El desarrollo sirve a los objetivos del control migratorio

Autor BOB VAN DILLEN BRUSELAS, 17 de mayo, 10:53

(Traducción: Celia Rico)

La Unión Europea está a punto de adoptar una serie de propuestas para reorientar su política sobre desarrollo con el fin de cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y contribuir a «la erradicación de la pobreza en todas sus dimensiones, de manera irreversible, en todas partes y sin dejar a nadie atrás».

Sin embargo, en lugar de reforzar su compromiso con la Agenda 2030, el nuevo Consenso sobre Desarrollo de la UE da la impresión de ser otra nueva propuesta de políticas que ponen la gestión de la migración y el control de las fronteras en el centro de la cooperación al desarrollo.

El pasado mes de noviembre, las ONG dieron una cauta bienvenida a las propuestas de la Comisión Europea encaminadas a realizar una revisión en profundidad del marco en el que se engloban las políticas al desarrollo de la UE y que deberían guiar los esfuerzos de la UE al desarrollo hasta 2030.

A pesar de la retórica de que Europa se toma en serio el acabar con la pobreza y la desigualdad, una de nuestras primeras preocupaciones fue que había una serie de propuestas previas de la UE en política para la cooperación con terceros países que, sin embargo, daban prioridad a cuestiones locales a corto plazo, incluidos los objetivos con respecto a la migración.

Estamos preocupados en extremo porque estos objetivos de política se han incluido ahora en el nuevo Consenso sobre Desarrollo de la UE.

Basándose en el Marco de asociación en materia de migración con terceros países, la UE acordará el uso de la cooperación al desarrollo y sus políticas, instrumentos y presupuestos para la promoción de la gestión de la migración y el control de fronteras.

La Cooperación al Desarrollo se verá también condicionada a la cooperación de los países socios en las áreas de retorno, readmisión y reintegración de sus ciudadanos. Mientras tanto, la UE está dispuesta a llegar a un acuerdo para «maximizar las sinergias y ejercer su influencia poniendo en práctica todas las políticas relevantes e instrumentos de la UE, incluidos el desarrollo y el comercio».

consenso

Un cambio alarmante

Este cambio de foco resulta alarmante y se muestra también en las nuevas propuestas para la Asociación Estratégica UE-África, que se acordaron el pasado noviembre en la Cumbre de Abidjan.

En estas propuestas, el énfasis de la Comisión Europea se puso «en el incremento de la intensidad de la cooperación en la gestión de las fronteras, en implementar medidas que gestionen los flujos migratorios en tránsito, de llegada y de salida, así como en el refuerzo de la cooperación para facilitar el regreso y la reintegración sostenible de los migrantes en situación irregular».

El pasado mes de noviembre, la Comisión Europea propuso igualmente el refuerzo de los compromisos sobre migración adoptados en el Acuerdo de Cotonú, que se renovará en 2020.

Este acuerdo tenía como objetivo la integración de las políticas migratorias externas de la UE y el desarrollo de una cooperación operativa, centrada en «mecanismos de aplicación que mejoren la cooperación en el retorno y la readmisión así como en la implementación operativa de las obligaciones internacionales para la readmisión de los ciudadanos propios que no tengan derechos legales para permanecer en la UE».

Este mismo enfoque es el que está en el centro de la propuesta de la Comisión Europea para el Plan de inversión europeo para África.

Este proyecto se presentó el pasado mes de agosto como un plan global para contener la migración de África a Europa mediante la promoción del crecimiento económico, el empleo y el desarrollo del sector privado.

La idea que subyace es utilizar los 3.350 millones de euros de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) para apoyar la inversión privada en África, estimada en 44.000 millones de euros, «como contribución clave para afrontar las causas primarias de la migración».

¿Se ha convertido la contención de la migración en uno de los principales objetivos de la UE en cooperación al desarrollo? Claramente esta postura contradice el Tratado de Lisboa, que establece que «la política de Cooperación al Desarrollo tendrá como objetivo primordial la reducción de la pobreza y su erradicación a largo plazo».

El hecho de sacrificar la ayuda al desarrollo para servir a los intereses de la migración a corto plazo llega en un momento en el que la implementación completa de la Agenda 2030 adquiere carácter urgente, especialmente si tenemos en cuenta los 750 millones de personas pobres y vulnerables, la mitad de las cuales viven en África, incluyendo los aproximadamente 20 millones en riesgo de hambruna.

En muchas zonas de África somos testigos de que la migración forzada y los desplazamientos tienen su causa en la pobreza y la injusticia, en la ausencia de gobernabilidad y estabilidad, así como en la sequía y en los accidentes medioambientales.

Son regiones en las que los niños mueren de hambre, los médicos de las áreas rurales no tienen medios para curar las enfermedades y decenas de miles de refugiados y personas desplazadas huyen de conflictos que traen la muerte y la persecución.

Cuál es la verdadera causa

Actualmente más de 65 millones de personas son desplazados que buscan un sitio donde sobrevivir.

Y no hay casi ningún debate acerca de la necesidad de ayudarles y afrontar la verdadera causa de la migración forzosa.

Sin embargo, hemos visto cómo los recursos de la ayuda al desarrollo, por ejemplo el Fondo Fiduciario de Emergencia para África, no solo se han usado para la gestión de la migración y la contención de personas en los lugares en los que se encuentran sino que también se han desviado hacia los «países que producen migrantes».

En la práctica esto supone el cierre de los programas de desarrollo en países como Namibia o Malawi. Estos programas han hecho posible que los niños asistieran a la escuela o que pudieran ir al médico, que los pequeños agricultores triplicasen sus cosechas, todo gracias al acceso a las semillas y a los microcréditos.

¿Es así como Europa tiene previsto implementar la Agenda 2030 para acabar con la pobreza y no dejar a nadie atrás?

Aunque la mayoría de los migrantes forzosos permanecen en los países o las regiones vecinas, la llegada de grupos relativamente pequeños de personas a Europa ha llevado a la puesta en marcha de una serie de medidas para impedir que los migrantes entren en el territorio europeo, si bien también para dar la bienvenida y acoger a los que han conseguido entrar.

En varios Estados miembros de la UE el coste de la recepción de los refugiados se ha cargado al presupuesto para cooperación al desarrollo, fondos reservados, precisamente, para erradicar la pobreza y la desigualdad.

En los últimos años, países como Italia o Países Bajos han gastado entre el 25-30% de sus presupuestos para la ayuda al desarrollo en el primer año de la recepción de personas que solicitan asilo.

Es justo y necesario apoyar a los refugiados que llegan a Europa. Sin embargo, cuando el país donante es al mismo tiempo el principal receptor de la ayuda al desarrollo, ¿no estaremos haciendo las cosas al revés?

Es importante que nos demos cuenta de que la mejora de los controles fronterizos no va a resolver las verdaderas causas de la migración forzosa y los desplazamientos.

La cooperación al desarrollo y la AOD no deberían usarse, por lo tanto, para acometer los objetivos en materia de migración.

De hecho, la ayuda al desarrollo tiene su propio papel para conseguir que los Objetivos de Desarrollo Sostenible sean una realidad mediante la promoción de transformaciones sostenibles a largo plazo que beneficiarán a todos y, muy especialmente, a las comunidades y países más pobres del mundo.

Bob van Dillen  es Oficial de políticas y advocacy de Cáritas Europa


Súmate a la campaña #VenidYa

http://www.oxfamintermon.org/minisites/venidya/shared-counter.html

#VenidYa es una campaña con el objetivo de que España cumpla su compromiso y acoja a 17.387 personas refugiadas

  • 20 Junio – 1.499 reasentadas de Turquía, Líbano o Grecia que tienen que llegar antes del 20 de julio de 2017.
  • 26 Septiembre – 15.888 reubicadas de Italia o Grecia que tienen que llegar antes del 26 de septiembre de 2017.

A pesar de las campañas, movilizaciones y del respaldo de una gran parte de la ciudadanía, el Gobierno español no está cumpliendo sus compromisos y en marzo de 2017 solo había acogido a un 6% de los refugiados.

Exigimos que se respete el Derecho Internacional, los Derechos Humanos y los compromisos asumidos. Una manera de exigirlo es mediante un contador de tiempo con cuenta atrás que muestra los días, horas, minutos y segundos que quedan hasta la fecha final del 26 de septiembre.

Todas las entidades, organizaciones y plataformas que se sumen a la iniciativa, comparten el contador de tiempo como un elemento común, y están de acuerdo en exigir que se cumpla el compromiso de acogida del Gobierno español.

 


Eslabones de la cadena: trabajadoras en el sistema de producción global

Este 1º de mayo, día del trabajo, las organizaciones sindicales del mundo, los y las trabajadoras por todo el globo, y la sociedad civil afín, han salido a las calles a reivindicar empleo estable, mejores salarios, pensiones dignas y más protección social, como pilares para un desarrollo sostenible e inclusivo. Éste lema, alineado con la recientemente adoptada Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, entre cuyos objetivos y metas se encuentran la protección social, el empleo decente, la igualdad de género, la eliminación de la pobreza y la reducción de las desigualdades, ha protagonizado las movilizaciones en España, y en muchas otras latitudes del planeta.

La vocación internacionalista y solidaria de las organizaciones sindicales permite que las reivindicaciones realizadas en un país, sean también representativas de las demandas de las y los trabajadores de otros puntos del globo. Así, el 1º de Mayo permite solidarizarse con aquéllos y aquéllas trabajadoras menos visibles, menos representadas y organizadas, en concreto, las personas insertas en las cadenas de valor mundiales[i], o cadenas mundiales de suministro[ii], sobre las que se producen constantes violaciones de sus derechos más básicos, no sólo laborales, sino humanos. En este ámbito, queremos centrar la mirada, con un enfoque de género basado en derechos humanos, sobre las mujeres y niñas que trabajan en estas cadenas, muchas veces en condiciones de explotación infantil, llegando a la esclavitud.

Las cadenas mundiales de suministro (CMS) emergen a finales de los años 60, con la crisis de beneficios de las empresas, que provoca un movimiento de deslocalización de la producción de los países desarrollados a los países en desarrollo, creándose un régimen de producción y distribución con un sistema descentralizado de redes que atraviesa países y continentes. Los países en desarrollo facilitaron ese movimiento, incentivándolo a través de legislaciones laborales débiles y sistemas de protección social muy limitados, lo que ha tenido un impacto muy negativo en el desarrollo sostenible, y sobre la igualdad de género.

El factor principal que originó este movimiento fue y sigue siendo la diferencia salarial entre unos países y otros. Si además tenemos en cuenta no sólo las diferencias salariales (brecha salarial) existentes entre hombres y mujeres, sino también la división sexual del trabajo, con la segregación laboral[iii] vertical[iv] y horizontal[v], y la invisibilización de las tareas de cuidado y de reproducción, como características estructurales del sistema, es fácil adivinar que las mujeres trabajadoras son las que mayormente se han visto afectadas por la expansión de las cadenas de suministro, precarizándose drásticamente sus condiciones de vida y trabajo.

En los últimos 20 años este modelo se ha expandido, adoptando políticas laborales flexibles,  formas menos seguras de empleo, y trabajo precario. ¿Cuál ha sido el impacto sobre las economías de los países en desarrollo? Su integración en las cadenas de suministro no ha supuesto un mayor desarrollo sostenible ni inclusivo, más bien lo contrario. La industria extractiva en África (similar fenómeno se da en América Latina) supone la retirada a amplia escala de los recursos naturales del continente para su exportación, generalmente por y para el beneficio de empresas del Norte. A pesar de que este tipo de industrias jueguen un papel muy importante en África, en realidad crean un empleo marginal, sólo para unos pocos trabajadores y trabajadoras, muchas veces expatriados desde los propios países de las empresas madre.

Otra problemática conexa es la informalización del mercado de trabajo. En algunos países en desarrollo, más del 90% de la población activa se encuentra en la economía informal.  Las condiciones de trabajo son a menudo peligrosas, con salarios por debajo de los mínimos legales, y con inadecuada o inexistente protección social. Esta situación se agrava entre las trabajadoras que prestan sus servicios desde casa (homeworkers), modalidad muy extendida en Asia,  como forma de producción para las cadenas de suministro en la industria del vestido y calzado. Estas mujeres soportan todos los costes y riesgos de su trabajo, se encuentran aisladas, y sus salarios son muy a menudo arbitrarios.

Las industrias donde se encuentran estas trabajadoras son principalmente el textil y confección (vestido y calzado), donde representan más de ¾ partes del sector, con niveles elevados en los países en desarrollo, 90% en Camboya, 85% en Bangladesh, 70% en China y 63% en Jordania. En el sector Turismo, las mujeres constituyen el 70 % de la mano de obra, sobretodo en puestos de nivel inferior. Respecto a la agricultura y floricultura,  aproximadamente el 45%, con trabajadoras poco o nada calificadas en granjas y plantaciones en África, Asia, Europa Oriental y Central y América del Sur. En los call-centers, las mujeres constituyen un 50% de la población activa en el sector.

Su trabajo se caracteriza por ser precario, es decir, temporal, ocasional, parcial, peor remunerado e invisibilizado. La falta de protección social, en particular de los derechos de maternidad de estas trabajadoras es generalizada, lo que provoca despidos por embarazos, e incluso abortos forzados. Además, los efectos de largas horas de trabajo, cargas excesivas y cortos plazos de entrega de los productos, provocan graves consecuencias sobre su salud, tanto física como psíquica. Estas situaciones se dan en condiciones de trabajo inseguras, por insalubridad de las instalaciones, hacinamiento y peligros en los centros de trabajo, que han llegado a provocar graves incendios y derrumbes, como el sucedido en el Rana Plaza de Bangladesh en noviembre de 2012, con la muerte de miles de trabajadoras.

Un fenómeno aún menos conocido es el Sumangali[vi], expresión en dialecto indio que significa “mujer felizmente casad”. Se trata de “la contratación de menores de 18 años, en general de 15 a 18 años, pero también en algunos casos de 12 a 15, habitualmente por un plazo de 3 años (que puede llegar a 5), con salarios por debajo de los mínimos fijados por la legislación india, que viven aisladas en fábricas alejadas de los núcleos habitados, con la promesa de una cuantía económica, “dote”, que percibirán al termino de su contrato a fin de que “puedan” contraer matrimonio y vivir “felizmente casadas” (I.Boix y V. Garrido, Secretaría de Internacional de Industria de CCOO y Coordinación en IndustriALL para el Acuerdo Marco con INDITEX).

Frente a nociones como la Responsabilidad Social Corporativa, sistema completamente voluntario del que se dotan algunas empresas, existen otro tipo de mecanismos que tratan de regular la actividad de las empresas multinacionales, guiándolas hacia el respeto a los derechos humanos en su actividad. Se trata de las Líneas Directrices de la OCDE para Empresas Multinacionales[vii], y de los Principios rectores sobre empresas y derechos humanos de las Naciones Unidas[viii]. Sin embargo también presentan limitaciones, en base a su falta de vigencia global, y ausencia de eficacia y facilidad en los procedimientos de denuncia ante violaciones de derechos. Otro tipo de mecanismos eficaces son los Acuerdos Marco Globales, negociados entre los sindicatos mundiales (federaciones Internacionales) con las empresas multinacionales para la rendición de cuentas de estas últimas sobre las condiciones laborales en sus operaciones globales. Normalmente estos acuerdos se encuentran basados en los principios y normas de la OIT, e incluyen procedimientos a seguir en caso de violaciones de derechos. Sin embargo, su obligatoriedad depende aún de la voluntad de la empresa de comprometerse en ello.

Tanto desde las NNUU[ix] como desde la OIT[x] se están promoviendo debates que tratan de guiar la acción hacia la adopción de un Tratado, en el caso de NNUU, y de un Convenio o Recomendación, en el caso de la OIT, sobre las empresas multinacionales y su actividad a través de las cadenas globales de suministro, para garantizar el respeto de los derechos humanos. Tanto las NNUU como la OIT parten del reconocimiento de graves fallos a todos los niveles de las cadenas de suministro que han provocado graves déficits de trabajo decente, en particular para las mujeres trabajadoras. Durante estas discusiones se ha subrayado que:

  • Los gobiernos deben promover el diálogo social, la libertad de asociación y la negociación colectiva entre las organizaciones sindicales de personas trabajadoras y las empresas.
  • Los agentes sociales deben comprometerse en iniciativas concretas, que crucen las fronteras, y que sean vinculantes, como los Acuerdos Marco, y las empresas deben llevar a cabo sus actuaciones con la debida diligencia vis a vis de los derechos humanos.

Más amplias discusiones serán necesarias hasta lograr el compromiso de todas las partes implicadas, gobiernos, empleadores y personas trabajadoras y sus organizaciones, en la adopción de un instrumento internacional vinculante que haga frente a esas violaciones de derechos humanos. En paralelo, la promoción y garantía de la libertad de asociación entre personas trabajadoras, en particular de las mujeres, y su coordinación en redes internacionales es clave para que su voz se haga oír, y sea respetada.  Los enfoques participativos para involucrar a los/as trabajadores/as en la discusión y el diálogo, incluyendo la negociación colectiva y las políticas de recursos humanos, son cruciales para hacer frente a las violaciones de derechos humanos en las cadenas de suministro.

Las organizaciones sindicales, como legítimas representantes de trabajadores y trabajadoras, a través del diálogo social[xi] y de la negociación colectiva, son un mecanismo útil y eficaz en la consecución de mayor reconocimiento y protección de derechos. Es por tanto que se necesitan organizaciones sindicales fuertes y democráticas, donde las trabajadoras estén adecuadamente representadas, para defender sus derechos, luchar contra la discriminación y alcanzar mayores cotas de igualdad.

Ofelia De Felipe Vila, Instituto Paz y Solidaridad de la Fundación 1º de Mayo de CCOO, Grupo de Género de la Coordinadora de ONGD

[i] Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT): “La fragmentación de los procesos de producción y la dispersión internacional de sus tareas y actividades han hecho surgir sistemas de producción carentes de fronteras en forma de cadenas secuenciales o complejas redes de carácter mundial, regional o bilateral. Estos sistemas suelen denominarse “cadenas de valor mundiales”.

[ii] Según la OIT: “Por “cadena mundial de suministro” se entiende toda organización transfronteriza de las actividades necesarias para producir bienes o servicios y llevarlos hasta los consumidores, sirviéndose de distintos insumos en las diversas fases de desarrollo, producción y entrega o prestación de dichos bienes y servicios”.

[iii] La segregación laboral tiene su origen en la división sexual del trabajo : las mujeres tradicionalmente han ocupado el espacio privado y desarrollado tareas y actividades en este marco, como el cuidado y la atención de otras personas, el mantenimiento del hogar y de los pequeños cultivos incorporados a la vivienda, la provisión de elementos necesarios como el agua y la leña, etc, mientras que los hombres se han dedicado de forma general al trabajo productivo, en el espacio público, lo que implica tanto los trabajos remunerados como la actividad política y social.

[iv] La “segregación vertical”, se refiere a la desigual distribución de mujeres y hombres en las posiciones jerárquicas dentro del mismo sector ocupacional e incluso dentro de las mismas empresas, tendiendo las mujeres a ocupar los puestos de menor escala jerárquica o funcional, y consecuentemente recibiendo los salarios más bajos.

[v] La “segregación horizontal” hace referencia al grado en que mujeres y hombres se encuentran en diferentes sectores de actividad o sectores ocupacionales. Se observa como los sectores en los que se concentran la mayoría de mujeres se caracterizan por brindar pocas oportunidades de promoción profesional, peores remuneraciones y menor prestigio social.

[vi] Ver Informe “Sumangali: una manifestación de brutal explotación laboral” por Isidor Boix y Víctor garrido, de la Secretaría de Internacional de Industria de CCOO y Coordinación de Industriall para el Acuerdo Marco con Inditex: http://www.industria.ccoo.es/cms/g/public/o/6/o112716.pdf

[vii] Ver sitio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico: https://www.oecd.org/daf/inv/mne/MNEguidelinesESPANOL.pdf

[viii] Ver sitio web de Naciones Unidas: http://www.ohchr.org/documents/publications/guidingprinciplesbusinesshr_sp.pdf

[ix] Resolución del Consejo de Derechos Humanos de 2014 para la elaboración de un instrumento internacional legalmente vinculante para las empresas transnacionales en materia de derechos humanos, ver sitio de NN: http://ap.ohchr.org/documents/dpage_e.aspx?si=A/HRC/RES/26/9

[x] Comisión para el Trabajo Decente en las Cadenas mundiales de suministro, ver sitio de la OIT: http://www.ilo.org/ilc/ILCSessions/105/committees/supply-chains/lang–es/index.htm

[xi] “El diálogo social como motor e instrumento de gobernanza del desarrollo Sostenible”, documento temático de la OIT y CSI: http://www.ituc-csi.org/IMG/pdf/tudcn_issue_paper_-_social_dialogue_development_es.pdf

 

 


22 de abril: Celebrar la diversidad…

Este sábado 22 de abril hemos ¿celebrado? el día de la Tierra. Los problemas socio-ambientales que están afectando la vida de nuestro planeta, nuestra casa Común, y la vida de millones de personas, nos colocan delante de un desafío fundamental que dificulta esta celebración: asumir cambios profundos en nuestra forma de vivir y en nuestro modelo económico.

Durante los meses de marzo y abril, la Campaña SI CUIDAS EL PLANETA, COMBATES LA POBREZA, desarrollada por la alianza Enlázate por la Justicia (Cáritas, Confer, Justicia y Paz, Manos Unidas y Redes (Red de Entidades para el Desarrollo Solidario)), ha venido poniendo el foco en el punto 4 de su Decálogo Verde, donde se lanza la invitación “Apreciarás la diversidad de nuestro mundo”.

Guacamayo rojo en la amazonia peruana, en peligro de extinción.

Porque lo propio de este mundo es la diversidad y la pluralidad. Ahí está también la riqueza de nuestra familia humana, una sola familia pero extraordinaria en las múltiples formas de entender la vida y de buscar caminos de convivencia. Esto también sucede con las otras formas de vida con las que compartimos esta Casa. La diversidad de especies, cada una con un valor en sí misma, es lo que permite la vida. Todo está conectado; por eso, preocuparnos en preservar y cuidar de la biodiversidad que nos rodea es defender las posibilidades y las condiciones de vida para todos.

¿Qué mejor manera de honrar a la Tierra en su día que exhortar a proteger la diversidad en el planeta ante el peligro de perderla?.

No se trata de falso alarmismo: según los informes de la ONU, actualmente se pierden del orden de 150 especies animales por día. Más allá de la frialdad de los datos, lo cierto es que las estadísticas nos hablan de una realidad evidente y de que muchas de las especies animales y vegetales desaparecen sin que hayamos llegado a conocerlas, con todo su caudal de información y conocimiento que ya no será posible aprender.

Como se señala en la encíclica Laudato Sí´, “la inmensa mayoría se extinguen por razones que tienen que ver con alguna acción humana. Por nuestra causa, miles de especies (…), no podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho” (LS 33).

MIRAR MÁS ALLÁ DE LO INMEDIATO

En un mundo en el que estamos habituados a disponer de casi todo de forma ilimitada y fácil, de obtener recursos o beneficios tanto particulares como públicos de manera inmediata, este principio del Decálogo Verde nos interpela sobre el poco interés que mostramos acerca de cuáles son los efectos de esos hábitos sobre otros o en el futuro del planeta. De ahí la urgencia de entender que el cuidado de los ecosistemas supone mirar más allá de lo inmediato y que, cuando solo se busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente su preservación (LS 36).

EFECTOS GLOBALES DE LA ACCIÓN LOCAL

Aparte del impacto medioambiental que se está produciendo sobre los grandes ecosistemas terrestres, como pueden ser el deterioro de los grandes bosques tropicales o el retroceso de los hielos polares, la Campaña pone también el foco en sucesos que tiene lugar muy cerca de nosotros, como la reducción alarmante de la población de los gorriones o de las abejas, o la progresiva degradación de ecosistemas agrícolas como la Vega de Granada, las huertas murciana y valenciana, que desaparecen ante nuestra indiferencia y hasta con nuestra participación. Estos cambios tienen consecuencias que van más allá del daño aparente, ya que afectan a los espacios, a las personas y a los seres vivos, a la sostenibilidad global del planeta, que se traduce, por ejemplo, en el desplazamiento obligado de seres humanos de sus lugares de origen por la desaparición de sus medios de vida ancestrales y sus fuentes de recursos.

Es importante tomar conciencia de la cuota de responsabilidad que tenemos en este proceso y no seguir descargándola únicamente en las decisiones de los responsables públicos o de los grandes directivos de empresas. Nuestras opciones como ciudadanos y nuestras acciones o hábitos cotidianos también tienen consecuencia, debido al “misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas” (LS 20). Conviene no olvidar que está en nuestras manos corregir o cambiar el rumbo de las cosas y fortalecer nuestra conciencia como reservorio de esperanza a través de la coherencia personal.

VOCES QUE CLAMAN

Entre los materiales editados para difundir el contenido del Punto 4 del Decálogo Verde, se incluye el testimonio de César Tánguila, representante del pueblo Kichwa de Ecuador, quien reclama que cesen los “saqueos de nuestra Amazonía”.

“A nosotros –explica— nos duele que nuestra identidad se esté perdiendo, nos perjudica la petrolera, la minería, la maderera y otros asuntos más de los jóvenes, en los que nuestra cultura también está involucrada. Toda esta identidad se pierde, esta manera se pierde”.

Para este indígena de la Amazonía, “debemos luchar entre todos, entre todos hacemos pueblo, sin la unión no hay fuerza, por eso cada uno de nosotros, pensemos, razonemos, pongamos la mano en el pecho para defender nuestro medio ambiente sin contaminación, porque hasta el momento unos pocos tenemos los recursos sanos y otras partes de las comunidades son afectadas y solo queda la miseria”.

“Ya no más saqueos de nuestra Amazonía”, añade César. “Nuestros antepasados, ellos no fallaban, eran los antropólogos, los científicos, los astrólogos, desde la naturaleza nos enseñaban a vivir, a saludar, a compartir, a vivir la cultura, la cosmovisión y eso era la espiritualidad. Por eso es necesario valorar para que nuestra identidad no se pierda, para que estos valores fortalezcan nuestra vida, porque sin la cultura no hay vida”.

[Los materiales de la campaña están disponibles en www.enlazateporlajusticia.org]

 

Equipo sensibilización Enlázate por la Justicia

 “Si Cuidas el planeta, combates la pobreza”


Una lectura feminista en el día del libro

Ana Fernández Moya, Vocal de Género de la Coordinadora. Integrante del Grupo de Género de la Coordinadora.

“Reconocer nuestra propia invisibilidad significa encontrar el camino hacia la visibilidad” Mitsuye Yamada

Son muchas las mujeres que la Historia (esa Historia escrita con mayúsculas, la que a fuerza de opresión y dominio escriben los hombres con el aplomo y la seguridad que les da el saberse dentro de un sistema que les premia y recompensa a ellos, al tiempo que las excluye y niega a ellas) ha invisibilizado a lo largo del tiempo. Estas mujeres han sido apartadas (antes y ahora, aquí y allí) del discurso dominante en prácticamente (si no todos) los sectores de la sociedad.

Son mujeres que, en el mejor de los casos, han pasado al discurso oficial; casi siempre entre paréntesis, como excepciones al gran elenco de nombres masculinos que dominaba y domina todas las hojas de los libros de Historia. Y, el mundo de la literatura, no permanece (por desgracia) ajeno a este status quo. La literatura, uno de los pilares que conforman el patrimonio cultural, tan importante para el progreso y el avance de sociedades avanzadas, ha relegado (y sigue haciéndolo) a las mujeres a los márgenes.

Para aquellas personas incrédulas, propongo un experimento. Vayamos a cualquier clase de cualquier colegio y preguntemos al alumnado de 14 años en adelante nombres de escritores estudiados en sus libros de texto de literatura.  Acto seguido, formulemos la misma pregunta, pero esta vez con escritoras. Compartamos los resultados obtenidos y preguntémonos el porqué de dicha realidad. ¿Acaso no existen, no hay?

Partiendo del hecho inequívoco de que haberlas haylas, cabe preguntarse por qué su número es inferior al de los hombres y por qué las que hay no pasan al relato oficial, al relato normalizado.

En el primer caso, podemos decir que las oportunidades que han tenido las mujeres nunca han estado en igualdad de condiciones con respecto a las de los hombres. Los roles asignados a cada sexo a lo largo de la Historia han hecho que se vinculara a las mujeres con el espacio privado, doméstico (hogar y cuidados), y los hombres, al espacio público, es decir, al que aporta reconocimiento social. Asimismo, el hecho de poder dedicarse al mundo de las letras, hace que previamente las mujeres hayan podido tener acceso a una educación; algo que puede suponer una obviedad no lo es tanto para miles y miles de niñas que incluso hoy día, en muchas zonas del mundo, se ven privadas de dicho derecho simplemente por ser niñas. Niñas que, en muchos países actualmente, ven que no pueden continuar sus estudios porque se ven sometidas a matrimonios forzados, a embarazos precoces, al cuidado de sus familiares o a las decisiones de unos padres que prefieren priorizar la educación de los miembros varones, dentro de un largo etcétera. Reflexionar sobre todo ello es uno de los eslabones necesarios si queremos coeducar para crecer en igualdad.

En el segundo caso, cabe preguntarse cómo es posible que habiendo mujeres sobresalientes en absolutamente todos los campos del saber y, en concreto en este caso de la literatura, no pasen a formar parte del discurso oficial, de la Historia que las conoce y reconoce como grandes aportadoras al bien público que es la cultura. Aquí cabría preguntarse quién escribe esa Historia, esos renglones firmes que dejan como legado del patrimonio cultural solo y exclusivamente a los hombres. Las mujeres, si acaso, bajo algún pseudónimo y siempre en los márgenes.

Todo este descrédito y no reconocimiento de los aportes que las mujeres han hecho a todos los campos del saber, y en este caso particular a la literatura, no es otra cosa que violencia simbólica, violencia institucional de género. Las consecuencias de esta violencia, en el campo literario, son múltiples, pero una de las más importantes podríamos decir que es la ausencia de referentes femeninos. Parafraseando la mítica cita “Lo que no se nombra no existe”, podríamos decir que “lo que no se narra no existe”.

Pizan

Christine de Pizan

Para finalizar quería homenajear en este Día del Libro a Christine de Pizan, la que es considerada como la primera escritora profesional de la historia, además de filósofa y poeta humanista de finales del S.XIV y principios del XV.

Suya es la obra “La ciudad de las damas”, considerada como precursora del feminismo contemporáneo. Se trata de un texto a favor de la mujer, así como una crítica a la misoginia que dominaba la época. A través de una colección de historias de heroínas del pasado conforma una genealogía femenina. En el libro crea una ciudad donde las mujeres son consideradas ciudadanas, tienen sus espacios y toman sus decisiones.

Siglos más tarde, Simon de Beauvoir se referiría a ella con las siguientes palabras: “la primera vez que vemos a una mujer tomar su pluma en defensa de su sexo”

En este Día del Libro, reflexionemos sobre este gran legado invisibilizado por la Historia en mayúsculas y animémonos a leer en los márgenes, a leer en esa historia en minúsculas (pero no por ello menos importante) para así revertir tendencias y que puedan ser conocidas y reconocidas como merecen. Sin ellas, la historia no está completa. Sin ellas, nos falta la otra mitad del relato.


El wallapop de Mariano

El wallapop de Mariano

No uso Wallapop, pero, como la mayoría de quienes estéis leyendo esta primera línea, sé para qué sirve. No es el tema del post, pero llama la atención cómo ha conseguido convertir la segunda mano en algo “cool”, muy lejos de ideas como que comprar lo que otra persona había usado era de “pobres” o de “perroflautas solidarios”. Curiosa su contribución a algo que huele a fomento del consumo responsable, aunque el sistema, como suele hacer siempre, lo absorbe todo y cada vez estemos más en “compra de todo que ya si eso lo vendes” que “compra poco que así salvaremos el planeta”.

Vuelvo al tema central del post. Conocemos de sobra el eslogan de Wallapop: “si no te gusta, súbelo”. Es decir, que cojas cualquier cosa que hace años que no usas, que tienes olvidada en el altillo, el fondo de un armario, el garaje, el sótano, el trastero o cualquier lugar al que no sueles acceder con frecuencia y lo pongas en su aplicación para ver si alguien lo quiere. Es decir, es una herramienta para deshacerse de trastos, armatostes, cachivaches, chismes y bártulos. Concretamente de la sopera y cuencos pintados a mano que te regalaron tus suegros cuando te casaste, los patines que un día te compraste pensando en que a partir de ese momento irías por la ciudad sobre ruedas y que no te has puesto ni una sola vez, la guitarra que aquel verano empezaste a tocar pero que la última vez que afinaste fue en agosto de 1997, o la bicicleta estática con la que ibas a hacer kilómetros y kilómetros porque tú no eres de los que van al gimnasio. Cosas típicas de casas de la gente de a pie.

Pero, imaginad por un momento: ¿qué subiría Mariano Rajoy si tuviera Wallapop? ¿Algún regalo de Elvira desacertado? ¿Sobres? ¿Un disco duro borrado chorrocientas veces? ¿Algo que se dejó Zapatero olvidado en Moncloa el día que se mudó? ¿Algún recuerdo de Aznar? ¿La última foto con Ignacio González?

Podría ser, pero no. Lo más probable es que subiera cualquiera de las políticas que tienen que ver con lo social o con el medio ambiente. Si pudiera (creedme, lo he intentado pero te lo bajan) subiría la Ley de Dependencia, la política de cooperación o la lucha contra el cambio climático. Para el gobierno que preside esos son los trastos de los que deshacerse: el planeta y las personas, especialmente los más vulnerables. Y si no me creéis, ahí van algunos ejemplos del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para este año que he ido recopilando en los últimos días:

– Cooperación al Desarrollo: Entre 2008 y 2015 el presupuesto para la solidaridad internacional ha caído un 73,5%, quedándose este año en el 0,13%, muy lejos del 0,46% de 2009.
– Cambio climático: el presupuesto para la prevención del cambio climático ha caído desde los 49,5 millones de 2016 a los 27,6 de este año.
– Dependencia: aunque esta partida ha aumentado en 100 millones respecto a 2016, el recorte acumulado desde 2011 asciende a 3.000 millones de euros.
– Memoria Histórica: en 2017 cero euros a este tema. Igual que en 2013, 2014, 2015 y 2016.
– Sanidad: el presupuesto de sanidad aumenta un 2,3% (4.093 millones), aunque se queda lejos de los 4.263 millones que se destinaron en el año 2011.
– Educación: el presupuesto de educación asciende a 2.525 millones (una subida del 1,7%), muy lejos de los más de 3.000 que se destinaban antes de los años de los recortes.
– Parques Nacionales: el presupuesto destinado a la Red de Parques Nacionales se reduce un 23%, quedándose en 33 millones de euros, muy lejos de los 47 de 2015.

Os dejo los datos en formato imagen por si os gustan más.

Por tanto, presupuestos ni sociales ni ambientales. Y eso que hemos ratificado el Acuerdo de París y la economía va viento en popa según nos cuentan. Si es que nos encanta quejarnos.

¿Y qué hacemos? Si os digo la verdad, no tengo ni idea (más bien nada nuevo que no se haya dicho hasta ahora). Si alguien tiene la respuesta o cree tenerla que lo diga, o quizá el próximo sábado, en Futuro en Común, surja alguna idea. Ojalá.

 

Jorge Castañeda, activista


América Latina, la región más desigual del mundo

Un nuevo informe “El escándalo de la desigualdad: las múltiples caras de la desigualdad en América Latina y el Caribe” desvela que la región combina diferentes tipos de exclusión que hacen que más de 30 millones de personas estén en riesgo de volver a la pobreza por el aumento de los índices de desigualdad interna.

Alcanzar un desarrollo sostenible no será posible en América Latina si la situación continúa como hasta ahora. Muchas de las cifras macroeconómicas de los países de la zona muestran reactivación en la economía pero la concentración de la riqueza en pocas manos es cada vez mayor, generando una sociedad excluyente donde la mayoría de la población queda al margen de los servicios y las oportunidades.

La desigualdad tiene muchas caras; la identidad racial y étnica, el acceso al poder y a los puestos de representación política, la justicia fiscal, el trabajo digno y el acceso a la energía. Estas son las diferentes facetas de la vida que han sido analizadas en este informe de InspirAction, que nos demuestran cómo no podemos medir únicamente en términos financieros, sino que necesitamos hablar de la capacidad de las personas para ejercer sus derechos y de las políticas que rigen en sus países que les permiten tener igualdad de oportunidades.

En el eterno debate sobre si la cooperación al desarrollo debería destinarse a países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, el índice de desigualdad nos da la respuesta; la inmensa necesidad de destinar recursos a acabar con las diferencias injustas por motivos de raza, género, situación económica o la ubicación geográfica.  Si la nueva definición de agenda internacional, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, han colocado la igualdad global en el centro del desarrollo, está claro que trabajar para minimizar las desigualdades es tarea necesaria para la cooperación, y con más razón para quienes tenemos lazos históricos de vinculación con América Latina.

Sin duda quienes soportan el mayor peso de la desigualdad en la región son las mujeres. Desde las diferentes ópticas, las mujeres son quienes tienen menos oportunidades de acceder a trabajos dignos, quienes se ven más afectadas por el cambio climático, quienes más sufren la violencia de forma directa. América Latina es una de las regiones más violentas del mundo, en particular para las mujeres. De los cinco países más peligrosos para las mujeres cuatro están en la región y El Salvador es el país con la mayor tasa de homicidios de mujeres en el planeta.

Llama la atención también cómo una de las regiones más diversas racial y étnicamente, con más de 44,8 millones de indígenas y 150 millones de personas de ascendencia africana, prevalezca la discriminación y el racismo y sea este 30% de la población de América Latina quienes menos ingresos tiene y accede de forma más irregular a la educación y a los diferentes servicios públicos.

De igual forma una de las mayores necesidades de la región es la revisión de su sistema fiscal. Esta herramienta es clave para reducir la desigualdad mediante una tributación adecuada y progresiva, sin embargo Latinoamérica es una de las regiones con menor recaudación de impuestos, apenas el 27% del PIB. Además conviven con unas pérdidas anuales de 190.000 millones de dólares que se escapan mediante la evasión y la elusión fiscal. Esos ingresos podrían jugar un papel determinante en la lucha contra la pobreza convirtiéndose en inversión social que garantice servicios públicos adecuados para la población.

Ante esta realidad las ONGs, los movimientos sociales, la sociedad civil en su conjunto tenemos la obligación de exigir cambios y denunciar desigualdades. Es preciso trabajar para que nadie se quede atrás y el desarrollo sea equitativo para todas las personas, desmontando la desigualdad en todas y cada una de sus caras.

Corina Mora Torrero.  InspirAction.