Archivo de la etiqueta: 0.7%

Post-2015 y FpD3: Comienzan los debates, emergen las líneas políticas

Fuente: Social Watch

Post-2015 y FpD3: Comienzan los debates, emergen las líneas políticas

Published on Sun, 2015-02-08 19:05

2015 es un año crucial. La agenda de desarrollo sostenible post-2015, actualmente en discusión, reconoce que el actual modelo de desarrollo no está funcionando, dado el empeoramiento de las desigualdades y el agotamiento de los límites planetarios. Todos los países y pueblos y el planeta del que dependemos, tienen derecho a vivir con un modelo mejor, incluyente y sostenible.

Un imperativo de cambio cada vez más urgente informa a las negociaciones paralelas que se desarrollan en las Naciones Unidas desde ahora hasta septiembre. Una de ellas refiere a la agenda de desarrollo sostenible post-2015; la segunda se centra en la financiación para el desarrollo, un proceso independiente que se inició en la Conferencia de Monterrey de 2002. Si bien los dos procesos están separados, los temas en cada uno están profundamente interrelacionados, y el éxito de un nuevo modelo depende de los resultados de ambos. Las apuestas políticas son altas, pero también lo son las oportunidades -quizás únicas para nuestra generación- de lograr una transformación genuina.

Descargue aquí la versión en pdf.

Post-2015: Balance

Los negociadores de la agenda post-2015 se reunieron del 19 al 21 de enero, después de más de un año de recopilación de una amplia gama de insumos, para comenzar a debatir la forma final de una agenda de desarrollo para los próximos 15 años, que se acordará en la Cumbre de la ONU del 25 al 27 de septiembre próximos en Nueva York. Los delegados esbozaron una estructura de cuatro secciones del documento final de la cumbre: una declaración, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con sus metas, los medios de ejecución y la asociación mundial para el desarrollo, y el seguimiento y la revisión de los acuerdos. Todos ellos se debatirán en futuras reuniones (ver calendario), con un enfoque particular en la declaración política y los mecanismos de revisión. Habrá algunas discusiones sobre los indicadores de los ODS, ya que los objetivos en sí mismos están básicamente acordados. Habrá sesiones conjuntas con los negociadores de financiamiento para el desarrollo durante los debates sobre medios de ejecución y sobre la asociación mundial para el desarrollo. Vea aquí el documento sobre post-2015 que servirá de base para las reuniones que tendrán lugar del 17 al 20 febrero.

Las conversaciones de enero mostraron algunas de las nuevas dimensiones de la agenda post-2015. Los delegados acordaron que la agenda debe aplicarse a todos los países, no sólo los que aún se consideran “en desarrollo”. Esto reconoce que ningún país del mundo es desarrollado de forma sostenible. Sin embargo, ya están surgiendo diferencias políticas en torno a qué significa “universal”. Los países ricos, en su mayor parte, lo traducen como “no dejar a nadie atrás”. Pero si el actual modelo de desarrollo es insostenible cabe preguntarse ¿detrás de qué? ¿Qué significa poner dinero en ayudar a los pobres a entrar -de alguna manera- en la economía de mercado, sin cuestionar las políticas comerciales y económicas que mantienen a las personas profundamente pobres en el primer lugar? La universalidad también puede ser vista simplemente como que “cada país se encarga de sí mismo”. Pero dadas las enormes desigualdades del mundo, acentuadas por la interconexión global, ningún interés nacional puede ser promovido fuera de un marco de cooperación internacional. Además, si la idea es lograr ciertas metas, universalmente, y algunos países están muy atrás, es claro que quienes están adelante -por lejos- tienen la responsabilidad primordial de corregir las desigualdades.

También hay importantes divisiones políticas en torno a la noción de solidaridad mundial. La mayoría de los países en desarrollo ven a la asociación mundial como una interacción de estado a estado, porque los estados son responsables de la protección de los derechos, la recaudación de impuestos para pagar los servicios públicos y así sucesivamente. Los países ricos están promoviendo un concepto de “asociación de múltiples partes interesadas” (multistakeholder partnerships) para que participen todos los actores que, en teoría, pueden hacer una contribución (principalmente dinero) para la implementación de un programa de desarrollo sostenible. Tomado a la ligera, esto puede sonar como una buena idea, pero ¿cuáles son las implicancias? ¿Esto diluye las responsabilidades de los estados? ¿Quién toma las decisiones? ¿Quién se beneficia realmente, y cuáles son las líneas de rendición de cuentas? ¿Si el papel del Estado disminuye, entonces, siendo realistas, quién cuenta con los recursos, la legitimidad y los incentivos para abordar las desigualdades y el agotamiento de los recursos? No olvidemos que las partes interesadas enfatizadas por los países ricos, especialmente las grandes empresas, son los principales impulsores y beneficiarios de la inequidad actual y de los patrones de desarrollo insostenibles que debemos cambiar…

FpD3: Teniendo en cuenta los “Elementos”

La tercera Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo se celebrará del 13 al 16 de julio en Addis Abeba, Etiopía. Del 28 al 30 de enero, los negociadores discutieron un primer ‘documento de elementos’ como la base para el acuerdo. Una serie de temas merecen especial consideración:

Fiscalidad: tanto global como local

La movilización de los recursos nacionales es clave para la financiación del desarrollo sostenible. Hasta ahora el enfoque está en materia de fiscalidad, aunque los ingresos no tributarios (como las licencias y tasas) pueden ser, en algunos casos, significativos, particularmente para las administraciones locales. Con relación a los tributos, el documento de elementos señala que muchos países en desarrollo se enfrentan a deficiencias de capacidad en la recaudación de impuestos. Las cuestiones en juego son complejas, tanto a nivel mundial como nacional. La falta de una regulación global coherente permite que grandes sumas de dinero circulen contribuyendo muy poco a las arcas públicas. Y esto significa, dados los desequilibrios actuales de la economía mundial, que muchos países no pueden desarrollar el impulso suficiente para reducir los sectores informales no imponibles y proporcionar empleos decentes para que la mayoría de la gente pueda pagar impuestos. El restringido espacio político nacional deja poco lugar para cuestionar afirmaciones como “la tributación es mala para el crecimiento” y “las ventajas fiscales favorecen los negocios”, a pesar de un montón de evidencia en contra.
Mientras que los impuestos tienen efectos redistributivos y se pueden utilizar de una manera socialmente justa, cuando los que ganan más tienen la responsabilidad de pagar más, la política impositiva –o la falta de ella-, sigue los dictados de los poderosos y ayuda a perpetuar el desarrollo desigual e insostenible. ¿Acaso puede FpD3 hablar seriamente de la responsabilidad nacional y poner a la movilización de recursos nacionales como el “quid de la financiación para el desarrollo sostenible” sin considerar todos estos problemas?

Consumo y producción: vamos a operacionalizar

Cambiar las modalidades de consumo y producción es fundamental para el desarrollo sostenible. Pero el tema sigue siendo abordado en un nivel de gran abstracción. Efecivamente, nos damos cuenta de que es un problema a abordar. ¿Y entonces qué? ¿Qué podemos hacer en la práctica? ¿Qué significacambiar deliberadamente el consumo y la producción para cada aspecto de la financiación para el desarrollo: los recursos nacionales, los fondos privados, el comercio, la deuda y así sucesivamente? Se debe aplicar el principio de la responsabilidad común pero diferenciada, teniendo en cuenta los grandes desequilibrios entre el consumo y la producción en los países en diferentes etapas de desarrollo. Las reglas del comercio, por ejemplo, deben favorecer explícitamente a un país que consume y produce poco por sobre uno que consume y produce de una manera que es insostenible y daña el clima. También hay preguntas en torno a la forma de medir el consumo y la producción, teniendo en cuenta varios diversos patrones. Un país puede producir una gran cantidad, pero enviar la mayor parte de su producción al extranjeroy consumir poco localmente, con beneficios muy parciales para su economía doméstica. ¿Cómo deberían ser los indicadores? El trabajo conceptual sobre la pobreza multidimensional, que trata de medir la complejidad de la pobreza más allá del nivel más básico de los ingresos, podría sugerir una dirección.

El sector privado: nos muestra la evidencia

El debate en FpD3 ya está candente en torno a la propuesta de expansión del rol del sector privado. Una pregunta básica es: ¿cómo se logra que el dinero del sector privado contribuya all desarrollo sostenible? Una opción es a través de asociaciones público-privadas (APP o PPP según la sigla en inglés), pero incluso organizaciones como la OCDE y el Banco Mundial están cuestionando el valor de éstas. Hay muchos casos comprobados en que los socios públicos se quedan con la factura cuando los beneficios prometidos no se materializan-así que ¿cuál es el beneficio real? Otra opción es lograr finanzas a través de los mercados, como por ejemplo con bonos municipales, aunque éstos no se organizan en torno a los principios de desarrollo sostenible, y pueden conllevar garantías públicas y riesgos adicionales, por no hablar de que se encuentran en una etapa muy limitada de desarrollo en gran parte del mundo. Luego están los filántropos, bien intencionados, sin duda, pero ¿a quién rinden cuentas? Especialmente aquellos que operan a escala mundial y puede estar más ligados a sus propias teorías que a las comunidades que están tratando de “ayudar”. Por último, se sugiere que un entorno propicio dará rienda suelta a la actividad productiva del sector privado. ¿Qué significa realmente un entorno propicio? ¿A quién es propicio que se permita a unos establecer un negocio cuando se prohibe a otros unirse a un sindicato? ¿Cuántos puestos de trabajo se producen y cuántos se pueden considerar trabajo decente? ¿Qué tan permisivo puede ser el entorno doméstico cuando las prácticas empresariales globales tienen como resultado la desindustrialización nacional y una posición en los niveles más bajos de las cadenas globales de valor? Si el sector privado ha de ser considerado como una fuente principal de financiación del desarrollo para el desarrollo sostenible, inclusivo, ¿cuál es la evidencia de sus contribuciones hasta el momento, y cuáles son los indicadores para la medición de cara al futuro?

Demasiado espacio político

Los Delegados de FpD3 hicieron muchas referencia al espacio político -sobre todo los provenientes de países que no lo tienen. Estos gobiernos enfrentan un dilema: por un lado, quieren asumir la responsabilidad de perseguir un modelo dedesarrollo sostenible y asumir sus costos, pero por otro, tienen que cumplir con las exigencias de un modelo económico internacional que se traduce en desarrollo desigual y no sostenible. Por su parte, a los países ricos les gusta pensar que su responsabilidad está sobre todo en términos de ayuda, conocida como asistencia oficial al desarrollo o AOD, y no se ocupan tanto de la corrección de los flujos comerciales, financieros y de inversión desequilibrados. Las medidas sugeridas para hacer frente a algunas de las desagradables consecuencias imprevistas del modelo económico global actual, denominadas con optimismo como ‘externalidades’, no muestran ningún entusiasmo por abordar las deficiencias inherentesa un modelo en el que los poderosos aprovechan enormes ventajas. ¿Quizás los países ricos tengan demasiado espacio político y quedan demasiado libres para actuar sólo en su propio interés? ¿Cómo se debe evaluar y medir el espacio político? Si el espacio político de algunos países se entromete en todo el mundo y socava la sostenibilidad y la inclusión, entonces, lógicamente, la agenda de desarrollo sostenible implica un reequilibrio. ¿Cómo lograrlo?

¿Qué foro?

Ya está claro que los delegados en FpD3 van a disputar dónde se toman diversas decisiones de financiación, en diversos temas como la AOD, el comercio, la renegociación de la deuda y los impuestos. Los países en desarrollo quieren que las decisiones se tomen en las Naciones Unidas, que es un foro multilateral en el que tienen más voz, y, además, está signado por las normas y estándares internacionales para el desarrollo sostenible, incluidos los derechos humanos. Los países ricos abogan por organismos como el FMI y la OCDE, destacando sus reservorios de conocimientos técnicos. La OCDE llegó incluso a describir sus estadísticas como un bien público mundial, un término  tradicionalmente reservado para cuestiones como el clima y la paz, y eso a pesar de las dudas  sobre la precisión de las cuentas de la AOD que la OCDE proporciona. El FMI y la OCDE carecen de universalidad y de un mandato amplio para promover el desarrollo sostenible y los derechos humanos. Si las decisiones importantes relacionadas con la financiación para el desarrollo permanecen únicamente dentro de estos organismos, el seguimiento y revisión de los resutados de FpD3 se verá disminuido. ¿Qué ocurre cuando amplios grupos de países no pueden participar en decisiones fundamentales para la salud de sus economías y sociedades? Una representante de un país de ingresos medios describió conmovedoramente cómo la repentina retirada de la AOD, en base a los parámetros de los donantes, significó un empeoramiento de la pobreza en su país.

Algunas buenas ideas…

El documento sobre Elementos de FpD3 hasta ahora ha sido relativamente general y orientado al consenso, anticipando las muchas negociaciones que tendrán lugar. El documento incluye un anexo con algunas ideas que apuntan a elevar el nivel. Se sugiere, por ejemplo, acordar una definición oficial de los flujos financieros ilícitos, y la publicación de estimaciones oficiales imparciales de los mismos; que se tomen en cuenta los ODS en el establecimiento o actualización de las normas y acuerdos fiscales internacionales; acordar un piso mínimo internacional (o regional) de impuestos a las corporaciones; comprometerse a una evaluación de impacto sobre los derechos humanos de todos los acuerdos comerciales y de inversión; la elaboración de normas vinculantes de derechos ambientales, sociales y humanos en todos los acuerdos de inversión; la salvaguarda del derecho de regular sobre la salud, el medio ambiente, la seguridad, la estabilidad financiera, etc; y continuar las discusiones existentes sobre un marco multilateral para la reestructuración de la deuda soberana.

¿Qué no está en la agenda?

El documento de Elementos para FpD3 hace referencia a diversos acuerdos anteriores –el Consenso de Monterrey y la Declaración de Doha, por supuesto, y Río+20. ¿Qué falta? Por un lado, la Conferencia de 2009 de las Naciones Unidas sobre la crisis financiera y económica mundial y sus efectos sobre el desarrollo. Se deliberó allí sobre la manera de brindar sostenibilidad al orden económico y financiero internacional, basándose en el informe de la Comisión Stiglitz, escrito por los principales expertos mundiales a solicitud del Presidente de la Asamblea General de la ONU. Este informe describe una economía global „rota“ y una „casi completa ausencia de responsabilidad política“, y propone una serie de reformas esenciales. En las reuniones informales de FpD3, muchos delegados señalaron que sus países no se han recuperado de la crisis de 2008, pero sólo un par hizo referencia a esta conferencia sobre temas que, mientras no se resuelvan, seguirán socavando gravemente las perspectivas de inclusión y sostenibilidad, y cualquier esperanza de una agenda post-2015 transformadora.

Desempaquetando la palabra…

El documento Elementos de FpD3 incluye una referencia al problema de los flujos financieros ilícitos. Todo el mundo debería estaría de acuerdo en que es bueno evitar la evasión fiscal comercial, los ingresos procedentes de actividades criminales y la corrupción pública.

Sin embargo, algunos de los flujos financieros más perjudiciales no son considerados ilícitos, al menos en términos legales. Un reciente informe de Eurodad muestra que la economía global está estructurada para que los países en desarrollo, en promedio, pierdan dos dólares por cada dólar que ganan. La mayor pérdida fue a través de los flujos financieros ilícitos: 634 mil millones de dólares en 2011. Pero la segunda mayor pérdida fueron los beneficios obtenidos por los inversores extranjeros: 486 mil millones de dólares en 2012. La tercer pérdida es el dinero que los países en desarrollo prestan a los ricos: 276 mil millones dólares en 2012. A continuaciónestá el pago de intereses de la deuda externa, que llegó a 188 mil millones en 2012. La inversión extranjera directa, la ayuda, las inversiones de portafolio, las contribuciones caritativas y las remesas de los trabajadores migrantes, todas ellas consideras como importantes fuentes de financiación, en total suman menos que estas pérdidas.

Además, si usted cree que “flujo ilícito” significa principalmente escenarios de narcotraficantes que esconden sus ganancias, se equivoca. Según Africa Progress Panel, entre la facturación engañosa del comercio representa alrededor del 80 por ciento del total mundial de flujos ilícitos. Empresas supuestamente legítimas utilizan un procedimiento burocrático común -subiendo o bajando los precios declarados al importar o exportar- para evitar impuestos masivamente.

Si descartamos la distinción legalista entre evasión y elusión de impuestos, desde el punto de vista del desarrollo sostenible, que es el objetivo, ¿qué es realmente ilegal? El documento de Elementos es muy poco ambicioso en su sección de cuestiones sistémicas, señalando apenas que las reglas y las normas internacionales no siempre están en línea con los objetivos de desarrollo sostenible. Y nunca lo estarán mientras los poderosos puedan jugar con el sistema, y el flujo de recursos siga inequívocamente sesgado hacia aquellos que ya tienen mucho más que lo que merecen.

Qué ocurrirá después

Negociaciones post-2015

  • 17 al 20 de febrero: Discusión de la declaración
  • 23 al 27 de marzo: Objetivos de Desarrollo Sostenible y metas
  • 20 al 24 de abril: Medios de ejecución y asociación mundial para el desarrollo sostenible
  • 18 al 22 de mayo: Seguimiento y revisión
  • 22 al 25 de junio: Negociaciones intergubernamentales sobre el documento final
  • 20 al 24 y 27 al 31 de julio: Negociaciones intergubernamentales sobre el documento final
  • 25 a 27 de septiembre: Cumbre de la ONU: Aprobación e Implementación de un Programa Transformador de Desarrollo Post-2015

Negociaciones FpD3

  • 4 y 5 de marzo: Audiencias de la Sociedad civil y el sector empresarial
  • 13 al 17 de abril: Negociaciones intergubernamentales sobre el documento final
  • 15 al 19 de junio: Negociaciones intergubernamentales sobre el documento final
  • 13 al 16 de jul: Tercera Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo

PARA SABER MÁS (en inglés)

 

Por Barbara Adams, Gretchen Luchsinger

Fuente: Global Policy Watch.

Descargue aquí la versión en pdf.

Anuncios

20 años desde las acampadas del 0,7

En el otoño de 1994, una amplia movilización se extiende por toda España, solicitando que los partidos políticos asuman el compromiso de que la Ayuda Oficial al Desarrollo alcance el 0’7% del PIB.

Veinte años después, la realidad de la Ayuda Oficial al Desarrollo dista mucho de la reclamación de aquellas fechas. El deterioro de las políticas públicas sociales incluye también a la cooperación para el desarrollo, en la que se habían ido dando avances hasta los años previos a la crisis, además de la experiencia de trabajo tanto institucional como de las ONGD y otros agentes de la cooperación con entidades de los países del Sur.

Por otra parte, las muestras de apoyo de la ciudadanía adoptan formatos distintos dos décadas después. Se abren nuevas vías para la comunicación, movilización e incidencia, pero… ¿queda igual de patente el respaldo ciudadano a la cooperación internacional?

Para recuperar la memoria de aquel otoño, reflexionar sobre los logros y la evolución de la cooperación al desarrollo en Andalucía desde entonces, analizar el vínculo ciudadano con la solidaridad internacional en la actualidad o trazar conexiones con otros movimientos que han supuesto la toma de las plazas y el germen de nuevas formas de reivindicación por parte de la ciudadanía, entre otros objetivos, la CAONGD y la AACID plantean un documental y una exposición que recuperan las imágenes, noticias y protagonistas de las acampadas, y que recorrerán varias ciudades andaluzas de manera itinerante.

Tanto el documental como la exposición reflejan la diversidad de procedencias de las personas que acamparon hace dos décadas: estudiantes, integrantes de ONG y movimientos sociales, comunidades cristianas de base… Tras la huelga de hambre de Pablo Osés y Juan Luis Herrero en Madrid, y la acampada en el Paseo de la Castellana, en Andalucía (como en el resto de España) se multiplican las movilizaciones; las tiendas ocupan los Jardines de Cristina de Sevilla, el Paseo de la Victoria de Córdoba, el parque de la Victoria de Jaén, el Paseo del Salón de Granada, o la Plaza de la Marina de Málaga, entre otros espacios.

Como consecuencia de las reivindicaciones, el gobierno autonómico y la mayoría de los ayuntamientos de las capitales andaluzas se solidarizan con la campaña de cesión del 0,7%, comprometiéndose a destinar parte del presupuesto a cooperación internacional. Entre 1994 y 1995 se incrementan los presupuestos autonómicos destinados a cooperación al desarrollo en un 300%. En el ámbito local también aparecen estas partidas, aunque de manera muy heterogénea.

El proyecto ’20 años del 0’7%. Un pulso colectivo por la solidaridad internacional en Andalucía’ forma parte de la campaña Otoño solidario, organizada de forma conjunta por los firmantes del Pacto andaluz por la solidaridad y la cooperación.

EL DOCUMENTAL COMPLETO PUEDE VERSE AQUÍ


“El camino del silencio”

Con motivo del Día Internacional de los Derechos Humanos, la Alianza contra la Pobreza  de Toledo  convocó el ‘Camino del Silencio’.

Ropas negras, caretas y titulares de derechos humanos “pisoteados” fueron el atuendo del centenar de personas que participó ayer en el “Camino del Silencio” con el propósito de visibilizar que los derechos humanos (civiles, políticos, económicos, sociales, culturales, etc.) se incumplen sistemáticamente. La desigualdad, la pobreza y la injusticia social siguen creciendo a nuestro alrededor.

En el día mundial de los Derechos Humanos, la Alianza contra la Pobreza de Toledo quiso visibilizar a través de las estatuas humanas que rodearon Zocodover y aledaños que más de 4 millones de personas están sin trabajo, que a las personas inmigrantes se les niega el derecho a la salud, miles de familias son desahuciadas,  los y las estudiantes  no pueden acceder a la universidad por el incremento abusivo de las tasas, 2,7 millones de niños y niñas viven en pobreza, miles de personas en otros países dejan de recibir el apoyo de la cooperación al desarrollo, las mujeres víctimas de la violencia de género no cuentan con políticas que las protejan y muchas  personas  no pueden acceder a la justicia porque son incapaces de pagar las tasas; y quiso recordar que los gobiernos tienen la responsabilidad de adoptar medidas para destinar el máximo de recursos disponibles para hacer efectivos los derechos humanos y exigirles que cumplan con sus obligaciones.

La Alianza contra la Pobreza de Toledo, formada por asociaciones de vecinos, de mujeres, de personas afectadas por las hipotecas, de las que apuestan por un nuevo modelo energético, colectivos de LGTB, ONGD, moneda social, ecologistas, representantes de partidos políticos y ciudadanos/as a título individual, terminó la actividad en el Miradero donde, alumbrados por velas que formaban la frase “Defiende tus Derechos”, se escucharon testimonios reales de personas que sufren vulneración de derechos y se recogieron opiniones y denuncias en un gran tablón colocado para tal fin.


Educación inclusiva y de calidad: #EstoSiEsRiqueza

No hay mayor riqueza que las oportunidades que te brinda una educación de calidad. Si en el pasado la riqueza y el poder estaban asociados directamente con la acumulación de mercancías y la explotación de recursos, hoy día, todos y todas estamos de acuerdo que la forma más importante de la riqueza en nuestras sociedades es el capital humano: el conocimiento, el esfuerzo, las relaciones, los vínculos, la creatividad, etc.

Sin duda la educación es una fuente de riqueza en la medida en que da mayor acceso al trabajo, permite obtener empleos mejor remunerados y amplía la capacidad económica de familias, comunidades, países, etc. pero, sobre todo, es importante en la medida en que es capaz de cooperar en favor de nuestros derechos y de nuestra calidad de vida.

Por tanto, queremos enfatizar la riqueza de la educación, además de como motor económico, como herramienta de transformación y justicia social. La auténtica vida se escapa a la relación comercial, tiene que ver con los vínculos, con las relaciones humanas, con los lazos comunitarios, con la idea de compartir, con la capacidad de dar sin generar expectativas sobre lo que recibiremos.

Esa educación, la que es transformadora, es la que debemos celebrar y la que debemos demandar para todas las personas del mundo. Hoy día, esta riqueza de la educación está muy mal repartida, y tanto el acceso como la calidad del aprendizaje es muy desigual según zonas, regiones o colectivos a los que nos refiramos. Así lo denuncia el informe de Entreculturas “Equidad e Inclusión: Una educación que multiplica oportunidades”, el cual subraya como todavía 250 millones de niños y niñas ven vulnerado su derecho a recibir una educación de calidad, bien porque no tienen acceso a la escuela o porque la abandonan tempranamente o porque la calidad es tan deficiente que no adquieren los aprendizajes básicos que les permitirán desenvolverse en la vida.

Bien sabemos que existe un camino de doble sentido: la desigualdad genera inequidad en el acceso a la educación, y también la ausencia de una educación de poca calidad es generadora de pobreza y desigualdad. Por ello, creemos que una educación de calidad es una forma de riqueza, que permite a los niños y niñas desarrollar su potencial y, posiblemente, romper con ese círculo de pobreza al que se verían rezagados sin ella.

Por este motivo, desde Entreculturas apostamos por una educación pública y al servicio del bien común, inclusiva, universal, gratuita, abierta a todos y a todas, por su valor en la lucha contra la pobreza y la exclusión social y apostamos porque la nueva agenda internacional del desarrollo post 2015 la considere como una prioridad, como la mayor riqueza que podemos ofrecer a la ciudadanía de nuestro planeta.

José Manuel Moreno, Fundación Entreculturas

 


¿Qué es sostenible? – @Prosalus

En el proceso de definición de la Agenda Post-2015 ‒que deberá orientar los esfuerzos de la cooperación al desarrollo después de la finalización del período de cumplimiento de los ODM‒ ha tenido mucho más peso que en el pasado la dimensión de la sostenibilidad, un término que de forma rápida e intuitiva solemos relacionar con medioambiente. El proceso surgido de la Cumbre de Río+20 que ha desembocado en la formulación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible así lo confirma.

Pero la realidad nos demuestra que el concepto de sostenibilidad es mucho más complejo y requiere una mirada mucho más profunda que alcance no solo a los aspectos medioambientales ‒que son fundamentales‒ sino también aspectos económicos y sociales. Un ejemplo concreto nos puede ayudar a descubrir estas relaciones, el ejemplo de los sistemas agroalimentarios.

¿Es sostenible la forma en que se producen, distribuyen y consumen los alimentos? 

Si abordamos la respuesta desde un punto de vista de la sostenibilidad medioambiental, descubrimos que en las últimas décadas una parte significativa del incremento de producción agrícola y ganadera se ha conseguido a través de prácticas que tienen un muy negativo impacto medioambiental: contaminación de suelos y aguas, incremento de las emisiones de CO2 asociadas a los trabajos agropecuarios, pérdida de biodiversidad, deforestación, etc. Además, la realidad de tantos alimentos que deben viajar miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa, agrava este mal balance ambiental. Otras formas de explotación agropecuaria más amigables con la conservación de los recursos naturales ‒agricultura familiar y campesina con enfoque agroecológico, apoyo al comercio local de alimentos, consumo de productos de temporada y de proximidad‒ ha tenido mucho menos apoyo.

Pero también podemos abordar esta cuestión desde un punto de vista económico. Esta forma de producir va socavando las propias posibilidades de seguir produciendo, por lo que, a largo plazo, es también económicamente insostenible. Y la forma de articular el consumo de alimentos en estos sistemas alimentarios globalizados lleva a la enorme paradoja de que una tercera parte de los alimentos producidos para consumo humano se pierden; en el caso de las economías desarrolladas, la mayor parte de esas pérdidas hay que etiquetarlas de desperdicio, de despilfarro alimentario. Ese desperdicio, además de tener un terrible impacto medioambiental, tiene también un importante costo económico ‒¡aproximadamente 2 billones de euros al año!‒ y contribuye a la subida de precios de los alimentos a nivel global. La forma de comerciar con alimentos ha estado condicionada en lo que llevamos de siglo por una especulación financiera que, cada vez más despegada de la economía real y cada vez más ávida de conseguir beneficios rápidos y fáciles, ha reproducido en el ámbito alimentario los mismos desastres que produjo antes en el ámbito de las nuevas tecnologías o en el ámbito inmobiliario. Este sistema económico, subyugado por el mundo financiero, no parece que sea muy sostenible.

Y todos estos aspectos inciden en la insostenibilidad social de los sistemas alimentarios. Aunque las cifras de hambrientos se han ido reduciendo en los últimos años, todavía hay más de 800 millones de personas que viven en situación de hambre. Si a eso le sumamos que unos 2.000 millones de personas padecen hambre oculta ‒carencia de minerales y vitaminas fundamentales en su dieta‒ y otros 1.400 millones sufren sobrepeso y obesidad, nos encontramos con media humanidad malnutrida. Esto es social y humanamente insostenible.

Podríamos seguir escribiendo muchas páginas sobre las estrechas relaciones entre la insostenibilidad medioambiental, económica y social, pero no es lo adecuado para este blog. Hoy solo tocaba llamar la atención sobre la necesidad de mirar con profundidad y con diversos puntos de vista a la sostenibilidad, y descubrir esos vínculos que empobrecen al planeta y a la mayor parte de sus habitantes, mientras se enriquecen solo unos cuantos. Esto es insostenible.

 

José Mª Medina Rey, PROSALUS


Por una reforma fiscal justa #RecortaelFraude

Respuesta de la Alianza Española contra la Pobreza al Sr. Manuel Lagares, Presidente de la Comisión de Expertos para la Reforma Tributaria.

La Alianza Española Contra la Pobreza, que reúne a más de 1.000 organizaciones sociales, sindicales, religiosas, de consumidores, ecologistas, coaliciones y ONG en la lucha contra las causas de la pobreza y desigualdad globales, se dirigió el pasado mes de diciembre a la Comisión de Expertos para la Reforma Tributaria, para solicitar una reunión con su presidente y presentar las preocupaciones y propuestas en torno a la Reforma Fiscal exigida por Bruselas para 2014.

La Secretaría de dicha Comisión señaló en su respuesta que ésta no lleva a cabo reuniones presenciales, sino que prefiere recibir sus opiniones por escrito, razón por la que nuevamente nos dirigimos a usted, así como al resto de miembros de la Comisión, con nuestra exposición de propuestas.

La Comisión de Expertos ha asumido una gran responsabilidad, ya que de sus propuestas debe salir una gran reforma que afectará a todas las personas dentro y fuera de este país, especialmente a las más vulnerables. Es una responsabilidad también personal de cada uno de sus miembros, ya que sus aportaciones han de ser coherentes con el Arto. 31.1 de la Constitución Española “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica…” y  que permita vivir con dignidad a las personas que hoy viven en situación de pobreza y exclusión.

El sistema fiscal tiene un gran impacto en la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Es, por tanto, imprescindible conseguir un aumento de la recaudación, reducir el déficit y asegurar que existan mecanismos suficientes que garanticen una redistribución con justicia y equidad. Es profundamente indignante que exista un fraude fiscal calculado en torno a los 90 mil millones de euros en España y mientras tanto se recorte en derechos económicos, sociales y culturales.

Queremos denunciar la falta de equidad del sistema tributario español donde las rentas del trabajo por cuenta ajena soportan la mayor parte del sistema, mientras que las grandes fortunas, empresas y transnacionales contribuyen de forma poco proporcionada y eludiendo, en buena medida, su obligación de tributar por medio de figuras tributarias específicas, deducciones y otros mecanismos de ingeniería fiscal.

POR UNA REFORMA FISCAL JUSTA – propuestas de la Alianza Española contra la Pobreza (PDF)


RE-politizar-NOS. De la protesta a la propuesta participada

Artículo publicado en el número 58 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2013. Enlace original: http://www.revistapueblos.org/?p=15111

Grupo de Trabajo de Movilización y Participación de la Coordinadora de ONGD

Vivimos un cambio de época caracterizado por cambios profundos, rápidos y constantes que transforman un orden establecido. El Estado de Bienestar que hemos conocido (las políticas públicas que protegen los derechos de las personas a través de las garantías sociales básicas), se ve directamente atacado por las directrices que marcan los intereses financieros. Ante ello, la ciudadanía, cada vez más autónoma y exigente, resta legitimidad a un sistema político que considera que no le representa; un cuestionamiento que, en cierta medida, también afecta a organizaciones tradicionales como sindicatos y ONG que no han sabido adaptarse con rapidez a las necesidades de cambio demandadas.

Fotografía: CONGDE.

Fotografía: CONGDE.

Las transformaciones impuestas por el modelo neoliberal atacan directamente a las políticas públicas y, entre ellas, a la política de cooperación. La enorme caída de los fondos españoles destinados a cooperación (70 por ciento desde 2009), así como la pérdida de peso de la orientación hacia la erradicación de la pobreza frente al predominio del enfoque basado en el simple crecimiento económico que prioriza el sector privado, están debilitando profundamente el sistema, poniendo en riesgo los logros que se venían consiguiendo.

A esta transformación económica y política se une la vorágine causada por los cambios tecnológicos. Asistimos a una revolución mundial en este sentido que modifica profundamente las formas de comunicación pero, también, y es ahí donde reside su enorme potencial, las formas de pensamiento y de actuación colectiva. Ya en 2002, Igor Sábada afirmaba[1]: “la comunicación y participación van de la mano en nuestro recién estrenado siglo y asistimos a la consolidación de ciertas formas de acción colectiva que presentan unos marcos de comportamiento y discurso nuevos”. Ante este complejo contexto, y tal como afirmaba recientemente la presidenta de la Coordinadora de ONG de Desarrollo, Mercedes Ruiz-Giménez, “lo único seguro es que tenemos que asimilar que la situación de hace unos años no volverá a darse”. Por tanto, podemos aferrarnos a un pasado que ya no existe o dar el salto, con vértigo incluido, y lanzarnos a una nueva realidad cuyas formas de funcionamiento nos son ajenas en muchos sentidos.

Este profundo cambio que estamos viviendo ya lo observábamos de alguna forma en 2009. Entonces, en el II Encuentro del Sector, hablábamos de Transformación y retos del sector en una sociedad en cambio. Dos años después volvíamos a tratarlo en el III Encuentro, Nueva Arquitectura del Desarrollo. El rol de las ONGD como actores del Desarrollo, que desgranó cuestiones relativas a los nuevos contextos, el papel de las ONGD y la participación ciudadana. Más allá de los recortes presupuestarios, es evidente que existe una convicción general sobre la necesidad de evolucionar y adaptarse a un contexto cambiante.

Implicaciones para la participación ciudadana

En los análisis realizados sobre la relación con nuestra base social y con la ciudadanía subyace siempre una preocupación por la implicación de las personas. La comunicación entre las ONGD y la sociedad es esencial para conseguir que la cooperación entre ambas se consolide en pro de los cambios sociales y políticos que pretendemos generar.

Los cambios tecnológicos nos sitúan en lo que Manuel Castells denomina “sociedad en red”, es decir, una conexión global entre personas que propicia la comunicación, la interacción y la organización social a nivel mundial. Propuestas todas éstas que parten de las personas como sujetos activos y no tanto de las organizaciones sociales tradicionales, como ocurrían en tiempos pasados. Las personas actúan desde su propia fuerza, todo el mundo puede ser líder (se habla de liderazgos múltiples o blandos en los que nadie destaca por encima de nadie) y se construyen propuestas comunes multidimensionales, vivas y profundamente políticas.

Esto sitúa a las ONGD como un interlocutor más de una conversación múltiple que tal vez ni si quiera fue iniciada por nosotras. Como afirma Pablo Navajo en ParadigmaTIC@s, “hasta ahora las ONG desarrollaban acciones comunicativas en una sola dirección, esta ya no es posible (…) debemos pasar de controlar nuestras comunicaciones para influir en los demás y ser influidos. Cambiar y ser cambiada”[2].

Tal situación nos obliga a cambiar la forma de comunicación, de actuación, la participación de nuestra base social o las personas ligadas a nosotras, pero sobre todo implica un cambio en nuestras estructuras y funcionamientos. La clave está en tener capacidad de adaptación constante sin perder nuestra identidad. “Frente a la planificación, siempre necesaria pero hoy insuficiente, irrumpiría hoy la necesidad radical de recuperar la ‘intuición’, entendida ésta como la respuesta ‘automática’ a un problema que surge no tanto como fruto de un pensamiento sistematizado o de la aplicación de un conjunto de rutinas, sino como resultado de un proceso permanente de observación, comunicación, acción, reflexión y educación”[3].

Fotografía: CONGDE.

Fotografía: CONGDE.

Participación: un fin no siempre alcanzado

A pesar de esta compleja realidad (y precisamente por ella) las ONGD mantenemos firmemente nuestro objetivo principal: contribuir al cambio de un sistema internacional profundamente injusto. Lo compartimos con millones de personas que en todo el mundo demandan un cambio de estructuras y relaciones internacionales que garanticen la justicia social global. Es nuestra mayor legitimación.

Si en este nuevo contexto de participación y movilización el centro son las personas, no cabe duda de que las ONGD coincidimos plenamente en este punto. Por ello, intentamos poner el foco en “una comunicación coherente con los valores de la justicia social, de la solidaridad, de la igualdad, orientada a la transformación y al cambio social, a través de la participación activa de la ciudadanía”[4].

A lo largo de nuestro trayecto en común, tanto la educación para el desarrollo como la movilización y la comunicación han sido líneas de trabajo consolidadas e interrelacionadas, porque entendemos la participación social como un fin en sí mismo. Un proceso continuo y constante orientado a formar parte y a transformar, con otras personas, el conjunto de relaciones y espacios sociales. Un valor que supone pasar de la protesta a la denuncia y a la propuesta colectiva e ilusionante. Cuando las tres cuestiones van de la mano su enorme potencial político genera cambios y contribuye a la creación de una cultura de solidaridad, permite que las personas se entiendan como protagonistas del cambio.

A pesar de nuestra convicción sobre la capacidad transformadora de la participación ciudadana hemos tendido a primar la protesta sobre la denuncia y la propuesta. Durante mucho tiempo nos hemos quejado de la falta de compromiso ciudadano con los temas que nos ocupan, con las decisiones políticas y económicas que afectan a la vida de millones de personas en el mundo. El 15M y todos los movimientos globales que han explotado en los últimos años nos han demostrado que estábamos equivocadas: a la gente le interesa la política, se moviliza por sus derechos, los reclama en la calle y se organiza colectivamente. ¿Qué es, entonces, lo que nos ha faltado para generar ese tipo de actitud en las personas que nos son afines?

Algunas luces y sombras

Cuando hablamos de movilización social nos referimos a un proceso en el que las personas toman conciencia de un problema, lo identifican como prioritario y buscan formas de actuación. Ese proceso exige un largo plazo, un trabajo constante en el tiempo que, generando pequeñas modificaciones, contribuye a un cambio global. A menudo hemos identificado la movilización con grandes acciones en la calle, lo que nos ha llevado a la conclusión fácil (y frustrante) de no conseguir movilizar. Ante tal situación, ¿debemos pensar en el trabajo de hormigas que hemos realizado a lo largo del camino y ver así nuestra incidencia en perspectiva o, por el contrario, optar por movilizar masas de gente? La respuesta no es sencilla, los grises son múltiples y complejos.

La explosión de movilización ciudadana que se ha producido en los últimos años tal vez pueda arrojarnos algo de luz. Vivimos el que quizá es el momento de mayor movilización social de las últimas décadas, pero entre las muchas reivindicaciones que se hacen públicas no aparece la lucha contra las causas de la pobreza global. ¿Por qué? Las formas de movilización son muy diversas, como las chispas que las generan. Para Jorge Castañeda, del Grupo de Trabajo de Movilización y Participación, “probablemente no hemos dado con la tecla, es difícil que haya indignación sobre un tema que no puedes ver directamente, que ocurre a miles de kilómetros y que las ONGD hemos transmitido como fríos números, en la búsqueda de una rigurosidad en nuestras informaciones que nos ha hecho olvidar las pasiones”.

Con el paso de los años hemos aumentado nuestra función como gestoras en detrimento de nuestro carácter activista; hemos optado por formas de comunicación más cercanas a la “solidaridad de sillón”[5] que a la promoción de la justicia social global. Las narrativas utilizadas por las ONGD han venido marcadas por una apelación a la solidaridad desde la transacción económica, una comunicación marketiniana que no ha logrado explicar la pobreza más allá de situaciones puntuales que afectan de manera aislada a determinados colectivos o países. Hemos descrito consecuencias sin denunciar sus causas (causas, por cierto, comunes a los problemas que actualmente afectan a España). Este paradigma, predominante en la comunicación realizada por las ONGD; “se caracteriza por la relación entre un “poderoso donante” y un “receptor agradecido”[6] y es incompatible con el fomento de la movilización social.

Como afirma María Sande, del Grupo de Trabajo de Comunicación de la CONGDE, “hemos cometido el error de presentar las cosas que pasan en el mundo como si en realidad pasaran en mundos diferentes, aislados: uno el Norte, desarrollado, donde disfrutábamos de derechos y de condiciones de vida tan deseables, que había que exportarlos al resto del mundo; y otro en el Sur, en desarrollo, que debía aspirar a algún día llegar a donde estábamos nosotros. Todo bienintencionado, pero muy contraproducente: en el imaginario popular hemos contribuido a crear una división ficticia, que ha hecho que se desvincule nuestra vida y nuestro contexto de los de ‘allá fuera’. Y que no seamos capaces de ver las clarísimas relaciones y causas últimas de la mayoría de lo que no funciona en el mundo”.

Por otra parte, en el nuevo contexto que vivimos, las estructuras de nuestras organizaciones se muestran notablemente rígidas y jerárquicas[7]. Si queremos apostar por una participación real, debemos garantizarla no sólo con respecto a la gente que nos apoya, sino también en el seno de nuestra propia organización. La aportación y aprobación de ideas, propuestas o iniciativas no debería venir de la mano de un cargo, sino de la mano de las personas, independientemente de su puesto. En la sociedad en red todas las ideas valen lo mismo. Pablo Navajo lo explica con claridad: “todas (las ideas) tienen a priori las mismas oportunidades (…) Nadie tiene el poder de censurar ideas o eliminar el debate sobre ellas (…) tienen el mismo tratamiento la del director general que una propuesta de un simpatizante. En este contexto, la contribución cuenta más que la posición”[8]. Nuestras propuestas deberían ser cada vez más abiertas, en construcción constante, en adaptación continua y plural; permitiendo que sigan adelante las construidas de manera colectiva. La participación de trabajadoras y trabajadores, voluntariado, personas y movimientos afines debería ser flexible, como debería serlo nuestra participación en iniciativas sociales.

Pese a todo, existen logros que no debemos infravalorar. Últimamente predomina la impresión de que las ONG no están presentes en los actuales movimientos sociales ligados al 15M o de que su base social no se moviliza. Sin embargo, según encuestas realizadas por el propio 15M, muchas de las personas que participan en este tipo de iniciativas están ligadas a ONG. Tal vez eso responda a ese trabajo de hormiga que va dejando un poso. Necesitamos, eso sí, un empujón para conseguir ligar los problemas que aquí nos afectan a los que viven en otros lugares del planeta.

De la protesta a la propuesta

La vuelta firme a nuestros orígenes de mayor militancia y compromiso político es clave en estos momentos. Debemos repolitizarnos, recuperar la esencia de nuestra razón social. Afortunadamente, tenemos de quien aprender: de los movimientos sociales, organizaciones y personas con las que hemos trabajado durante décadas en más de cien países del mundo, a quienes no les tiembla el pulso a la hora de denunciar la violación de derechos humanos y de reivindicar sociedades justas. De ellas aprendimos a protestar desde la propuesta con emoción, compromiso, convicción y energía; aprendimos la necesidad de ser profundamente políticas. Necesitamos complicidad y alianza con quienes están en el mismo barco, contundencia en nuestras denuncias, profesionalidad en nuestro trabajo y apertura plena y constante hacia la ciudadanía.

No podemos olvidar que, de igual manera que todo comunica, todo educa. Nuestras decisiones, formas de trabajo, declaraciones, silencios, acciones dicen mucho de nosotras. Lo que hagamos, o no hagamos, configura un marco representativo sobre los valores que defendemos y sobre quiénes somos realmente. Por eso, la comunicación para el cambio social y la participación corresponde a todos y cada uno de los departamentos de nuestras organizaciones, a todas las personas. La responsabilidad en la creación de una cultura de la solidaridad y de ciudadanía global es atribuible a la ONGD en su conjunto (incluidas personas voluntarias y base social).

Actualmente el apoyo en bloque a las propuestas de una organización, institución o colectivo es cada vez más escasa. Las personas apoyan causas, no logos o nombres, y muchas lo hacen siempre y cuando puedan contribuir a la definición de las líneas de actuación. Se trata de contar con seguidores, no tanto con tradicionales miembros o socios/as, y ofrecer un abanico de participación que se adapte a lo que las personas demandan: unas con mayor protagonismo; otras, con menos.

Aunque la participación tiene múltiples formas, en nuestras organizaciones destaca el voluntariado. En muchas ocasiones hemos caído en el “voluntariado de tarea”, ofreciendo a quien quería colaborar una tarea cerrada en la que su papel se limitaba a llevarla a cabo tal y como se lo proponíamos. Frente a ello, uno de los retos más importantes es fomentar un voluntariado transformador que pueda proponer, crear, construir de manera colectiva, flexible, creativa e ilusionante. Una de las claves para conseguir la implicación de las personas es que éstas se vean a sí mismas como agentes reales de un cambio que es posible, especialmente cuando se hace mano a mano con otras personas.

La realidad en la que vivimos nos exige ser organizaciones en proceso, en adaptación a un contexto cambiante. Tal como se señalaba en el III Encuentro, debemos pasar de trabajar en red a pensarnos desde la idea de red; optar por la riqueza de lo plural sobre lo individual, sumar ideas y objetivos perdiendo el miedo a decir tan sólo lo políticamente correcto, aprovechar alianzas con otros movimientos y colectivos y aprender “el arte de navegar” en una realidad líquida, variable.

La complejidad del momento que vivimos es una excelente oportunidad para repensarnos, adaptarnos, construir de manera conjunta sin saber muy bien qué curvas nos depara el camino pero muy conscientes de hacia dónde apunta nuestra brújula. Un objetivo que, afortunadamente, comparten muchas personas, organizaciones y colectivos con quienes nos encontramos, caminamos y construimos. Ese arte de navegar es, sin ningún género de duda, apasionante, como las certezas e incertezas que nos depara.


Grupo de Trabajo de Movilización y Participación de la Coordinadora de ONGD – España, http://www.congde.org.

Artículo publicado en el número 58 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2013.


NOTAS: 

  1. Sábada Rodríguez, Igor. (2002): “Nuevas Tecnologías y política: Acción colectiva y movimientos sociales en la sociedad de la información”. Disponible en ww.uned.es.
  2. Coordinadora de ONGD (2012): ParadigmaTIC@s. Ver en www.congde.org, en la sección de documentación.
  3. Coordinadora de ONGD (2012): Nueva Arquitectura del Desarrollo. El rol de las ONGD como actores del Desarrollo. Publicación resultado del III Encuentro del Sector, organizado por la Coordinadora en 2011. Ver en www.congde.org, en la sección de documentación.
  4. Grupo de comunicación de la Coordinadora de ONGD, “Comunicación, intercambio y participación: una mirada desde las ONG”, en Martínez, R. y Lubetkin, M. (coord.) (2010): Comunicación y desarrollo: pasos hacia la coherencia, Comunicación social, Zamora.
  5. Erro, Javier: “Comunicar y educar para la solidaridad”. Disponible en: www.fuhem.es.
  6. Darnton, Andrew y Kirk, Martin (2011): Finding Frames, new ways to engage the UK public in global poverty. Disponible en: findingframes.org
  7. III Encuentro, Op. Cit.
  8. ParadigmaTIc@s, Op. Cit.