Archivo de la categoría: Recortes

Justicia Climática: #EstoSíesRiqueza

No tenemos mucho más que esperar. Hoy en día sabemos cuáles son las causas del Cambio climático, sabemos qué lo provoca, sufrimos ya sus consecuencias. Pero también sabemos cómo podemos frenarlo, cómo mitigar sus causas y cómo adaptarse a sus efectos.

A través de proyectos diversos y adaptados a las realidades de cada comunidad y cada país, podemos generar una nueva riqueza que permite a las comunidades más afectadas adaptarse al Cambio climático y reducir su vulnerabilidad. Por ejemplo con estudios avanzados sobre el derretimiento de los glaciares en Bolivia y la aplicación de nuevas herramientas de recogida de agua – se permite a las comunidades colindantes al glaciar permanecer en su hogar y mantener sus formas tradicionales de subsistencia; en Brasil los pueblos indígenas luchan contra la deforestación causada por las empresas madereras con la obtención de títulos de propiedad colectiva de las tierras; estos y otros son el ejemplo del tipo de acciones que sí son riqueza para las comunidades y el planeta. Sin embargo las políticas públicas no avanzan en esa dirección y parecen obviar que actuar contra el cambio climático es una urgencia. Entonces ¿a qué estamos esperando?

Esa pregunta deben estar haciéndose en los muchos países insulares que temen cada nueva medición del nivel del mar, o en tantos lugares donde se ven agravados los fenómenos climáticos y las sequías o las inundaciones provocan muertes y generan pobreza. Tal vez las personas que se están viendo obligadas a migrar de sus territorios por causas relacionadas con el clima no sean conscientes de que ya sabemos cuáles son las soluciones. Pero sin duda se alegrarán de saber que es el momento de exigir el cumplimiento de compromisos a quienes tienen más responsabilidad para poder luchar de frente contra el Cambio climático.

Todos los países sufren ya las consecuencias del calentamiento global, pero no todos han contribuido de la misma forma ni tienen por tanto la misma responsabilidad. Los países industrializados son responsables del 71,5% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero hasta la fecha. Han generado su riqueza empobreciendo la atmósfera y ahora son los países y comunidades más vulnerables quienes padecen las peores consecuencias.

Por eso son estos países del Norte quienes más tienen que asumir la responsabilidad de reducir sus emisiones y caminar hacia un modelo bajo en carbono. Pero no sólo eso, también han de garantizar su aporte económico para financiar el Fondo Verde para el Clima, que asegure a los países más empobrecidos la capacidad tecnológica suficiente para seguir avanzando en la lucha contra la pobreza y adaptarse ante el Cambio climático.

El único y famoso compromiso vinculante relacionado con el Cambio climático: el protocolo de Kyoto, está llegando a su fin y necesitamos sentar las bases para un nuevo acuerdo en 2015. Dentro de muy poco,  en diciembre de este año, se reunirán los líderes mundiales en Lima donde deberán poner sobre la mesa sus verdaderos compromisos. Aquí, en la COP20 será donde veamos quién decide aportar a la lucha contra el Cambio climático y quién seguirá dudando.

Desde InspirAction, no vamos a esperar a un nuevo fracaso. Queremos estar presentes y vigilantes porque la presencia de las organizaciones, la presión y la propuesta de cambios de comportamiento individual y comunitario que exijan un reflejo en las políticas nacionales e internacionales, son más necesarias que nunca.

El pasado 21 de septiembre durante la Marcha Global iniciada en Nueva York y secundada en muchas otras ciudades del planeta, la ciudadanía demostró que está cansada de escuchar promesas incumplidas. El 10 de diciembre, la Cumbre de los Pueblos marchará de nuevo en Lima exigiendo “Justicia Climática ya!”.

Luchar contra el Cambio climático es luchar contra la pobreza y por eso, en esta semana más que nunca, debemos recordar que las soluciones están claras, que el mundo dispone del dinero, la tecnología y los conocimientos sobre los modelos de producción necesarios para frenar el problema. Sólo falta la voluntad política. Sólo faltan los aportes económicos. Basta de dudas. El Cambio climático exige respuestas.

Corina Mora Torrero. InspirAction.


Participación: #EstoSíesRiqueza

Solo quienes no quieren no pueden. Y desde la experiencia de activismo de muchos años constatamos que somos muchas las personas que nos sentimos capaces de cambiar la realidad que consideramos injusta y tenemos el don de “contagiar” nuestro entusiasmo, a veces a las personas que menos nos esperamos.

Somos ciudadanas y ciudadanos de a pie que estamos organizadas; que somos conscientes de nuestros derechos, pero también de nuestras responsabilidades; que queremos dejar un mundo justo y equitativo  para las generaciones venideras; que creemos en nuestro poder de transformar el mundo; que queremos un mundo sostenible y en el que todas las personas puedan vivir con dignidad.

En esta época del año, fechas próximas al Día Mundial por la Erradicación de la Pobreza (17 de octubre) a una se le pone la piel de gallina cuando, tras un solo correo electrónico, una llamada de teléfono, recibes la respuesta “claro que sí, allí estaré”. Estudiantes de secundaria y universitarios/as, grupos musicales, activistas sindicales, personas empresarias, organizaciones no gubernamentales, personas no vinculadas a ninguna de las entidades mencionadas y de todas las edades ponen su tiempo, su talento y su clamor en un solo grito ¡BASTA YA DE LA RIQUEZA QUE EMPOBRECE!

No se trata de fenómenos aislados, sino de ángulos diferentes para trabajar conjuntamente. Somos partes de un mismo sistema y, como tal, estamos interconectadas, somos interdependientes, construyendo transformación constante y promoviendo un cambio en el balance de poder.

Y es que los motivos por los que nos juntamos desde hace muchos años- erradicar las causas de la pobreza- son cada vez más tangibles. La avaricia de las grandes multinacionales en forma de especulación financiera, evasión y fraude fiscal y la ineficiencia de las políticas fiscales son  el pan de cada día. Como resultado, empezamos a saborear el amargor de los servicios cada vez más precarios, el ninguneo del Estado, y, ante todo, el sentimiento de impotencia ante el poder de las grandes multinacionales que dominan a los gobiernos.

Sin embargo, hay importantes éxitos de la sociedad civil, estamos poniéndoles caras a los responsables y proponiendo soluciones para abordar el tema de la erradicación de la pobreza. Vamos poco a poco, pero con seguridad, haciendo posible que las utopías dejen de serlo. No es un trabajo fácil, pero lo hacemos lo mejor que podemos. No es un trabajo inmediato, pero por algún sitio hay que empezar. Si no es ahora, ¿cuándo?

Sabemos que la participación y la movilización social son procesos importantes y necesarios que permite la construcción y evolución de las democracias. ¡ÚNETE! LA PARTICIPACION CIUDADANA ES LA QUE CAMBIA EL MUNDO #EstoSíEsRiqueza

Agnieszka Bonk, Pobresa Zero Comunitat Valenciana y Verónica Castañeda Blandón, Pobreza Cero-España


¿Qué es sostenible? – @Prosalus

En el proceso de definición de la Agenda Post-2015 ‒que deberá orientar los esfuerzos de la cooperación al desarrollo después de la finalización del período de cumplimiento de los ODM‒ ha tenido mucho más peso que en el pasado la dimensión de la sostenibilidad, un término que de forma rápida e intuitiva solemos relacionar con medioambiente. El proceso surgido de la Cumbre de Río+20 que ha desembocado en la formulación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible así lo confirma.

Pero la realidad nos demuestra que el concepto de sostenibilidad es mucho más complejo y requiere una mirada mucho más profunda que alcance no solo a los aspectos medioambientales ‒que son fundamentales‒ sino también aspectos económicos y sociales. Un ejemplo concreto nos puede ayudar a descubrir estas relaciones, el ejemplo de los sistemas agroalimentarios.

¿Es sostenible la forma en que se producen, distribuyen y consumen los alimentos? 

Si abordamos la respuesta desde un punto de vista de la sostenibilidad medioambiental, descubrimos que en las últimas décadas una parte significativa del incremento de producción agrícola y ganadera se ha conseguido a través de prácticas que tienen un muy negativo impacto medioambiental: contaminación de suelos y aguas, incremento de las emisiones de CO2 asociadas a los trabajos agropecuarios, pérdida de biodiversidad, deforestación, etc. Además, la realidad de tantos alimentos que deben viajar miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa, agrava este mal balance ambiental. Otras formas de explotación agropecuaria más amigables con la conservación de los recursos naturales ‒agricultura familiar y campesina con enfoque agroecológico, apoyo al comercio local de alimentos, consumo de productos de temporada y de proximidad‒ ha tenido mucho menos apoyo.

Pero también podemos abordar esta cuestión desde un punto de vista económico. Esta forma de producir va socavando las propias posibilidades de seguir produciendo, por lo que, a largo plazo, es también económicamente insostenible. Y la forma de articular el consumo de alimentos en estos sistemas alimentarios globalizados lleva a la enorme paradoja de que una tercera parte de los alimentos producidos para consumo humano se pierden; en el caso de las economías desarrolladas, la mayor parte de esas pérdidas hay que etiquetarlas de desperdicio, de despilfarro alimentario. Ese desperdicio, además de tener un terrible impacto medioambiental, tiene también un importante costo económico ‒¡aproximadamente 2 billones de euros al año!‒ y contribuye a la subida de precios de los alimentos a nivel global. La forma de comerciar con alimentos ha estado condicionada en lo que llevamos de siglo por una especulación financiera que, cada vez más despegada de la economía real y cada vez más ávida de conseguir beneficios rápidos y fáciles, ha reproducido en el ámbito alimentario los mismos desastres que produjo antes en el ámbito de las nuevas tecnologías o en el ámbito inmobiliario. Este sistema económico, subyugado por el mundo financiero, no parece que sea muy sostenible.

Y todos estos aspectos inciden en la insostenibilidad social de los sistemas alimentarios. Aunque las cifras de hambrientos se han ido reduciendo en los últimos años, todavía hay más de 800 millones de personas que viven en situación de hambre. Si a eso le sumamos que unos 2.000 millones de personas padecen hambre oculta ‒carencia de minerales y vitaminas fundamentales en su dieta‒ y otros 1.400 millones sufren sobrepeso y obesidad, nos encontramos con media humanidad malnutrida. Esto es social y humanamente insostenible.

Podríamos seguir escribiendo muchas páginas sobre las estrechas relaciones entre la insostenibilidad medioambiental, económica y social, pero no es lo adecuado para este blog. Hoy solo tocaba llamar la atención sobre la necesidad de mirar con profundidad y con diversos puntos de vista a la sostenibilidad, y descubrir esos vínculos que empobrecen al planeta y a la mayor parte de sus habitantes, mientras se enriquecen solo unos cuantos. Esto es insostenible.

 

José Mª Medina Rey, PROSALUS


Comienza la cuenta atrás

Con toda probabilidad casi todos los que de una u otra manera estamos vinculados a la cooperación al desarrollo habremos oído miles de veces que la pobreza es un fenómeno complejo y multidimensional.

Es curioso que pese a que parece que todos hemos estado desde siempre de acuerdo en que la pobreza tiene numerosas caras, no hace mucho que hemos empezado a hablar en serio de la relación entre esas dimensiones. No voy a decir que sea de ayer, pero, por ejemplo, sí es relativamente reciente el discurso de las agencias internacionales sobre las conexiones entre agua, energía y alimentación y, en nuestro caso, en el de las ONGD, todavía se nos identifica (o nos identificamos) como “de educación”, “de salud”, “de agua”,… y nos cuesta apartar un poco “nuestro tema” y abrirlo a las conexiones con otros.

Pero avanzamos.

Es posible que donde más lo hayamos hecho es en cuestiones relacionadas con el cambio climático. Nadie pone en duda ya que el medio ambiente en el que nos desenvolvemos está íntimamente relacionado con lo que hacemos como organizaciones, independientemente de nuestra misión. O sería más preciso decir casi nadie. Hoy mismo alguien me decía que esto del cambio climático es un tema de las organizaciones ecologistas.0d7f8af1-33ba-459f-8108-6a02f16d91d0

Para quienes que todavía tienen dudas de la relevancia de este tema para la misión de las ONGD, ahí van las tres consecuencias principales que según el IPCC tendrá el cambio climático sobre la extensión de la pobreza:

  • Hambrunas y escasez de agua provocadas por la desertización de grandes zonas del planeta, especialmente de África.
  • Enfermedades: el aumento de la temperatura dará lugar a una extensión del campo de acción de insectos portadores de enfermedades, como es el caso de la malaria.
  • Migraciones masivas: los daños a la agricultura, la erosión del suelo o el aumento del nivel del mar darán lugar a un desplazamiento de población sin precedentes que se estima que ocasionarán serios impactos socioeconómicos en los países de acogida.

Por seguir ahondando en el tema, el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD de 2006 decía que:

“Pocas alertas han sido tan peligrosamente igno­radas. El cambio climático en la actualidad plantea lo que puede ser una amenaza sin precedentes para el desarrollo humano. Una gran parte de esa ame­naza se transmitirá a través de cambios en los ciclos hidrológicos y regímenes de lluvias, y en el impacto del aumento de la temperatura de la superficie sobre la evaporación del agua. El efecto general será el incremento del riesgo y la vulnerabilidad, con la consiguiente amenaza sobre el medio de sustento, la salud y la seguridad de millones de personas”.

Y añadía:

“Para una gran parte de las personas del mundo que se encuentran en países en desarrollo, las proyecciones relativas al cambio climático indican medios de sustento menos seguros, mayor vulne­rabilidad al hambre y la pobreza, acentuación de las desigualdades sociales y mayor degradación medioambiental. El cambio climático, a diferencia del tsunami en el Océano Índico o el terremoto en Cachemira, presenta una amenaza ya no de una catástrofe aislada, sino de un desastre que se revela lentamente. Aunque se puede moderar el alcance futuro del cambio climático, se ha sobrepasado el punto sin retorno. El peligroso cambio climático ya es inevitable. La forma en que responda la comunidad internacional determinará las perspectivas de desarrollo humano para las generaciones presentes y futuras”.

Una de esas respuestas de la comunidad internacional es la Cumbre del Clima de Nueva York que, como comentan mis compañeros Guadalupe y Miquel en un post que acaban de publicar, tiene como objetivo “fomentar la voluntad política y movilizar la acción para llegar a un compromiso más ambicioso sobre las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero, así como crear dinámicas que faciliten e impulsen los cruciales acuerdos que deberán negociarse durante 2015 en la 21ª Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático en París y en el proceso de negociación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible tras el vencimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

Como bien analizan Guadalupe y Miquel, como ha ocurrido numerosas veces en el pasado, existe el peligro de que en esta cumbre las medidas políticas significativas sean sustituidas por meras declaraciones grandilocuentes de buenas intenciones, basándose en un supuesto desinterés en el tema por parte de la ciudadanía, especialmente en los países ricos donde sus habitantes ven el cambio climático como una amenaza mucho menos inminente que aquellos que viven en países en desarrollo.

Sin embargo, las movilizaciones del pasado fin de semana, que han congregado a cientos de miles de personas alrededor de todo el planeta, indican que esa excusa ya no vale. La opinión pública está reclamando que se tomen ya las acciones necesarias para crear un mundo con una economía al servicio de la gente y el planeta.

Es evidente que es el momento de tomar medidas urgentes y estructurales contra la pobreza, la desigualdad y el cambio climático. Comienza la cuenta atrás.

 Jorge Castañeda, ONGAWA

 

 

 

 

 

 


Robar alimentos a quienes pasan hambre #StopAcaparamiento

Entrada por Carlota Jimenez de Andrade y Arantxa Freire

Las ONGs occidentales hemos cambiado. Luchar contra la pobreza no significa sólo atacar las consecuencias de la pobreza y repartir alimentos sino denunciar las causas que la provocan.

Una de ellas es el fenómeno del acaparamiento de tierras por parte de empresas extranjeras, también conocido en inglés como “land grabbing”. Esto es la compra de grandes extensiones de tierra para monocultivos que se destinan a la exportación o para la producción de agrocombustibles.

En la mayoría de los casos se están transfiriendo tierras destinadas al cultivo de alimentos, lo cual pone en peligro la ya debilitada capacidad de la población campesina para producir su comida.

¿Qué es el acaparamiento?

La riqueza de los países occidentales en los últimos siglos fue posible, en parte, agracia a la colonización de África. Doscientos años después, vivimos una nueva colonización de las tierras, ya no bajo regímenes políticos explotadores sino bajo el imperio de las transnacionales.

Se trata de empresas que invierten vendiendo “desarrollo” cuando en la mayor parte de los casos producen justo lo contario: desplazamiento de poblaciones campesinas forzado de sus tierras de cultivo, la imposibilidad de acceder a tierras, cambios en los precios de los alimentos de mercados locales, erosión de sus medios de vida, etc.

Desde al año 2000 la compra masiva de tierras ha supuesto la compraventa de 83,2 millones de hectáreas, lo que supone un 1,7% de la tierra cultivable sobre el planeta. En su mayor parte estas transacciones se han realizado a partir del 2008, cuando se disparó el precio de las materias primas, que no olvidemos, cotizan en bolsa.

El caso de Agrogeba

Agrogeba es una compañía agrícola española que llegó a la región de Sare Djae y Tchutcho, en Guinea Bissau en 2010 para cultivar arroz local y venderlo a precios bajos. Todo suena muy apropiado en un país donde 2/3 de la población sufren hambre crónica. El problema es que, según la población local, la llegada de la empresa española sólo ha creado más hambre, enfermedades y peores condiciones de vida para las mujeres que antes cultivaban esas tierras. 600 personas fueron expulsadas de sus tierras sin previo aviso.

Sin título

Según la empresa, todo es perfectamente legal. La tierra es propiedad del Estado y las negociaciones se realizaron en 2010 con el primer ministro de Guinea (ahora exiliado y cesado). El informe realizado por Alianza por la Solidaridad e Intermon Oxfam “Marca España: inversiones que generan pobreza” explica que la autoridad local recibe periódicos pagos por parte de la empresa para mantener la situación de ocupación.

Lo que sí está demostrado es que la empresa no ha cumplido sus promesas sociales: la construcción de una escuela, entrega de máquinas para el cultivo a los habitantes de la región o, lo que es más grave, la comercialización del arroz a un precio más bajo que el arroz importado.  Ante ello se limita a alegar falta de beneficios.

Las condiciones laborales por su parte son más que cuestionables, porque a los trabajadores no se les hace contrato y muchas veces se les sustituye el salario por arroz. Las familias han tenido que eliminar una de las 3 comidas diarias que hacían tras la llegada de Agrogeba. Vemos como mientras los inversores consideran la tierra como una forma de invertir, para los africanos es muchas veces su única fuente de alimento y de vida.

¿Cómo se para esto?

“En primer lugar es necesario  introducir la perspectiva de coherencia de políticas en las inversiones en África. Las embajadas y las Cámaras de Comercio no pueden hacer la vista gorda antes los impactos sociales y ambientales de nuestras empresas aunque esto les de beneficios”, explica Almudena Moreno, responsable de la campaña de Inversiones Responsables en Alianza por la Solidaridad.

Además es necesario seguir trabajando en los países en Leyes de Tierras que promuevan en consentimiento de las comunidades afectadas antes de ceder las tierras a manos extranjeras. Y que se cumplan. Por otro lado, los tratados internacionales que afectan a las inversiones de empresas en adquisición de tierras deben contar con medidas punitivas en caso de vulneración de derechos, porque son, hasta ahora con lo que se cuenta es con directrices voluntarias.

La rentabilidad de estas empresas la pagan los afectados. “La hipocresía de la comunidad internacional me enfurece”, comenta Lazaro Bustince, director de la Fundación Sur. “Todas estas charlas de derechos humanos, constituciones, respeto  se convierten en hipocresía. Están hablando de derechos humanos cuando los esclavizan y empobrecen. La gente no es pobre, se la empobrece. La gente no es esclava, se la esclaviza”.

Frente a la especulación sobre los precios y el acaparamiento de alimentos fomentados por las empresas transnacionales de la alimentación y los fondos de inversión, movimientos como Vía Campesina defienden que el sistema agroecológico de producción de alimentos a pequeña escala es el que da la mejor respuesta a las demandas del presente y del futuro

Desde las ONG debemos trabajar para acercar estas problemáticas a la ciudadanía, para impulsarla a ser motor de cambio y acompañarla en ese camino. Pues también las ONG necesitan de una sociedad civil activa que exija a sus representantes políticos el cumplimiento de sus compromisos internacionales, los derechos humanos a nivel global y un mundo más justo, más solidario e inclusivo.

Organizaciones como Alianza por la Solidaridad, Amigos de la tierra, Ecologistas en Acción, Veterinarios sin Fronteras o Intermon Oxfam fomentan campañas de lucha contra el acaparamiento de tierras y recogen testimonios de las atrocidades que se están cometiendo.

Ser rentable es el objetivo principal de las empresas. Lo que no podemos permitir, como sociedad, es que el enriquecimiento de unos sea a costa de la pérdida de los derechos de otros.

#Stopacaparamiento: por unas inversiones responsables que no generen hambre y pobreza


ÉBOLA: Demasiada muerte para tan poca acción #SomosCooperantes

La actual epidemia de ébola está suponiendo un reto a todos los niveles. La sociedad civil de los países afectados, los ministerios de salud y las ONG estamos trabajando juntos para tratar de ponerle freno. Y no está siendo nada fácil.

Los sistemas de salud de Guinea, Liberia y Sierra Leona son muy débiles y con sus precarios medios y recursos apenas llegaban ya a cubrir las necesidades más básicas de la población. Ahora están completamente colapsados. El número de centros y profesionales sanitarios es insuficiente, sus equipamientos y servicios de transporte son casi testimoniales. Estamos hablando de centros que muchas veces no tienen ni agua ni luz, de una ratio dos médicos por cada 100.000 habitantes, de hacer frente a una epidemia sin precedentes en la historia. Muchas personas de los lugares afectados están siendo todo un ejemplo de valor y principios, de humanidad y solidaridad. Pero solos no pueden.

equipo MDM

(C) Médicos del Mundo

Para poder parar la epidemia hacen falta materiales, fondos, personal cualificado y sobre todo un verdadero compromiso de la comunidad internacional ante el enorme problema de salud pública al que estamos haciendo frente. Y no se puede esperar más.

No sólo hemos sufrido recortes drásticos en los fondos de Cooperación al Desarrollo, que son los que contribuyen a mejorar a largo plazo las condiciones de vida de las poblaciones en los países empobrecidos, si no que parece que estas personas tampoco son prioritarias ni en situaciones de vulnerabilidad extrema. Una emergencia, además, que nos concierne a todos y todas porque es un problema de salud pública de talla mundial. Blindar nuestras fronteras y proteger nuestra sociedad de bienestar no es la solución. Es necesario poner los medios necesarios aquí y ahora.

Pino González

Coordinadora del proyecto de emergencia de Médicos del Mundo en Sierra Leona


A Brasil le han robado el Mundial #MundialDaDesigualdade

Hoy dará comienzo el Mundial de Fútbol 2014 en Brasil. Durante un mes millones de personas tendrán su mirada fija en las jugadas de los mejores futbolistas del mundo. Cada partido nos traerá ilusión, tensión, nervios, alegrías, esperanza, victorias… Cada imagen, cada pase, cada gol nos podría hacer sentir felices, afortunadas.

Pero el Mundial de Fútbol 2014 no podrá traer justicia, igualdad, derechos ni futuro porque antes de que hubiera si quiera empezado, los brasileños y brasileñas ya habían perdido la oportunidad de mejorar sus vidas con el evento.

Brasil se está convirtiendo cada vez más en un país de contrastes, de desigualdad. La economía crece consiguiendo que Brasil sea la séptima economía del mundo en 2013. 7ª en economía pero 10ª en desigualdad. En las calles de Brasil, 37 millones de personas (casi el 20% de la población) viven en la pobreza incapaces de beneficiarse del “desarrollo” que experimentan las vidas de sus vecinos. 37 millones de personas[i] se despiertan cada mañana en la pobreza viendo cómo a su alrededor crecen estadios de fútbol, avenidas y pabellones deportivos.

Eventos deportivos como el Mundial de Fútbol pueden traer grandes beneficios para todos los habitantes de un país. Que ocurra o no, es solo cuestión de Voluntad política. Y en Brasil 2014, no la ha habido. La FIFA y sus empresas asociadas se aprovecharán de exenciones fiscales que harán que Brasil pierda entre179 millones de euros y 322 millones de euros (según el propio Tribunal de Cuentas de la Unión).

Fifa_Img-Redes_v07ALas exenciones fiscales no son ilegales e incluso, gestionadas de forma transparente y con criterios muy claros, pueden ser una buena herramienta para el desarrollo de un país. Pero cuando se conceden de forma abusiva pensando solo en el interés único de las empresas, las exenciones y los incentivos fiscales solo sirven para socavar la recaudación de los impuestos actuales y futuros de los países. Se convierten en un desincentivo para los contribuyentes y legitiman la evasión y elusión de impuestos.

Las exenciones fiscales pueden acarrear la pérdida de ingresos esenciales para mejorar los servicios básicos de un país. Con esos más de 200 millones de euros que enriquecerán los bolsillos de la FIFA y sus empresas asociadas, Brasil podría haber mejorado su sistema educativo, su sanidad y en general sus servicios sociales, reivindicaciones que la sociedad brasileña lleva tiempo demandando.

Por ello, varias organizaciones de la sociedad civil de toda América Latina coordinadas por la organización española InspirAction, se han unido bajo la campaña Las Jugadas de la FIFA, para pedir a Joseph Blatter, presidente de la FIFA, que se comprometa a no volver a aprovecharse de este tipo de exenciones fiscales.

El futuro de muchos países de América Latina, África, Asia e incluso Europa (y por supuesto España) se está viendo lastrado por el uso abusivo e injustificado de esta herramienta. El Mundial de Fútbol es solo un ejemplo más pero también puede ser un primer ejemplo para demostrar que se puede jugar de otra manera.

Si quieres apoyar esta campaña firma aquí.
Consulta este documento para conocer más sobre las exenciones fiscales concedidas a la FIFA.

 

[i]Según la Comisión Económica para América Latina y Caribe (CEPAL), en 2012, el 18’6% de la población de Brasil vive en la pobreza. Fuente: http://interwp.cepal.org/cepalstat/WEB_cepalstat/Perfil_nacional_social.asp?Pais=BRA&idioma=e