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Los #derechoshumanos serán universales o no serán

Artículo de Marco Gordillo – Vocal de Incidencia de la Coordinadora de ONGD publicado el 09/12/2013 – 20:26h en Eldiario.es.

Ver artículo original aquí:  Los derechos humanos serán universales o no serán  http://bit.ly/1bsBx8z

Corren tiempos en los que declaraciones y hechos políticos tienden a avanzar por caminos opuestos. Mientras Rajoy declara que el “ Estado de bienestar es un logro irrenunciable en España”, los enormes recortes aplicados a las políticas públicas lo derriban y causan graves impactos en los derechos de las personas. La semana pasada, el propio Consejo de Europa dio la voz de alerta al denunciar que los recortes del gobierno degradan los derechos humanos.

Seguramente en un día como este martes proliferen las declaraciones sobre la pertinencia de laDeclaración Universal de Derechos Humanos y el compromiso político con su contenido. Ahora bien, ¿cuánto de real implicarán tales declaraciones?, ¿dónde queda la relación entre la teoría y la práctica?

Los hombres y mujeres que en 1948 construyeron la Declaración Universal de Derechos Humanos lo tuvieron muy claro: la garantía de los derechos humanos universales corresponde a todos y cada uno de los Estados que se unen a esa Declaración; la protección y garantía de los derechos ha de ser global y amparar a toda la “familia humana”. Cabe preguntarse si hoy en día esa universalidad está tan clara en la práctica como aparece reflejada en la Declaración.

La creciente desigualdad y empobrecimiento a los que se ven sometidas las personas son ante todo una gravísima violación de los derechos humanos a nivel mundial. De igual manera que aquí asistimos al empobrecimiento progresivo de la ciudadanía, en algunos lugares del mundo la miseria se ha instalado en las sociedades violando sistemáticamente los derechos de millones de personas. Las causas de una y otra situación son las mismas como también lo son sus consecuencias. No podemos hablar de una pobreza de aquí y de allá; por eso, no observarlo así deriva en enfoques profundamente limitados e impropios de Estados que pretenden ser actores globales responsables.

Palabras vs hechos

En su reciente visita a las Naciones Unidas, con el fin de presentar la candidatura de España a un asiento en el Consejo de Seguridad, Rajoy alardeó de su compromiso con la cooperación. De nuevo las palabras contrastan con los hechos: con recorte acumulado del 70% desde 2011, esta política pública se encuentra al borde del desmantelamiento. Ese mismo día, Rajoy aseguró que en el momento en el que se produjera una recuperación de la economía del país se retomaría la senda hacia el 0,7. Sin embargo los PGE para 2014, presentados por el Gobierno como los “Presupuestos de la recuperación”, sitúan a la cooperación en un 0,17% de la RNB, es decir en niveles de 1990.

A la contundencia de las cifras se une la orientación política. Si, tal como se recoge en el folleto de presentación de la candidatura de España al asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU “La defensa y promoción de los Derechos Humanos es uno de los grandes pilares del acción de España en Naciones Unidas”, no se entiende que la Ley de Acción y Servicio Exterior del Estadoponga el foco en la defensa de los intereses comerciales y estratégicos dejando en un segundo plano a la cooperación al desarrollo y, con ella, a las personas y sus derechos.

Defensores de derechos humanos globales

Las violaciones de derechos humanos a las que nos enfrentamos en el S.XXI responden a múltiples y complejas causas que están globalmente interconectadas. Los altos niveles de pobreza, las limitaciones de acceso a la salud, a la educación, a la movilidad, a la igualdad de oportunidades, a la libertad de expresión… exigen enfoques globales ligados a la defensa universal de los derechos humanos, a la equidad, al desarrollo sostenible y al respeto por los bienes comunes. Exigen, además, actores responsables que cumplan con su deber humano de respetar, proteger y garantizar firmemente los derechos de las personas en cualquier lugar del mundo.

Hace ya 65 años que la comunidad internacional dejó claro que los derechos serán universales o no serán. La cooperación al desarrollo, sus valores y propuestas, son determinantes en este sentido. Recortar en cooperación significa recortar en derechos humanos universales. Esperamos que el Gobierno del Sr. Rajoy lo tenga presente no sólo en sus discursos, sino también en sus decisiones políticas.


Una organización a la altura de sus voluntari@s

En una cultura acostumbrada a valorar el retorno de las inversiones y los esfuerzos, el comportamiento altruista no se sustrae a este ejercicio, por contradictorio que pueda parecer. Y ese análisis puede llevarse a cabo desde la perspectiva de las personas y la de las organizaciones que acogen voluntariado.

Las razones por las que los individuos deciden iniciar una actividad voluntaria pueden ser de muy distinta naturaleza, desde las más instrumentales y relacionales -necesidad de ocupar el tiempo, de relacionarse o incluso de adquirir formación y experiencia en un campo en el que poder desarrollar una futura actividad profesional- hasta las más trascendentes y transformadoras, relacionadas con la solidaridad, la responsabilidad colectiva y la aspiración a contribuir a la construcción de una sociedad más equitativa y mejor. Muchas veces la motivación principal es afectiva: el voluntario está vinculado y/o especialmente sensibilizado por el tema, por razón de sus circunstancias personales, familiares o profesionales. Con seguridad, en cada decisión individual, intervienen múltiples motivaciones, más o menos conscientes y más o menos explícitas en el momento de vincularse a una organización y a una causa.

Dado el primer paso, en la vinculación efectiva a largo plazo, es crítica la motivación en términos de saldo emocional, que se relaciona con lo que el voluntariado aporta, en relación con aspectos más íntimos y esenciales del individuo y mucho menos con los aspectos operativos o del contenido concreto de la actividad voluntaria.

El voluntariado refuerza la autoestima, no solo por el hecho de facilitar que el individuo se sienta útil, sino también porque se convierte en una oportunidad de realizar acciones en sintonía con los valores personales y de conseguir cosas positivas.

Es un elemento de identidad, convirtiéndose en un elemento importante y relevante de la descripción de uno mismo, al mismo nivel que términos como el género, el lugar de nacimiento, la edad o la profesión.

Puede tener beneficios en la salud y produce un mayor nivel de felicidad o satisfacción, puesto que los individuos valoran muy positivamente que la participación les permita dejar un mundo mejor a las generaciones venideras. Dicho de otro modo, el voluntariado además de ser bueno para el espíritu, también lo es para el corazón.

Del mismo modo, en el plano organizativo, es posible diferenciar las contribuciones más inmediatas o instrumentales de las que se asocian a la identidad, la credibilidad y la capacidad de transformación de la organización en la que voluntario colabora. La actividad que, cada día, realizan miles de voluntarios influye directamente en el aumento del impacto de sus acciones y en la calidad de sus procesos y resultados, que se enriquecen de la diversidad de capacidades, experiencias y puntos de vista.  Adicionalmente, el voluntariado aporta credibilidad a las organizaciones y refuerza los procesos de rendición de cuentas, al tratarse de personas que colaboran de manera desinteresada y al margen de compromisos laborales.

Solo por esto, el día 5 de diciembre, Día Internacional del Voluntariado, las organizaciones de voluntariado tenemos mucho que celebrar y reconocer y agradecer.

Pero la capacidad de colaborar en una sociedad mejor y más justa no se agota en lo que el voluntario hace, en el marco de su actividad concreta, aunque empieza justamente ahí. La implicación en las actividades y las experiencias personales vividas, conduce a una profunda sensibilización del propio voluntario que además se convierte, casi de manera inconsciente, en un agente de cambio capaz de trasmitir valores y concienciar a sus diferentes círculos de influencia, a través de sus comportamientos o ideas. Es un proceso lento, reticular, pero imparable.

Al tiempo que descubre una vía privilegiada para potenciar los resultados de sensibilización e incidencia de las organizaciones sociales, esta dimensión transformadora del voluntariado implica una mayor responsabilidad en sus dinámicas de promoción de voluntariado, que enfaticen los elementos de formación, comunicación y sensibilización de su propia comunidad de voluntarios. Implica revisar los valores de la relación con la persona voluntaria y apostar por un voluntariado empoderado, crítico y con capacidad de influencia en los procesos en los que participa.  En definitiva, una organización a la altura de sus voluntarios y del valor de su contribución social.

Itziar Rosado, Coordinadora de Base Social y Ciudadanía de ONGAWA


Sí hay camino: contra la #Riquezaqueempobrece, actúa

Cuando empezamos a trabajar las acciones de la Semana de Lucha contra la Pobreza me vino a la mente una conversación que tuve con mi amigo Matías mientras caminábamos por un lugar que no recuerdo entre Logroño y Burgos. Quizá, aunque nuestro objetivo nada tenía que ver con lo espiritual, el misticismo del Camino de Santiago nos hizo dejar por un momento los comentarios sobre las ampollas, el calor o los dolores de rodilla. Así, mientras Juanmi, el tercero de la “expedición”, nos dejaba atrás, nos pusimos a charlar sobre la riqueza y la pobreza.

¿Es diferente la vida de alguien que tiene 100 millones de euros que la de alguien que tiene 10.000? ¿Cómo es posible que te puedas gastar 100 millones de euros? ¿Te cambia la vida tener una casa más, un coche más, un yate más, un helicóptero más, un jet más? ¿Te hace feliz ir a desayunar a Roma y volver? ¿Ir un fin de semana a Alaska a esquiar? ¿Cuándo pierdes la cuenta del dinero que tienes? Cuando eres multimillonario y tu vida, la de tus hijos, nietos y bisnietos están más que solucionadas, ¿por qué sigues explotando a los trabajadores de tus fábricas? ¿Por qué especulas con alimentos si eso afecta a quienes menos tienen? ¿Por qué te gastas dinero para evadir o eludir impuestos?

De este sinsentido queremos hablar hoy, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. De cierta riqueza, la riqueza que empobrece.

En un mundo cerrado, en un planeta del que, al menos de momento, no podemos salir, y en el que casi nada puede entrar, el reparto de lo que hay es un juego de suma cero, es decir, si tú tienes más, alguien tendrá menos. Puede ser un poco menos, mucho menos o tanto menos que lo que acumules provoque que haya personas que mueran de hambre, sed, enfermedades curables, que no puedan ir a la escuela o que sufran cualquier otra violación de los Derechos Humanos.

En otras palabras, si lo que hay no puede aumentar, la acumulación de riqueza, su acaparamiento y concentración en pocas manos, se convierte en una fuente de pobreza y exclusión de otros. Pero no sólo, además genera graves impactos medioambientales, e incluso, a través de la corrupción, puede ser peligrosa para la democracia. Resumiendo, la acumulación extrema de riqueza no es compatible con el bien común.

Aunque esta idea es más que evidente y prácticamente todo el mundo estará de acuerdo con ella -incluso ese 0,14% de la población acumula el 81% de la riqueza mundial– no siempre la hemos identificado como una de las causas de los males que afectan a toda la humanidad.

 O quizá sí. En España hemos avanzado bastante en este discurso a causa de los recortes que sufrimos. Lo que puede que no tengamos tan claro es que algo similar a lo que pasa aquí ocurre y viene ocurriendo desde hace años también en Mozambique, en Nicaragua o en Bangladesh y que, aunque las consecuencias son variables y de distinta intensidad, hay causas comunes y una de ellas es esa riqueza que empobrece.

Tenemos, por tanto, la tarea pendiente de movilizarnos por unos derechos que, como decíamos hace algún tiempo, o serán globales o no serán.

Hoy, 17 de octubre, es un buen momento para empezar.

Te invitamos, por tanto, a que nos acompañes en este día y en los siguientes, porque somos conscientes de que para lograr el cambio que buscamos el camino será largo. Por si a alguien le cabía alguna duda, nuestro mensaje no es “cacemos al rico”, no os estamos pidiendo que esperéis a Botín o Amancio Ortega en la puerta de su casa. Lo que queremos es que se apliquen medidas que garanticen, como mínimo, una vida digna a toda la ciudadanía. En todo el mundo.

De algunas de estas propuestas hemos hablado estos días: justicia fiscal, tasa a las transacciones financieras internacionales, decrecimiento, fomento de otras formas de riqueza, cambio en las prioridades del gasto público,…

Seguro que hay otras muchas que desconocemos y puede que, si se aplicaran, varias de las que hoy nos parecen buenas no tengan los impactos que deseamos. No lo sabemos. De lo que sí estamos seguros es de que necesitamos un cambio y que sólo podremos lograrlo si nos unimos y movilizamos. Por eso, el 17 de octubre y siguientes:

Contra la riqueza que empobrece, actúa.

  Jorge Castañeda, ONGAWA, Grupo de Movilización y Participación de la Coordinadora de ONGD


El valor de una vida: Paz y Seguridad Humana en un mundo #post2015

Del blog del Llamado Mundial a la Acción contra la Pobreza  http://www.whiteband.org/es/news/paul-okumu-value-of-a-life

¿Vale una vida menos en un país que en otro? Pregunta Paul Okumu mientras explora por qué existen aún más de 190 conflictos que ponen en peligro vidas de personas y a comunidades por todo el mundo… y por qué no hay una mayor indignación al respecto.

¿Si 1.5 mil millones de personas no importan, entonces quién importa?

En los pequeños viajes que he realizado a los países “desarrollados” de Europa, Norte América y algunas partes de Asia y América Latina, he encontrado un denominador común:

Las personas valoran la vida.

Cada vida.

Cada una de forma individual.

Las personas en estos países no hablan de números. Hablan de nombres y de relaciones por cada una de las vidas que se pierde. Me maravilla en valor que se añade a la vida, el cómo una sola vida perdida lleva a un país entero a las lágrimas y suscita toda una cadena de respuesta de la comunidad a nivel nacional. Pero no acaba ahí. La búsqueda de respuestas cuesta lo mismo, o más.

Así que, ¿por qué es que la vida de millones de personas afectadas por conflictos – padres, madres, niños y niñas – parece no importarle al mundo?

Mientras lees esto, mujeres, hombres y niños/niñas en 59 países son incapaces de llevar su vida con normalidad producto de la inseguridad producida por 190 conflictos. A día de hoy, sólo en los continentes Africano y Asiático, 34 gobiernos están divididos entre la necesidad de atención al bienestar de su ciudadanía o la inversión en recursos para atender a los conflictos, los cuales son ampliamente internacionales y casi siempre vinculados a la codicia política o corporativa.

La naturaleza de los conflictos violentos ha cambiado dramáticamente en las décadas recientes. La forma predominante de conflicto violento ha evolucionado de ejércitos nacionales batallando entre sí a un sinnúmero de pequeñas guerras sin frentes, sin campos de batalla, no hay zonas de conflicto claro, sin distinciones entre combatientes y civiles.

Tristemente, casi todos los países afectados por conflictos tienen también un denominador común: extensos recursos naturales. De hecho, muchos podrían producir suficientes alimentos para alimentar a toda su población… y quizás al resto de nosotros también. Pero tienen recursos de los que no pueden disfrutar y escuelas a las que no pueden acudir. Civiles inocentes están atrapados en una red de codicia corporativa, política, explotación de recursos naturales, conflictos ideológicos y una gobernabilidad muy pobre.

El desarrollo es imposible sin paz, así como la paz es imposible sin el desarrollo.

Basta con preguntar a una madre, que lucha por alimentar a sus hijos a la vez que se pregunta si es seguro o no mandarles a la escuela o llevarles al hospital. O preguntar a un joven – dividido entre la búsqueda de trabajo en una ciudad propensa a los conflictos o para permanecer en el campo empobrecido, donde el gobierno ni siquiera se ha pensado establecer un suministro de electricidad.

La habilidad de la sociedad para vivir en paz, seguridad y tener protección no es sólo un derecho fundamental, es también fundacional de cualquier agenda de desarrollo. Ninguna sociedad, por muy desarrollada o dotada que esté, puede desarrollarse en un ambiente de miedo, inseguridad y estructuras fallidas. Un conflicto puede hacer retroceder a una sociedad entre 15 – 20 años, tal y como el Banco Mundial nos recordó en el Informe sobre el Desarrollo  de 2011.

El conflicto agudiza la pobreza. La pobreza generalizada y la desigualdad aumentan la amargura y la desesperación. Las violaciones de los derechos humanos perpetúan el miedo y el odio, poniendo en peligro la paz y el desarrollo. Es un círculo vicioso que no podemos permitir que continúe – por el bien de nuestra sociedad. La paz y el desarrollo requieren el respeto de los derechos humanos y del Estado de Derecho.

Tenemos que sentarnos y honestamente reflexionar sobre lo que estamos diciendo a las/os niñas/os y las madres y los padres que viven en zonas afectadas por el conflicto.

Como sociedad civil, pedimos que el mundo reflexione sobre el daño que estamos haciendo al creer que el conflicto es algo que sólo sucede a otras personas. Nuestros mayores saben mejor: “una isla de riqueza en medio de un mar de pobreza pronto contamina la isla”, dice un proverbio africano. Los déficits en un país impactan a los demás países, ya sea a través de los vínculos económicos y financieros, las migraciones, las personas refugiadas, las personas desplazadas, el terrorismo, la piratería, el crimen organizado, narcotráfico, trata de personas o el tráfico de armas. La progresiva globalización aumenta la probabilidad de esos efectos transfronterizos.

Por todas estas razones, es imperativo que la agenda de desarrollo Post-2015 esté centrada en la paz, la seguridad humana y la libertad del miedo. Deberíamos apuntar a que la justicia y la prosperidad sean una realidad para todo el mundo, no sólo porque sean fundamentales – porque lo son – sino también porque nosotros respetamos la vida y la decencia.

Paz y seguridad, desarrollo y derechos humanos son los pilares centrales del sistema de Naciones Unidas y la fundación para el bienestar y seguridad colectivos. Así que, ¿por qué no lo son también de una agenda de desarrollo liderada por Naciones Unidas?

Para este propósito, la agenda post 2015 debe fomentar:

  • instituciones funcionen y respondan a las necesidades de las personas, con dignidad y justicia social
  • mecanismos de apoyo para países que están enfrentándose a luchas por el control de recursos
  • rendición de cuentas por todos los actores del desarrollo
  • participación efectiva de la ciudadanía en los asuntos del Estado
  • creación de empleo y justicia económica
  • estructuras sistémicas que permitan la seguridad humana y la cohesión social
  • diálogo inclusive entre el Estado y la Ciudadanía
  • un ambiente en el que la gente pueda vivir en libertad y disfrutar de la propiedad y el control de sus propios recursos

La paz y la seguridad importan en una agenda post 2015, no por 1.5 mil millones de personas.

Importan porque cada vida importa.

Y si perdemos esta oportunidad, vamos a retroceder en los avances de los últimos 20 años.

Todo porque nos dejó de importar una vida… y sí, también 1.5 mil millones de personas.

Paul Okumu lleva la Secretaría de la Africa CSO Platform on Principled Partnership (ACP) y es miembro del Grupo Básico de la Plataforma de la Sociedad Civil en la Construcción de la Paz y del Estado. Aprenda más acerca de cómo la paz y la seguridad humana deben integrarse en la agenda post-2015 en este documento que Paul envió al Panel de Alto Nivel de Naciones Unidas. También puede respaldar la declaración aquí.  

 


¿Un pacto Andaluz por la #Solidaridad y la #Cooperación?

La Coordinadora Andaluza de ONG para el Desarrollo (CAONGD) propone a ciudadanía y a los partidos políticos la firma del Pacto Andaluz por la Solidaridad y la Cooperación, como una forma de consolidar una política pública de cooperación internacional para el desarrollo integrada de forma coherente con el resto de políticas sociales, con el objeto de mantenerla vigente en las agendas y presente en los presupuestos de las administraciones públicas andaluzas.

El lanzamiento del pacto incluye la invitación a colectivos sociales andaluces y a la ciudadanía (en este caso, a través de una petición en Change.org) para adherirse a la propuesta. El objetivo es firmar el documento en el mes de junio en el marco del ‘Pacto por Andalucía’.

La iniciativa incluye medidas como:

  1. Apuesta por una cooperación internacional andaluza que se base en un modelo de desarrollo centrado en las personas y comprometido en la lucha contra la pobreza, la injusticia social y la desigualdad. Esta labor debe hacerse desde un enfoque de gestión desde lo público y con la prioridad de dar cobertura a los Derechos Sociales Básicos.
  2. Impulso significativo de la educación para el desarrollo, como concreción de la apuesta por la construcción de una ciudadanía global crítica, trabajando conjuntamente con las ONGD y el conjunto de los movimientos sociales.
  3. La política andaluza de cooperación internacional para el desarrollo debe consolidarse, de forma integrada, permanente y normalizada, como una más de las políticas públicas sociales que expresa la solidaridad entre el pueblo andaluz y otros pueblos.
  4. Refuerzo del consenso entre los partidos políticos y el diálogo e interlocución permanente con todos los agentes sociales y, de forma especial, con las ONGD.
  5. Apuesta por una gestión de la cooperación en la que exista un papel destacado para las ONGD, tanto en la participación en el diseño de políticas, como en la ejecución de las mismas.
  6. Esta política pública debe ser transparente para la ciudadanía y dotarse de instrumentos eficaces y verdaderamente activos en la rendición de cuentas ante los órganos de consulta y control de la acción política —como el Consejo Andaluz de Cooperación o el Parlamento Autonómico— y ante la propia sociedad andaluza.
  7. Las administraciones públicas andaluzas deben renovar su compromiso con alcanzar el horizonte de al menos el 0’7% de sus respectivos presupuestos, corrigiendo los graves retrocesos acumulados en los años recientes.

Como sustento del pacto, la CAONGD propone una serie de argumentos:

  1. En primer lugar, y desde una perspectiva ética, el hecho de que la cooperación al desarrollo defiende la justicia social y los derechos humanosdesde una perspectiva global.
  2. También destaca que la cooperación al desarrollo es un compromiso político en Andalucía, recogido como uno de los objetivos básicos de la comunidad autónoma en el Estatuto de Autonomía, desarrollado en la Ley Andaluza de Cooperación y las herramientas que la complementan y refrendado por los partidos en pactos previos (1998 y 2004).
  3. Por otra parte, resalta los resultados positivos de la cooperación al desarrollo desde Andalucía, con millones de personas que mejoran sus condiciones de vida (respecto a derechos fundamentales como el acceso al agua, a la alimentación, la atención sanitaria o la educación) en 70 países del mundo con una inversión reducida (dato de 2011); y la pérdida que supondría que se diluyera la experiencia de más de tres décadas de las ONGD andaluzas.
  4. Finalmente, recuerda el respaldo de la ciudadanía a la cooperación al desarrollo, con cifras como el número de personas socias (+350.000) y voluntarias (+7.000) de las ONGD andaluzas (dato de 2011).

 

 


Nuestra razón de ser #pobrezacero

Vamos a intentar resumir algunas de las razones que nos hacen movilizarnos, participar e invitar a la participación en Pobreza Cero. Os invitamos a que también nos digáis vuestras razones en los comentarios a este post.

Pobreza Cero: ¿Por qué?

  • La política de recortes sociales en España tendrá graves consecuencias en casi 12 millones de personas en España que están en riesgo de exclusión social y de pobreza en España.
  • Los graves y desproporcionados recortes en cooperación internacional perjudicarán la satisfacción de derechos esenciales de millones de personas: 1.300 millones viven actualmente en situación de pobreza extrema, y casi mil millones pasan hambre.
  • La cooperación al desarrollo es una política social más que debe ser defendida, promoviendo a nivel global la dignidad, la calidad de vida y el bienestar de las personas que sufren las consecuencias de la pobreza.
  • Un modelo de desarrollo basado exclusivamente en el crecimiento económico y que no tome en cuenta el aumento de las desigualdades, los derechos básicos de todas las personas, los límites de nuestros recursos y la insostenibilidad de nuestros patrones de producción y consumo, no conseguirá responder de manera justa y eficaz a las aspiraciones de bienestar de los españoles y de todos los ciudadanos del mundo.
  • Para luchar efectivamente contra la pobreza, necesitamos crear un mundo justo y sostenible, en el que todos los seres humanos puedan realizar sus derechos, y disfrutar de una vida libre de violencia y de pobreza.
  • No se puede dejar en manos de los mercados la dirección de nuestras políticas económicas y sociales.  Los gobiernos se deben a su ciudadanía y no a los mercados: es un imperativo ético, moral y de justicia cumplir con compromisos como la carta de derechos humanos o la propia constitución española.
  • La solidaridad y la justicia desde una perspectiva global son parte de la solución a la crisis. Por tanto, el respeto y la promoción de los Derechos Humanos, Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales, es una obligación ineludible de nuestros gobernantes y un derecho de todos los ciudadanos.
  • Sí hay dinero para mantener las políticas sociales y el Estado de Bienestar: hay que atajar los problemas del fraude, la elusión y los paraísos fiscales y aplicar un impuesto a las transacciones financieras especulativas.
  • Para salir de la crisis, es urgente un cambio de nuestros hábitos de producción y de consumo. Crear una sociedad justa y solidaria, interna y externamente, implica respetar los límites de nuestros recursos y vivir ecuánimemente, permitiendo que otros puedan vivir mejor.
  • Lo que ahora está pasando en países desarrollados son situaciones que venimos denunciando desde hace mucho tiempo en otras partes del mundo.

Por eso…

  • Hacemos un llamamiento a la ciudadanía para que se movilice, acuda a las actividades convocadas y presione hasta lograr medidas concretas contra la pobreza mundial.
  • Es urgente emprender la lucha contra la pobreza y que se cumplan los compromisos políticos adoptados.
  • Transmitir la viabilidad técnica, económica y política del objetivo de lucha contra las causas de la pobreza.
  • Responsabilidad de la sociedad civil para ejercer presión y reclamar políticas más justas.
  • No podemos ser unos/as pocos/as, tenemos que ser todos/as.

Lo que nos quita el sueño

¿Dónde tienen los españoles puesta su preocupación? Las últimas estadísticas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revelan la preocupación de la población por cuestiones que afectan a la sociedad de a pie de modo directo: el desempleo y las dificultades económicas que de él se derivan, la decadencia de la clase política y la corrupción a ella asociada, la sanidad y la educación, son respectivamente los principales desvelos que quitan el sueño a los españoles.

Estas preocupaciones de índole inicialmente económica, se han convertido en pesadas cargas para los ciudadanos, cargas que han adquirido una trascendencia  social de gran calibre.

No se trata de impregnar de catastrofismo la conciencia ciudadana, pero sí de utilizar las plataformas que están puestas a disposición de la sociedad civil para dar voz al comprensible malestar que inunda a los ciudadanos. Es cierto que la crisis económica ha impuesto sacrificios y que genera situaciones indeseables que lógicamente, no se darían si la coyuntura socio-económica fuera diferente. Sin embargo, es momento de que esto deje de ser el escudo y parapeto que sirva como anillo al dedo a quienes tienen el poder para cambiar el modo de afrontar lo que está sucediendo.

Si el debate sobre la crisis y reestructuración del llamado Estado del Bienestar se viene arrastrando desde los 70, en los últimos años se ha reavivado de modo singular. Como apuntan esas estadísticas del CIS, el ciudadano no sólo se muestra profundamente preocupado por las estructuras del bienestar que hasta ahora se habían consolidado, sino que también expresa su decepción ante quienes, presuponiendo una especial vocación por el interés general, terminan por sucumbir ante esta ola de corrupción que parece estar azotando España en los últimos meses. Es preocupante que las portadas de los servicios informativos dediquen cada día una media de 15 minutos a esta cuestión. Es indignante que sea una infección crónica que no entiende de partidos, puesto que antes o después, salpica a la gran mayoría.

Pero, recuperando los demás datos revelados por las encuestas, educación, sanidad y desempleo, son objeto de desasosiego ciudadano permanente. En definitiva, los pilares del bienestar y la paz social.

No es desconocido a estas alturas que España posee un gasto medio en educación de los más bajos de la Unión Europea. Una carencia de inversión en este pilar del Estado del Bienestar no sólo trae consecuencias a nivel social (abandono escolar, dificultades de acceso al mercado laboral para los jóvenes…) sino que además, imprime una huella muy difícil de corregir en la economía. No en vano, se conoce a la educación como la principal herramienta sobre la cual sostener un modelo de crecimiento sostenible para un país a lo largo del tiempo. Y aunque fuera cierto lo que afirman muchos responsables políticos de que “no se trata de gastar más, sino mejor”, ésta parece ser la recurrente frase que en tiempos de crisis exculpa un modo incorrecto de abordar las cosas. De momento, los altísimos niveles de fracaso escolar entre los niños y adolescentes españoles, parecen indicar que sí es necesario gastar más, y además,  hacerlo mejor.

Pero no solo la educación inunda la preocupación de los españoles, la sanidad ha sido objeto del más atroz de los recortes en los últimos meses. Entre algunas de las medidas más dañinas para la sociedad se encuentran las tajantes restricciones a la atención a personas inmigrantes, el fin de la financiación pública de más de 400 medicamentos de los que muchos enfermos españoles dependen de modo crónico, el cierre de plantas de ingresos en decenas de hospitales públicos españoles o la obligación de que los pensionistas deban cofinanciar los medicamentos que consumen a expensas de unas pensiones que, además de verse afectadas por medidas como esta, pierden, si cabe, mayor poder adquisitivo tras la no revalorización de las mismas con la subida del IPC.  Lo cierto es que pese al reconocimiento de la asistencia sanitaria universal de nuestro sistema, la configuración legal del mismo excluye a determinados colectivos del derecho a recibir atención sanitaria. Cuando se lee esto, puede pensarse directamente en la medida por la cual hace pocos meses se retiró la tarjeta sanitaria a los inmigrantes en situación de ilegalidad. Pero lo cierto es que hay más personas que se encuentran en potencial riesgo de exclusión social debido a la configuración legal del sistema sanitario. Y es que el reconocimiento del derecho a la asistencia sanitaria recae en el Instituto Nacional de la Seguridad Social pese a que la financiación es netamente vía impuestos, por lo que para acceder a las prestaciones sanitarias es necesario demostración de afiliación a la Seguridad Social, o en su defecto, como consecuencia de la demostración de carecer de recursos. Pues en virtud de esta situación, hay un no desdeñable porcentaje de la población española que se queda fuera del sistema de asistencia sanitaria por no poder acreditar ni una ni otra situación.

Recientemente se ha conocido la noticia de que 1.200 pacientes fallecieron en un hospital público de Reino Unido entre los años 2005 y 2009 como consecuencia de la atroz austeridad que lideraba los recursos económicos del citado centro médico. ¿Habrá que llegar a esos extremos en España?

Lo cierto es que, como ya se sabe, a grandes males, grandes remedios. No se discute que los males que afronta la sociedad son grandes, la pregunta es, ¿por qué clase de grandes remedios apostamos?

Salomé Arnáiz González