acumulación del Capital, La revolución rusa, El voto femenino y la lucha de clases…, analizó los problemas socioeconómicos de la época desde su personal visión del marxismo. De indiscutible talento y capacidad intelectual, se dice que esta luchadora contra el capitalismo que arrastraba una cojera desde su infancia, llegó a hablar 11 idiomas.

Su liderazgo y compromiso no pasó desapercibido.  Estuvo encarcelada varias veces a lo largo de su vida, temporadas en las que no dejó de escribir, y el 15 de enero de 1919 era asesinada en Berlín junto a Karl Liebknecht, otro dirigente comunista. Finalizaba así una vida dedicada a trabajar por un mundo donde, según sus propias palabras, “seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y completamente libres”.

El 30 de enero, fecha que conmemora la muerte de Gandhi, se celebra el día escolar de la no violencia y la paz, una jornada educativa en apoyo de una educación no violenta y pacificadora. Acercarse a la vida, tanto privada como pública, de mujeres como Rosa Luxemburgo es una de las estrategias que se proponen desde la coeducación para prevenir una de las principales violencias que tienen lugar en las escuelas, y por supuesto fuera de ellas, la violencia machista. Romper con ese silencio incómodo que nos saca a las mujeres de la historia y poner en movimiento en las aulas referentes femeninos libres y alternativos para las niñas, pero también para los niños, es un ejercicio sencillo, reconfortante y transformador. Por supuesto, es la historia entera la que hay que confrontar, superando su androcentrismo y creando un relato histórico desde todas las miradas y experiencias posibles. Un paso para empezar a hacerlo es reconocer que las mujeres hicimos y hacemos historia y que nuestras opciones vitales son ilimitadas. Continuar ocultándolo es seguir alimentando una cultura excluyente, jerárquica, desigual y, por tanto, violenta.

Encina Villanueva Lorenzana, Grupo de Género de la Coordinadora de ONGD-España

[1] Luxemburgo, Rosa (1918). Crítica de la Revolución Rusa. [trad.] José Aricó. Buenos Aires: La Rosa Blindada, 1969. pág. 119.

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