Terremoto en #Nepal: la ayuda inmediata

Terremoto en #Nepal: la ayuda inmediata es esencial para salvar vidas http://www.coordinadoraongd.org/contenidos/terremoto-en-nepal-la-ayuda-inmediata-es-esencial-para-salvar-vidas


¿Es inocua nuestra alimentación?

La Organización Mundial de la Salud ha elegido como tema del Día Mundial de la Salud 2015 la inocuidad de los alimentos. En la presentación del DMS se explica que los alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades diferentes y son responsables de unos 2 millones de muertes cada año.

La inocuidad de los alimentos así entendida, en su sentido estricto, es un tema muy relevante de salud pública. Todavía tenemos en la memoria algunas crisis impactantes, como la del aceite de colza deCartel OMS_alimentos inocuossnaturalizado, la de las vacas locas o la de los pepinos en Alemania hace poco más de tres años. En cada caso se produjeron muertes y mucho sufrimiento asociado a esas situaciones de falta de inocuidad de los alimentos.

La OMS apunta a la “cada vez más evidente necesidad de reforzar los sistemas que velan por la inocuidad de los alimentos en todos los países”, por lo que el Día Mundial de la Salud 2015 se orienta a “fomentar medidas destinadas a mejorar la inocuidad de los alimentos a lo largo de toda la cadena, desde la granja hasta el plato”. Pero, ¿qué ocurre después del plato? ¿Es suficiente con garantizar que los alimentos que llegan al plato no contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas?

Sería conveniente tener una visión más amplia de la inocuidad de los alimentos. Si seguimos la definición que nos da la Real Academia de la Lengua, es inocua aquella alimentación que no hace daño. Y si miramos los daños que está produciendo nuestro sistema alimentario, difícilmente podríamos hablar de inocuidad. La obesidad está adquiriendo unas dimensiones desproporcionadas, hasta el punto de ser catalogada como uno de los grandes problemas actuales de salud pública, una pandemia con un coste asociado de más de dos billones de dólares al año, que se va incrementando año a año.

No es casual que en los últimos cuatro años The Lancet haya publicado dos series dedicadas a la obesidad, una en agosto de 2011 y otra a comienzos de 2015. Los expertos la consideran el mayor factor causal de carga de enfermedades prevenibles en muchas regiones, incluso por delante del tabaco. Los datos que aportan apuntan a unos 1.500 millones de personas con sobrepeso y más de 500 millones con obesidad. Su repercusión en la salud es muy alta, ya que está relacionada con el 80% de los casos de diabetes, con el riego de padecer hipertensión, colesterol alto, diversos tipos de cáncer, etc.

Es más fácil ganar peso que perderlo

El análisis del conjunto de factores determinantes de la obesidad es muy complejo, pero las investigaciones señalan que la creciente disponibilidad de alimentos altamente calóricos más baratos junto a las potentes fuerzas económicas que impulsan su consumo –con un marketing más generalizado y persuasivo– conducen inevitablemente hacia el sobre-consumo y la obesidad.

Las campañas de publicidad –incluso dirigidas a público infantil– relacionadas con productos que pueden ser nutricionalmente dañinos parecen no tener límites; los requerimientos a dichos productos desde un punto de vista de salud y nutrición se nos antojan muy laxos. Los poderes públicos responsables deberían analizar el coste humano, de salud e incluso económico que tiene el hecho de no regular adecuadamente la utilización de ingredientes no saludables en la producción de alimentos. No solo deberían pensar cómo estimular a los consumidores hacia dietas más saludables sino también cómo pueden incentivar a la industria alimentaria para que produzca alimentos más saludables (o como desincentivarla para que no produzca tantos alimentos no saludables).

Hace ya varios años, el entonces relator especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, señalaba que nuestros sistemas alimentarios son “obesogénicos”, generadores de obesidad y que, al ritmo que vamos, en 2030 se producirían 5 millones de muertes de personas menores de 60 años como consecuencia de enfermedades no transmisibles relacionadas con el consumo de una dieta no saludable, es decir, más del doble de las muertes que se producen por el consumo de alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas.

En este Día Mundial de la Salud 2015 convendría que tuviéramos una mirada más amplia, más inteligente, más crítica sobre la inocuidad de los alimentos y que, a partir de ella, se generaran las respuestas políticas adecuadas. La falta de acción de los poderes públicos en este sentido se podría considerar un incumplimiento de sus obligaciones de proteger y garantizar los derechos humanos a la salud y a la alimentación.

José Mª Medina Rey, director de PROSALUS


#Salud: 445 millones de entradas en 0,45 segundos #AED2015 #EYD2015

Atención sanitaria operativos Mosctha 2013 web¿Qué significa salud? Su búsqueda arroja 445 millones de entradas en 0,45 segundos

  • En el Año Europeo del Desarrollo no podemos olvidar que más de la tercera parte de la población mundial no tiene todavía acceso regular a medicamentos esenciales para salvar su vida.
  •  Se ha logrado que 2.300 millones de personas tengan acceso a agua potable pero aún hay 2.500 millones que carecen de servicios sanitarios básicos.
  •  Los datos de la OMS y la ONU reflejan ciertas mejoras logradas, a pesar de ello, sólo uno de los ocho objetivos fijados se ha cumplido hasta la fecha.

Hablar de salud, y más de salud mundial, es un tema amplio y complejo, abarcable desde muchas vertientes. ¿Qué significa salud? Si tecleamos la palabra en Google su búsqueda arroja 445 millones de entradas en  tan sólo 0,45 segundo.

 

Este 2015 ha sido designado por la Unión Europea como el Año Europeo del Desarrollo y abril el mes dedicado a la salud. Con esta iniciativa se pretende evaluar y hacer un mayor hincapié en la cooperación internacional, implicar y demostrar a los ciudadanos que es posible cambiar la situación actual y resaltar que todos debemos tener un papel importante en este logro.

Más allá de esta iniciativa, el 2015 es un año importante porque se cumple el plazo de vencimiento -y no con los mejores resultados- de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs). Los ODMs se establecieron en el año 2000 por los 189 países miembros de las Naciones Unidas durante la Declaración del Milenio. Las metas planteadas incluían aspectos como la erradicación de la pobreza extrema, la igualdad en la educación, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente o la reducción de la mortalidad materno-infantil y de enfermedades como VIH/Sida y Malaria, entre otras.

Los datos de la OMS y la ONU reflejan que solo se había cumplido en el año 2000 el objetivo de cumplir al 50% el número de personas que pasan hambre en el mundo. Sin embargo, 1.200 millones de personas siguen viviendo en situación de pobreza y una de cada nueve pasa hambre.

El cuarto ODM tenía como meta reducir en un 75% la mortalidad de los niños menores de 5 años. Los indicadores demuestran que la mortalidad infantil ha disminuido pero no lo suficiente como para que este objetivo se pueda cumplir a tiempo. Hasta el momento, 6 millones de niños menores de 5 años mueren anualmente, siendo la diarrea una de las causas evitables más comunes.

La mejora de la salud materna constituyó el quinto ODM y con él el propósito de reducir dos tercios la tasa de mortalidad materna. Desde 1990 hasta hoy se ha reducido en un 45%, pero según datos de UNICEF, cada año siguen muriendo unas 529.000 mujeres por complicaciones en el parto. La falta de atención durante el embarazo y la amenaza que siguen sufriendo muchas niñas debido al matrimonio infantil son algunos puntos que todavía faltan por mejorar.

El sexto ODM, comprometido en combatir tanto el VIH/SIDA como la Malaria y otras enfermedades infecciosas, ha sido uno de los que más se han comentado en los últimos años. A pesar de querer detener y reducir la propagación del VIH/SIDA, aún hoy el número de infectados es bastante superior al número de tratamientos disponibles. Los casos mundiales de mortalidad por Malaria se han reducido un 47% entre el año 2000 y 2013, valores muy esperanzadores, aunque todavía inaceptables, para una enfermedad que tiene curación si es detectada y tratada a tiempo.

El séptimo ODM se centró de un lado en la sostenibilidad del medioambiente y en el acceso al agua potable. La conservación del medioambiente es un aspecto esencial para garantizar la salud mundial y al que se le está prestando demasiada poca atención. Evaluando este objetivo podemos comprobar que las actuales tasas de deforestación son alarmantes y con ello la pérdida de diversidad biológica. Por otro lado, el acceso a servicios básicos de saneamiento está muy relacionado con las muertes por diarrea y otras enfermedades causadas por aguas contaminadas. Se consideran esperanzadores los avances conseguidos en el acceso al agua potable pues hasta la fecha se ha logrado que 2.300 millones de personas dispongan de agua potable, pero aún hay 2.500 millones que carecen de servicios sanitarios básicos.

En el Año Europeo del Desarrollo no podemos olvidar que todavía más de la tercera parte de la población mundial no tiene acceso regular a medicamentos esenciales para salvar su vida. Faltan objetivos más concretos, datos fiables de control y seguimiento de los mismos, así como un mayor esfuerzo de los países miembros. Invertir más en salud materna, aumentar la financiación de campañas de vacunación infantil y de diagnóstico de enfermedades o garantizar el acceso a agua potable, son algunas de las propuestas para mejorar la salud global y reducir el número de muertes evitables.

Desde Farmamundi, esperamos que este Año del Desarrollo 2015 sea un año de reflexión y de trabajo para mejorar y demostrar que es posible un mundo mejor donde la igualdad, la salud y la dignidad sean valores que primen. También exigimos la responsabilidad y el cumplimiento de los objetivos por parte de los diferentes países, crear nuevas medidas realistas de actuación e implementar sistemas de evaluación para no tener que posponer los objetivos 15 años más.

Núria Llurba MontesinoFarmacéutica y voluntaria de Farmamundi


2015: un año clave para las mujeres #action2015

En Jordania, una niña siria de 13 años es casada contra su voluntad con un hombre 10 años mayor para aliviar la situación económica de su familia. En Irlanda una mujer muere porque la legislación no le permite interrumpir un embarazo de riesgo. En Bolivia, una indígena camina durante horas para llegar a la clínica más cercana para dar a luz. Y en Camerún, una madre con cinco hijos quiere evitar otro embarazo, pero no tiene acceso a anticonceptivos.  Cuatro historias y cuatro mujeres que representan en carne y hueso el enorme desafío que supone aún garantizar incluso los derechos más básicos de las mujeres.

Claro que sería falso decir que no hemos avanzado. A veces pienso en mi abuela. Aquella mujer de la Suecia profunda que nació unos años antes de que las mujeres de su país consiguieran el derecho al voto y murió poco después de la histórica conferencia sobre la Mujer en Beijing. Ella vivió una verdadera revolución. Un cambio profundo en la familia, en la sociedad y en el mundo. Las mujeres ganaron el derecho al voto. Tomaron las calles para exigir acceso al mercado laboral en igualdad de condiciones. Exigieron y conquistaron el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos. Y empezaron a desafiar hasta el propio concepto de ser mujer, aquella categoría que para algunas se había convertido ya en camisa de fuerza.

Las cifras cuentan la misma historia. A nivel mundial, sólo en las últimas décadas más de 500 millones de mujeres se han incorporado a la fuerza de trabajo, se ha reducido la mortalidad materna casi a la mitad y las mujeres han logrado la paridad en la educación primaria en la gran mayoría de los países. Claro que sería falso decir que no hemos avanzado.

Pero sería igual de falso decir que estos avances son suficientes. Seguimos viviendo en un mundo en el que más de 60 millones de niñas están casadas. En el que 47.000 mujeres al año pierden la vida debido a abortos inseguros, la inmensa mayoría en países en los que el acceso a abortos legales está restringido por ley. En el que 800 mujeres siguen muriendo cada día por causas prevenibles durante el embarazo y el parto y 220 millones de mujeres carecen de acceso a métodos anticonceptivos a pesar de querer evitar el embarazo. Si seguimos avanzando al mismo ritmo que ahora, las mujeres lograrán la igualdad en el año 2095, según el último informe del Foro Económico Mundial. Y eso, si sólo entendemos la igualdad en términos económicos.

No podemos permitirnos ese lujo. El feminismo no es, ni debe ser, el arte de la paciencia. Es el arte de cambiar el mundo. Y hoy, 8 de marzo, es el día de inaugurar la gran exposición que lo ponga en el escaparate mundial.

Este año, tenemos dos oportunidades que no pueden pasarse por alto. Por un lado, los países miembros de la ONU están en plena discusión de lo que podrían ser las negociaciones más importantes de la historia para los derechos de las mujeres: la adopción de los Objetivo de Desarrollo Sostenible, cuya cumbre tendrá lugar en septiembre. Por otro, en noviembre, se celebra la Cumbre contra el Cambio Climático. Son dos ocasiones que deben servir para pisar el acelerador. Lo que allí se decida afectará muy especialmente a mujeres y a las niñas que no pueden esperar otro siglo, que tienen su futuro marcado por la capacidad que tengan nuestros líderes de comprometerse con ellas.

Así lo entienden más de 1.300 organizaciones sociales de 133 países, que nos hemos unido en torno a la plataforma ACTION 2015. Nos hemos organizado porque estamos convencidas de que es imprescindible que en esas dos grandes citas se pongan sobre la mesa compromisos firmes para transformar el mundo.

No puede haber desarrollo real mientras no haya igualdad real; mientras existan leyes que discriminan a la mitad de la población mundial; mientras no se asuma un compromiso global de “tolerancia cero” a la violencia de género; mientras el aborto siga estando penalizado y restringido por las leyes; mientras no se prohíba globalmente el matrimonio de menores; o mientras siga habiendo un solo caso de ablación del clítoris.

Mi abuela, en Suecia, vivió una revolución lenta pero fundamental. Ahora ese país es ejemplo de grandes avances por sus políticas sociales, aunque también con pendientes importantes en materia de igualdad. El reto es  lograr que todas las mujeres y niñas del mundo alcancen la justicia y el pleno ejercicio de sus derechos. 2015 es una oportunidad para ello. No la desaprovechemos.

Sandra Johansson, Responsable del área de Derechos de las Mujeres de Alianza por la Solidaridad


Año Europeo del Desarrollo: agua, mujeres y niñas #EYD2015

Las personas que residimos en España consumimos una media que se sitúa en torno a los 140 litros de agua diarios. Imagina si para obtenerla, en vez de abrir el grifo, tuvieras que recorrer una distancia con uno o varios cubos para llevarla hasta tu casa.

Evidentemente, cuando existe un condicionante físico para el acceso como éste, el consumo se reduce. En este sentido, los datos globales muestran que las personas que tienen la fuente de agua a más de media hora de su hogar recogen menos agua de la recomendada para cubrir sus necesidades básicas de consumo e higiene. Según el PNUD, esta cantidad debería ser de, al menos, 50 litros diarios.

¿Y por qué os cuento esto hoy?

Por muchos motivos, pero el principal es que, dentro del Año Europeo del Desarrollo, el mes de marzo está centrado en las mujeres y las niñas, porque “En muchas zonas del mundo, el mero hecho de nacer niña constituye una desventaja. Muchas mujeres sufren discriminaciones a lo largo de su vida: no van a la escuela cuando son pequeñas, no pueden encontrar trabajos adecuadamente remunerados cuando son mayores, no tienen acceso a servicios sanitarios básicos para ellas o sus hijos, y no tienen derechos patrimoniales o de protección social cuando llegan a la vejez”.

Dicho esto, vuelvo al agua.

En los países del Sur, las mujeres y las niñas son, habitualmente, las responsables de abastecer de agua al hogar. En África, el 90% de esta tarea es responsabilidad de ellas y hay países en los que las mujeres dedican 4 ó 5 veces más tiempo que los hombres a recoger agua. La distancia media que caminan mujeres y niñas en África y Asia con este objetivo es de 6 km. diarios.

Evidentemente, esto tiene graves consecuencias sobre las opciones de mujeres y niñas de salir del círculo de la pobreza. Por poner sólo tres ejemplos:

  • Tener que ir a por agua impide a millones de niñas ir a la escuela. Los datos muestran que la asistencia a clase se reduce notablemente cuando la fuente de agua está a más de 400 metros o 15 minutos desde el hogar.
  • Cuando las mujeres tienen que recorrer largas distancias para asegurar el suministro de agua, no pueden emplearlo en actividades productivas que les permitan acceder a recursos económicos.
  • Cargar durante largos recorridos con cubos llenos de agua provoca serios problemas de columna en la vejez.

En este vídeo que editamos hace unos meses en ONGAWA os contamos con más detalle sobre esta problemática:

Este año, además del Año Europeo del Desarrollo, es el último del Decenio Internacional para la acción “el agua fuente de vida” de Naciones Unidas y es, también, el último año de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. No perdamos la oportunidad de poner nuestro granito de arena para que todos (y sobre todo todas) tengan garantizado el Derecho Humano al Agua.

Si quieres, por ejemplo, te animo a sumarte a la marcha y el selfie por el Derecho al Agua que organizamos conjuntamente ONGAWA, Oxfam Intermón y Prosalus el próximo 15 de marzo.

Jorge Castañeda, Responsable de Campañas y Comunicación Externa de ONGAWA


No hay mejor política contra la pobreza y la desigualdad que invertir en educación

Si de verdad queremos generar un planeta habitable y construir una ciudadanía global bajo principios éticos, no podemos permitir que aún tengamos 58 millones de niños y niñas que no van a la escuela. Esta cifra es el resultado de múltiples problemáticas pero, sin duda, de la enorme desigualdad entre regiones y países que existe en el mundo. Más de la mitad de estos niños se encuentran en la región del África Subsahariana. Esto nos revela que el hecho de nacer en un determinado lugar y no tener recursos económicos, está condicionando (mucho más que el talento, el esfuerzo o los méritos personales) la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de millones de niños y niñas.

Pese a todo, es verdad que se ha avanzado en este proceso de escolarización y que cuando se fijaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio eran más de 100 millones los niños y niñas en edad escolar que no asistían a la escuela. Pero también debemos señalar que el problema del abandono temprano se ha corregido en menor medida y que todavía es un desafío para muchos países que los niños puedan terminar un ciclo de enseñanza primaria completo. De hecho, la tasa de abandono escolar temprano del 25% se ha mantenido al mismo nivel que en el año 2000. Según datos de la Unesco de 2014, en el África Subsahariana y Asia Meridional y Occidental tan sólo llegarán al último grado uno de cada tres alumnos que iniciaron la enseñanza primaria.

Es importante señalar que la educación para un país no solamente es determinante como herramienta de progreso y crecimiento económico, sino que constituye la mejor política social. Frente al avance de la desigualdad y la exclusión social que señalan los analistas contemporáneos, la educación nos ayuda a construir sociedades más justas y más cohesionadas. Por tanto, el reto del derecho a la educación es un objetivo que debe primar en todas nuestras sociedades sean del norte o del sur, sean ricas o pobres. Desplazar del sistema educativo a niños y jóvenes por falta de recursos o por ausencia de políticas de inclusión, repercutirá en unos años tanto en la economía como en el modelo de sociedad que se pretenda construir.

En la última década la tasa de jóvenes de entre 15 y 19 años que ni estudia ni trabaja en España ha subido del 7% al 13%. Un dato preocupante si pensamos que las sociedades que más han avanzado en lo económico y en lo social son las que han logrado cimentar su progreso en el conocimiento, tanto el que se transmite con la escolarización, como el que se genera a través de la investigación. Según estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un año adicional de escolaridad incrementa el PIB per cápita de un país entre 4 y 7%. Por tanto la educación no debe ser entendida como un gasto, sino más bien como una inversión muy productiva, estratégica en lo económico y prioritaria en lo social.

Por otro lado, la desigualdad genera inequidad en el acceso a la educación, especialmente cuando no se garantiza que esta sea inclusiva y gratuita, pero también sucede al contrario: la ausencia de educación o una educación de baja calidad es generadora de pobreza y desigualdad. Los niños y niñas que no pueden desarrollar su potencial a través de la educación ven condicionado su futuro, viéndose condenados a una situación crónica de pobreza y exclusión. Son niños, y sobre todo niñas, de familias pobres, en zonas rurales, en países en conflicto, en situación de refugio o desplazamiento, con necesidades educativas especiales o con otros condicionantes que los hacen especialmente vulnerables.

Acaba ya la cuenta atrás que nos habíamos fijado al final de 2015 y desgraciadamente queda mucho por hacer. Por este motivo, debemos pasar de las palabras a los hechos. Existe un consenso internacional y un clamor popular que señala a la educación como el motor de la transformación de nuestras sociedades y de la realidad de nuestro planeta, pero hay que tomar medidas y políticas que se correspondan con esta situación.

Tenemos en este momento una oportunidad única para establecer un marco sólido para la educación mundial que es la aprobación en septiembre de la Agenda de Desarrollo Post-2015, que debería priorizar este tema y comprometer política y económicamente a todos los gobiernos de las Naciones Unidas. De hecho, desde la Fundación Entreculturas hemos puesto en marcha una web para recoger firmas (http://www.lasillaroja.org/firma/) donde los ciudadanos y ciudadanas manifiesten su apuesta por la educación y le pidan al gobierno español que la defienda como prioridad en la nueva Agenda de Desarrollo Global que trazará las políticas de los próximos 15 años.

Tenemos que hacer entre todos una apuesta clara por invertir en la educación que si bien no cambia directamente el mundo sí que cambia, como decía Paulo Freire, a las personas que cambian el mundo.

José Manuel Moreno, Entreculturas


Carta de la campaña #action2015 a las y a los líderes mundiales

Más información sobre la campaña: www.action2015.org

Estimados líderes mundiales:

Con copia a: toda la población

Hay momentos en la historia que se convierten en momentos decisivos. En nuestra opinión, el año 2015 será uno de ellos. Es el año más importante desde el comienzo del milenio en lo que respecta a la toma de decisiones.

Creemos que sí es posible llegar a fines de 2015 habiendo acordado un nuevo pacto global y convenido un camino hacia un futuro mejor y más seguro para el planeta y sus habitantes, que sirva de inspiración a todos los ciudadanos del mundo. Podemos elegir el camino hacia un desarrollo sostenible. También es posible que esto no suceda… y que lo lamentemos durante generaciones. ¿Qué posición tomará usted en la historia?

Hay millones de voces que no puede darse el lujo de ignorar. Son las voces de las personas que usted representa. Son voces de todas las edades y de cada rincón del planeta. La voz de la niña pequeña a quien hoy en día se le niega la educación; la mujer embarazada que no recibe atención de salud; las personas jóvenes que no tienen acceso a trabajo decente; las familias pertenecientes a grupos minoritarios que temen ser discriminadas por funcionarios corruptos; los pequeños agricultores que se han visto obligados a emigrar a las ciudades como refugiados climáticos, entre otros miles de millones de personas más. Sus voces pregonan cada vez más fuerte la desigualdad y la injusticia que mantienen a las personas en la pobreza. Ellos –y todos los que los apoyan- le están exigiendo a usted que llegue a un nuevo acuerdo global para toda la humanidad- el cual luego cumplamos juntos. La buena noticia es que 2015 le brinda la oportunidad histórica de hacer simplemente eso.

Este año se celebrarán dos importantes cumbres de las Naciones Unidas. La primera, en septiembre, en la que el mundo acordará nuevas metas para erradicar la pobreza extrema, abordar la desigualdad y lograr un planeta más sostenible. La segunda se celebrará en diciembre y tendrá como tema central el cambio climático, la cual debemos aprovechar para asegurar que el bienestar de las generaciones del presente no se produzca a expensas del de las generaciones del futuro.

Estos dos acontecimientos, junto a otras conversaciones clave sobre financiamiento, son los más importantes de nuestra vida. Sabemos por nuestros esfuerzos pasados, como, por ejemplo, la lucha contra el SIDA, la malaria, las enfermedades prevenibles y la protección de la capa de ozono, que podemos unirnos y cosechar muchos logros. Sin embargo, con tan solo pocos meses hasta la celebración de estas cumbres, pocos líderes están desempeñando el papel de liderazgo que necesitamos. Hemos visto algo de progreso en materia de cambio climático, pero no de la envergadura que se necesita. También contamos con un conjunto de objetivos que son sumamente ambiciosos, pero que serán inútiles si no se acompañan de audaces acuerdos de implementación y financiación que provengan desde los niveles más altos.

Si esto no cambia, nos tememos que usted y demás líderes mundiales estarán llevando al mundo hacia uno de los fracasos más monumentales de la historia reciente. Todavía está a tiempo de ponerse a la altura de las circunstancias. Le pedimos su ayuda y que lidere el cambio.

Seamos claros: las acciones que llevemos a cabo en 2015 serán decisivas a la hora de definir el rumbo que tomará el mundo en las décadas venideras. Le instamos a tomar el camino correcto.


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