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#Rioplus20: Que gasten más dinero en erradicar la pobreza y menos en armamento

“Que gasten más dinero en erradicar la pobreza y menos en armamento” eran algunos de los gritos que se oyeron en Río de Janeiro donde decenas de miles de manifestantes, a pesar de la lluvia, recorrimos las calles del centro para exigir a los jefes de Estado y de gobierno allí reunidos que no apoyaran un nuevo “capitalismo verde” y que planteen soluciones reales pensadas para las personas ante la crisis ambiental.

Esta manifestación formaba parte del Día de Movilización Global en defensa de los bienes comunes y contra la mercantilización de la vida”, convocada para presionar a los líderes mundiales reunidos en la apertura de Río+20.

“No nos representan”, “Tiempo para la justicia climática” fueron algunos de los lemas coreados por asociaciones ecologistas, feministas, sindicatos, indígenas, estudiantes. También se escucharon muchas protestas contra la presidenta Dilma Roussef para que  revoque el recientemente aprobado  Código Forestal.

Las organizaciones de Coalición Clima presentes en Río también quisimos aportar nuestras reivindicaciones con las siguientes pancartas: una economía verde por y para las personas, el crecimiento infinito y desigual solo beneficia a los mercados, necesitamos gobiernos que regulen, protejan y rindan cuentas a la ciudadanía, objetivos de desarrollo sostenible ambiciosos que garanticen el bienestar humano y de los ecosistemas.

Por Arantxa García, de Fundación IPADE

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#Rioplus20: la falta de ambición seguirá condenando a la pobreza a millones de personas

Arranca hoy el tramo de alto nivel de la Cumbre de Río+20 con la llegada de 100 jefes de Estado y de gobierno, entre ellos el presidente español Mariano Rajoy, con gran decepción por parte de la mayor parte de organizaciones de la sociedad civil que seguimos el proceso desde Río.

El documento encima de la mesa sobre el que parece no habrá grandes modificaciones es decepcionante: no plantea críticas sistémicas al actual modelo de desarrollo y no incluye nuevas fuentes de financiación para políticas de desarrollo sostenible. Hasta la Comisaria de Derechos Humanos de la ONU, Navatheen Pillay, considera que el documento de Río+20 es un retroceso.

El texto de Río+20 se queda en meras recomendaciones y muestra una total falta de ambición. Aunque se incluyen menciones a las responsabilidades compartidas pero diferenciadas (reconoce que no todos los países tenemos la misma responsabilidad en el origen por ejemplo del calentamiento global), y alude a la incoherencia de los compromisos de reducción de emisiones con el límite de entre 1,5ºC y 2ºC de incremento de la temperatura, sigue sin reconocer las causas estructurales del cambio climático.

La crisis económica sigue siendo la principal excusa para no adoptar compromisos reales con la erradicación de la pobreza mientras nuestros gobernantes siguen sin apostar por la lucha contra los paraísos fiscales o la aprobación del impuesto a las transacciones financieras (ITF)*, que permitirían conseguir la financiación tan necesaria para el desarrollo. Los Estados además se desvinculan cada vez más de sus compromisos en materia de financiación pública para el desarrollo y dejan en manos del sector privado las contribuciones a este tipo de políticas.

La economía verde parece ser la apuesta de los países del Norte para acabar con la actual crisis socioambiental, una falsa solución ya que los aspectos sociales siguen quedando al margen. Respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) habrá un proceso posterior para su definición que esperamos tenga en cuenta los aprendizajes y la evaluación del estado de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

En definitiva la negociación oficial que tiene lugar en Riocentro a varios kilómetros de distancia de la Cúpula de los Pueblos, donde la ciudadanía presenta soluciones viables por y para las personas, pasando por la favela de la Rocinha, está muy distante físicamente de los planteamientos de la sociedad civil y parece desarrollarse completamente al margen de la realidad.

20 J-día de acción global: “marcha en defensa de los bienes comunes y contra la mercantilización de la vida

Ante la falta de compromiso de nuestros políticos, saldremos hoy a la calle en este día de Acción Global. Las organizaciones que formamos parte de Coalición Clima presentes en Río+20 participaremos con los siguientes lemas: “el crecimiento infinito y desigual solo beneficia a los mercados” y “necesitamos gobiernos que regulen, protejan y rindan cuentas a la ciudadanía”.

 Por Arantxa García, de Fundación IPADE

*SI QUIERES FIRMAR POR LA IMPLANTACIÓN DE UN IMPUESTO A LAS TRANSACCIONES FINANCIERAS, PINCHA AQUÍ.


Miles de mujeres se manifiestan en contra de la #EconomíaVerde #Rioplus20

Diversos colectivos feministas, movimientos campesinos y de indígenas han tomado las calles de Río de Janeiro para mostrar su oposición a la economía verde tal y como la concibe el documento que está en la mesa de negociación de la Cumbre Río+20.

Contra la mercantilización de la naturaleza y las falsas soluciones que propone la economía verde, en torno a 7.000 personas, en su mayoría mujeres, han querido hacer oír sus voces en el centro de la ciudad y en la Cúpula de los Pueblos, foro paralelo de sociedad civil en el que planteamos propuestas para luchar por la justicia social y ambiental.

Durante la manifestación, amenizada con bailes de capoeira, muchas pancartas han querido visibilizar el valor de los cuidados y el papel que desempeñan las mujeres como cuidadoras del medio ambiente. De acuerdo con estos colectivos, es necesario un nuevo modelo productivo-reproductivo y de consumo, basado en otro paradigma de sostenibilidad de la vida.

Mientras, en el foro oficial de Río+20 Michele Bachet en representación de UN Women, la agencia de Naciones Unidas que promueve acciones en pro de la igualdad de género, señalaba que la participación de las mujeres en la vida social y económica es crucial para alcanzar el desarrollo sostenible.

Conviene recordar que más de 500 millones de mujeres rurales viven en situación de pobreza y no tienen acceso a los recursos básicos ni a los mercados a pesar de ser la principal mano de obra agrícola en los países en desarrollo y producir el 50% de los alimentos.

En la calle y en la Cúpula de los Pueblos no cesan de oírse propuestas interesantes para cambiar el actual modelo de desarrollo y avanzar hacia un desarrollo sostenible. Se trata de propuestas perfectamente realizables y nada utópicas, como siempre lo que falta es  voluntad política.

La última versión del texto que está encima de la mesa de los negociadores y negociadoras de Río+20 no parece haber agradado mucho a la UE y es poco ambicioso. Malas noticias de momento, esperemos que en los próximos días consigamos algo más que un texto descafeinado.

 Por Arantxa García, de Fundación IPADE


La desertificación sigue intensificando las hambrunas y los conflictos #Rioplus20

Con motivo del día mundial de lucha contra la desertificación (17 de junio) y a tan sólo tres días del inicio de la Cumbre Río+20, la Secretaría de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación ha pedido que la declaración final incluya la gestión sostenible de la tierra como elemento fundamental para poder avanzar en la lucha contra la pobreza.

Su secretario ejecutivo, Luc Gnacadja, pedía compromisos para 2030 con un tasa cero de avance de la degradación de la tierra, tasa cero de degradación de los bosques, así como políticas de prevención de las sequías y mitigación de sus efectos para 2020.

Si no hay compromisos con un uso sostenible de la tierra por y para todos y todas, estaremos abocados a las ya conocidas hambrunas, como la que se está produciendo en el Sahel, y a la proliferación de conflictos. Sin embargo, la declaración final que está encima de la mesa sigue siendo bastante decepcionante en la luchar contra desertificación y no incluye compromisos políticos fuertes en esta línea.

La pérdida de tierra fértil afecta a más de 1.500 millones de personas que viven en condiciones de pobreza y dependen directamente de los ecosistemas para satisfacer sus necesidades básicas. África con el 45% de su territorio amenazado por la desertificación es el continente más afectado y en 2025 podría perder hasta 2/3 de sus tierras de cultivo con el consecuente problema de inseguridad alimentaria.

“El suelo está muy debilitado. Ahora la producción es menor que antes y ya no llega para alimentar a toda la familia. Además, cada año está todo más seco” señala Mamadou, alcalde de Karcia (provincia de Kolda, la región más pobre de Senegal), en el documental “Tukki, la huella ambiental” que aborda la problemática de las migraciones ambientales ante el agotamiento de los recursos naturales. Las previsiones para 2020 hablan de 60 millones de desplazados en el África subsahariana y 135 millones en todo el mundo por este fenómeno.

Cada año 12 millones de hectáreas de tierra se transforman en desierto en las regiones áridas, debido a las sequías y la degradación de la tierra. Esta superficie podría llegar a producir hasta 20 millones de toneladas de cereales anuales que contribuirían a garantizar la seguridad alimentaria de las poblaciones que viven en las tierras secas.

Son necesarios compromisos políticos urgentes en el ámbito internacional para frenar la pérdida de suelo fértil y asegurar las necesidades de alimentación de millones de personas, especialmente en el continente africano.

Las soluciones deben pasar por técnicas de gestión sostenible de la tierra como la reforestación con especies autóctonas y la agroforestería, que ya han contribuido a recuperar más de seis millones de hectáreas en el continente africano. A través de la agroforestería y la agricultura a pequeña escala podrían recuperarse más de 1.500 millones de hectáreas a nivel mundial.

 Por Arantxa García, de Fundación IPADE


¿El futuro que queremos? #RioPlus20

“La tierra tiene suficientes recursos para satisfacer las necesidades de todos los seres humanos, pero no para saciar su codicia”. M. Ghandi

Los próximos días 20, 21 y 22 de Junio se celebrará en Río de Janeiro una cita histórica. Las Naciones Unidas han convocado a todos los Estados para dialogar sobre la sostenibilidad de nuestro modelo de desarrollo, con la consciencia clara de que no existe verdadero desarrollo si éste no supone al mismo tiempo la erradicación de la pobreza, la disminución de la desigualdad, y el cuidado sostenible de los recursos que usamos y del medio ambiente global, casa común de toda la humanidad.

El referente es la Cumbre de la Tierra, celebrada también en Río de Janeiro hace veinte años. De aquella cumbre salieron documentos y declaraciones muy importantes (sobre todo la Declaración de Principios y la Agenda 21) que plantearon la relación entre la economía, la sociedad y el planeta, en unos términos diferentes a lo que hasta entonces se había construido, que permitiesen lo que el informe “Nuestro futuro común” (1987) más conocido como Informe Bruntland, había definido unos años antes como “desarrollo sostenible”, que consiste en la capacidad de satisfacer nuestras propias necesidades sin minar el derecho de las generaciones futuras a la satisfacción de las suyas. Pero ¿hemos avanzado o hemos retrocedido con respecto a este ideal?

El Informe de Naciones Unidas que prepara Rio+20 llamado, “Gente resiliente en un planeta resiliente: un futuro que vale la pena elegir”, es contundente y claro. Cada vez somos más (7 mil millones actualmente, 9 mil en 2040) y nuestros modelos de producción y consumo hacen que el crecimiento sea insostenible a medio y largo plazo, además de la escasez de recursos que producen y del deterioro ambiental que provocan. Para 2030 el mundo necesitará al menos un 50% más de alimentos, un 45% más de energía y un 30% más de agua.

En los últimos veinte años el mundo ha caminado creyendo ciegamente que garantizar el crecimiento económico sería sinónimo de bienestar para todos. De hecho entre 1992 y 2010 el Producto Interno Bruto (PIB) mundial creció en un 75% y el PIB per cápita en un 40%. Sin embargo, casi 2 mil millones de personas viven actualmente en la pobreza más absoluta, la desigualdad creció entre los países y también dentro de cada nación, y el hambre es una lacra sin erradicar, que afecta a casi mil millones de personas. Además, nuestro modelo de crecimiento económico sigue generando grandes daños al planeta en sus procesos de producción y de consumo. Los científicos han identificado “nueve límites planetarios” (Rockström 2009) que en caso de ser sobrepasados por la actividad humana podrían provocar cambios ambientales irreversibles y abruptos. Plantean que en tres de ellos ya se han sobrepasado los límites: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el ciclo global del nitrógeno.

Así pues, estamos ante un momento clave y urgente para toda la humanidad: o somos capaces de tomar las decisiones necesarias para un verdadero desarrollo sostenible para toda la humanidad y que respete los límites planetarios, o estamos abocados, más tarde o más temprano, al colapso total. Aquí no hay ricos ni pobres, buenos ni malos, norte o sur. El planeta es uno. Y es nuestra casa común. ¿Hacia dónde caminar entonces?

El borrador de la declaración final de Río+20 que se viene discutiendo desde enero, y que se llama “El futuro que queremos”, plantea caminar hacia la sostenibilidad con dos herramientas principales: una economía “verde” y unas instituciones globales que lideren y garanticen un desarrollo sostenible, capaz de llevarnos un crecimiento económico con igualdad social y preservación ambiental.

La mayoría de las organizaciones de la sociedad civil y sus redes, sin embargo, han sido duramente críticos con las propuestas. En primer lugar se afirma que si las múltiples crisis actuales (económica, energética, de seguridad alimentaria, climática, etc.) son el resultado de un modelo económico basado en el crecimiento ilimitado en un mundo con recursos finitos, y de la globalización de patrones irracionales de producción y de consumo, una alternativa que promueva entre otras cosas el uso de energías renovables, nuevas tecnologías para la producción de alimentos, y asignar valor económico a bienes y servicios de los ecosistemas que actualmente no forman parte del precio final de lo que se produce, sin cambiar la esencia del sistema, no es una verdadera alternativa y no sólo no nos llevará a la sostenibilidad, sino que profundizará nuestras crisis, expandirá la mercantilización de la naturaleza y aumentará la desigualdad social y el deterioro ambiental. Por otra parte, pretender mejorar el gobierno global para la sostenibilidad sin una reforma profunda de las instituciones internacionales, sin mayores cotas de democratización y transparencia, sin mandatos específicos con autoridad reconocida para normar y castigar los incumplimientos de los compromisos asumidos por los Estados, sin mayores accesos para la participación y el seguimiento de la sociedad civil global, etc. sin una reforma en este sentido, Rio+20 no será más que una declaración de buenas intenciones, pero sin futuro y sin capacidad transformadora.

Desgraciadamente las discusiones previas sobre el borrador cero no han generado consensos sino todo lo contrario. De hecho, el documento inicial contaba con 25 páginas, y el último borrador, de principios de junio, ya va por 80. Tal vez, siendo realistas, no haya que esperar grandes resultados de esta cumbre, y mucho menos un cambio de paradigma sobre nuestra economía y nuestra manera de relacionarnos con los demás y con la naturaleza. Pero tal vez el valor está en el proceso, en los debates, en la elaboración de alternativas, en las propuestas y las interacciones.

Hoy los utópicos son los que siguen creyendo que es posible mantener de manera indefinida un modelo de desarrollo que deteriora el planeta, hace crecer las desigualdades, y esquilma los recursos disponibles. Es tiempo de sensatez y de realismo, en clave de urgencia. Y no tenemos más alternativa que construir el futuro respetando los límites de nuestro planeta y los derechos de todos los seres humanos para cubrir sus necesidades de manera satisfactoria. No hay otro camino. Pero ¿es este el futuro que queremos?

Marco Gordillo Zamora, Responsable de Campañas de Manos Unidas y miembro del Grupo de Tabajo de Pobreza Cero


Río+20: revaloricemos el desarrollo sostenible #Rioplus20

Entrada por Arantxa García Gangutia, de Fundación IPADE

Bajo el lema “Río + 20: El futuro que queremos”, Naciones Unidas revisará en Río de Janeiro (20-22 jun) los compromisos alcanzados en la cumbre de la Tierra (1992), foro multilateral sobre desarrollo sostenible.

Aunque las expectativas generadas en torno a Río+20 deberían ser muy elevadas, a menos de 15 días del inicio de esta importante cita, el éxito de esta cumbre parece estar ya en entredicho. En un planeta seriamente degradado, donde una minoría rica es responsable de una huella ecológica insostenible, las negociaciones previas no parecen aportar soluciones reales a los millones de personas que viven en condiciones de pobreza debido a la degradación ambiental de nuestro planeta.

En Río 92 se asumió a nivel internacional el paradigma de desarrollo sostenible entendido como “la satisfacción de las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”, un concepto que integraba no sólo factores económicos, sino también ambientales y económicos. Sobre el papel, esta idea suponía un avance sustancial para promover el bienestar humano y ambiental.

Para progresar hacia este horizonte, se pusieron en marcha el Programa Agenda 21 y se lanzaron las Convenciones de Río en torno a problemas socioambientales globales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación. Sin embargo, los estrepitosos fracasos de las tres últimas cumbres de cambio climático (Copenhague, Cancún y Durban) y los escasos avances para frenar la pérdida de biodiversidad y la desertificación, con las implicaciones que ello tiene para nuestra calidad de vida y especialmente para la  supervivencia de millones de personas en países del Sur, no permiten ser muy optimistas sobre los resultados alcanzados en estos 20 años.

Además algunas multinacionales y gobiernos, amparándose en el desarrollo sostenible, han promovido prácticas insostenibles (deforestación para la expansión de monocultivos para agrocombustibles, ganadería intensiva, destrucción de costas por el urbanismo, etc) que nos han llevado a la actual crisis socio-ambiental y que han contribuido a pervertir este concepto.

En Río+20, es necesario revalorizar el desarrollo sostenible, desplazado de las agendas políticas con la excusa de la crisis económica. Debe ser una base legítima para transformar el modelo actual y plantear soluciones reales en relación con la erradicación de la pobreza.

Río+20 debería abordar la necesidad de un cambio radical del modelo de desarrollo vigente, que equilibre realmente medio ambiente, sociedad y economía. La transición real hacia un modelo sostenible debe llevar implícita la asunción de los límites ecológicos del planeta y de las injusticias sociales. RÍO+20 debería abordar temas como la justicia socio-ambiental y reconocer la deuda ecológica que tenemos contraída con las poblaciones de los países del Sur.

Sin embargo, las soluciones que baraja el documento de negociación parecen estar lejos de ser una transformación real hacia un modelo sostenible y justo. Los debates se centran en la llamada economía verde, con grandes intereses del sector privado para perpetuar el actual modelo de crecimiento y pintarlo de verde, aunque sin cambios reales en la base.

La transición hacia una economía verde no puede sustituir al desarrollo sostenible, ya que primaríamos el valor económico de nuestros ecosistemas por encima de los valores sociales, obviando así las necesidades básicas de gran parte de la población mundial, y especialmente la que vive en países del Sur.

Si finalmente en Río+20 se imponen los intereses del sector privado y de algunos gobiernos, estaríamos ante un parche más, un nuevo capitalismo verde que no podrá ser una solución para erradicar la pobreza. Es necesario que se tengan en cuenta las demandas de la mayoría de organizaciones de la sociedad civil: una economía verde justa que incorpore la trazabilidad de los productos y estimule los circuitos comerciales locales, la agroecología para alcanzar la soberanía alimentaria, y un consumo responsable que fomente la eficiencia y la soberanía energética.

 

 


20 propuestas de la sociedad civil para #rioplus20 #propuestasrio

Desde la Fundación IPADE nos hacen llegar esta iniciativa, muy chula por cierto, en la que diferentes organizaciones de la sociedad civil hacen propuestas para la Cumbre de Río+20.

 

Aquí la primera propuesta sobre una Economía Verde…

 

Disfrutad!