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¿Es inocua nuestra alimentación?

La Organización Mundial de la Salud ha elegido como tema del Día Mundial de la Salud 2015 la inocuidad de los alimentos. En la presentación del DMS se explica que los alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades diferentes y son responsables de unos 2 millones de muertes cada año.

La inocuidad de los alimentos así entendida, en su sentido estricto, es un tema muy relevante de salud pública. Todavía tenemos en la memoria algunas crisis impactantes, como la del aceite de colza deCartel OMS_alimentos inocuossnaturalizado, la de las vacas locas o la de los pepinos en Alemania hace poco más de tres años. En cada caso se produjeron muertes y mucho sufrimiento asociado a esas situaciones de falta de inocuidad de los alimentos.

La OMS apunta a la “cada vez más evidente necesidad de reforzar los sistemas que velan por la inocuidad de los alimentos en todos los países”, por lo que el Día Mundial de la Salud 2015 se orienta a “fomentar medidas destinadas a mejorar la inocuidad de los alimentos a lo largo de toda la cadena, desde la granja hasta el plato”. Pero, ¿qué ocurre después del plato? ¿Es suficiente con garantizar que los alimentos que llegan al plato no contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas?

Sería conveniente tener una visión más amplia de la inocuidad de los alimentos. Si seguimos la definición que nos da la Real Academia de la Lengua, es inocua aquella alimentación que no hace daño. Y si miramos los daños que está produciendo nuestro sistema alimentario, difícilmente podríamos hablar de inocuidad. La obesidad está adquiriendo unas dimensiones desproporcionadas, hasta el punto de ser catalogada como uno de los grandes problemas actuales de salud pública, una pandemia con un coste asociado de más de dos billones de dólares al año, que se va incrementando año a año.

No es casual que en los últimos cuatro años The Lancet haya publicado dos series dedicadas a la obesidad, una en agosto de 2011 y otra a comienzos de 2015. Los expertos la consideran el mayor factor causal de carga de enfermedades prevenibles en muchas regiones, incluso por delante del tabaco. Los datos que aportan apuntan a unos 1.500 millones de personas con sobrepeso y más de 500 millones con obesidad. Su repercusión en la salud es muy alta, ya que está relacionada con el 80% de los casos de diabetes, con el riego de padecer hipertensión, colesterol alto, diversos tipos de cáncer, etc.

Es más fácil ganar peso que perderlo

El análisis del conjunto de factores determinantes de la obesidad es muy complejo, pero las investigaciones señalan que la creciente disponibilidad de alimentos altamente calóricos más baratos junto a las potentes fuerzas económicas que impulsan su consumo –con un marketing más generalizado y persuasivo– conducen inevitablemente hacia el sobre-consumo y la obesidad.

Las campañas de publicidad –incluso dirigidas a público infantil– relacionadas con productos que pueden ser nutricionalmente dañinos parecen no tener límites; los requerimientos a dichos productos desde un punto de vista de salud y nutrición se nos antojan muy laxos. Los poderes públicos responsables deberían analizar el coste humano, de salud e incluso económico que tiene el hecho de no regular adecuadamente la utilización de ingredientes no saludables en la producción de alimentos. No solo deberían pensar cómo estimular a los consumidores hacia dietas más saludables sino también cómo pueden incentivar a la industria alimentaria para que produzca alimentos más saludables (o como desincentivarla para que no produzca tantos alimentos no saludables).

Hace ya varios años, el entonces relator especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, señalaba que nuestros sistemas alimentarios son “obesogénicos”, generadores de obesidad y que, al ritmo que vamos, en 2030 se producirían 5 millones de muertes de personas menores de 60 años como consecuencia de enfermedades no transmisibles relacionadas con el consumo de una dieta no saludable, es decir, más del doble de las muertes que se producen por el consumo de alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas.

En este Día Mundial de la Salud 2015 convendría que tuviéramos una mirada más amplia, más inteligente, más crítica sobre la inocuidad de los alimentos y que, a partir de ella, se generaran las respuestas políticas adecuadas. La falta de acción de los poderes públicos en este sentido se podría considerar un incumplimiento de sus obligaciones de proteger y garantizar los derechos humanos a la salud y a la alimentación.

José Mª Medina Rey, director de PROSALUS

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La maldición de los recursos naturales #RiquezaqueEmpobrece

África pierde cada año 39.000 millones de dólares en impuestos que las compañías operadoras de petróleo y minerales dejan de pagar principalmente mediante los precios de transferencia entre sus filiales. Si este dato escalofriante del Africa Progress Report 2013, lo comparamos con la Ayuda Oficial al Desarrollo destinada al continente en 2014, que es de unos 55.200 millones de dólares, podríamos preguntarnos si ¿explotamos o expoliamos los recursos naturales de África?     

Ese mismo informe denuncia que en solo cinco contratos de explotación de minerales, la República Democrática del Congo dejó de percibir un precio justo por sus recursos por valor de 1.400 Millones de dólares, el doble de su inversión anual en salud y educación. ¿Quién se beneficia de la riqueza natural africana?

Para la Campaña África cuestión de vida, cuestión debida, este expolio es una causa principal de empobrecimiento del continente africano, que hunde sus raíces en los patrones de producción y consumo occidentales que sustentan nuestro estado del bienestar.  Queremos contribuir a que la maldición de los recursos se convierta en una bendición para las poblaciones africanas.

Las claves para lograr este cambio son:

  1. Cambiar nuestro modelo de consumo y producción occidental que está detrás de los mecanismos de expolio de los recursos naturales. Desde la Unión Europea, que solo produce el 3% de los minerales estratégicos para su producción industrial y tecnológica, la explotación de los recursos naturales de Africa, es una cuestión prioritaria de seguridad que asegura nuestras sociedades del bienestar. Como consumidores tenemos que ser conscientes de la relación directa entre la extracción de coltán por niños en la República Democrática del Congo y nuestro uso y consumo de teléfonos móviles. Igual ocurre con el petróleo, el aluminio, etc.
  2. El consentimiento previo, libre e informado de las poblaciones es imprescindible. Se trata de extender y asegurar para todas las poblaciones, algo que el derecho internacional ya reconoce para las poblaciones indígenas.
  3. Pago de los impuestos debidos por los beneficios de la explotación. El combate de la evasión y elusión fiscal es fundamental.
  4. La responsabilidad social efectiva de la Empresa: transparencia, información no financiera, el reporte integrado de las empresas incluyendo su cadena de valor y la sostenibilidad empresarial.  

 

Saludamos las recientes iniciativas legislativas de la Unión Europea dirigidas a fomentar y mejorar la transparencia de las empresas: la directiva de transparencia, que genera la obligación para las empresas con actividades de industria extractiva y forestal de realizar un informe por país sobre los pagos realizados a gobiernos. La directiva de información no financiera que obliga a las empresas de más de 500 trabajadores a informar sobre impacto ambiental de sus actividades; impacto social y sobre aspectos laborales; respeto DDHH, anticorrupción y sobornos; composición de órganos de gobierno. La propuesta de directiva sobre explotación de minerales en zona de conflicto.

 

Son pasos en la buena dirección, que aún están lejos de concretarse. Desde la Campaña “Africa cuestión de Vida, cuestión Debida”, trabajaremos para que estas legislaciones sean realmente efectivas y contribuyan a incrementar la transparencia en la explotación de los recursos naturales de África, que producirá una mejor gobernanza en los países africanos y una mejora en las condiciones de vida de su población.

 

Javier Sánchez Portela, Coordinador de la Campaña África cuestión de vida, cuestión debida

 

 


La ruleta de la salud #17O

Ya lo dijo Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, ante la Asamblea Mundial de la Salud en 2001: “En el mundo en desarrollo, el mayor enemigo de la salud es la pobreza”. Lo sabemos todos los que trabajamos diariamente en cooperación y también desde la campaña Pobreza Cero que no ceja en su empeño denunciando todas las situaciones de injusticia a nivel global (https://pobrezacero.wordpress.com).

Las personas en situación de pobreza tienden a padecer mayor número de enfermedades y problemas de salud. Si una persona enferma, su economía familiar se resiente, no puede trabajar, estudiar, cuidar de los suyos… Y quienes menos recursos tienen, a su vez, sufren una mayor exposición a las enfermedades al no tener acceso a la atención primaria básica y a los medicamentos. Siendo la salud un factor determinante en el crecimiento social económico y de desarrollo de las poblaciones, estar enfermo es al mismo tiempo causa y efecto de la pobreza. Estamos entonces ante un círculo vicioso.

A esta cruel suerte de ruleta también se han sumado colectivos de personas en riesgo de exclusión en España. Sí en España (considerado ya el segundo país de la Unión Europea con el mayor índice de pobreza infantil, superado sólo por Rumanía, según datos de 2013 de Eurostat), como las más de 800.000 personas que perdieron el derecho a la asistencia sanitaria desde que hace dos años el Gobierno aprobara el Real Decreto Ley (RDL) 16/2012, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones.

Con este decreto la asistencia sanitaria dejó de ser un derecho de todas las personas, y pasó a ser una prestación vinculada a la condición administrativa de asegurado, donde no solo se ha aumentado la carga económica directa para las personas, sino que se han restringido ciertas prestaciones a  los ciudadanos que han contribuido a su financiación mediante los impuestos.

Por ello, muchas organizaciones sociales hemos unido fuerzas en una marea blanca para pedir la derogación del Real Decreto Ley 16/2012 y que se restablezcan las condiciones para mantener un Sistema Nacional de Salud, universal y de calidad que garantice el derecho a la protección y promoción de la salud de todas las personas. No juguemos con la salud, ni pongamos a los ciudadanos en el punto de mira de esta cruel y fatal ruleta.

Ocupemos pacíficamente y todos juntos las calles de nuestras ciudades hoy 17 de octubre, por la erradicación de la pobreza y por una sanidad pública, gratuita, universal y de calidad. Súmate a nuestro lema en la Semana contra la Pobreza y contra la #riquezaqueempobrece.

Yolanda Ansón, Farmamundi


La desigualdad no es inevitable #Bad2014

Hablar de igualdad es hablar de las oportunidades que debe tener toda persona de vivir una vida digna, de escoger su futuro, de ser dueña de su destino, independientemente de dónde haya nacido, sin que el país, el barrio, el hogar, la raza, la religión o el sexo sean un freno a su libertad. La desigualdad restringe esas oportunidades, y hace que las personas que viven en situaciones de pobreza y vulnerabilidad necesiten ayuda para vivir. En ausencia de políticas de educación, salud y protección social que actuen como palanca para garnatizar la igualdad de oportunidades, la sociedad no sólo abandona a las personas que viven en pobreza hoy, sino que además condena a los niños y las niñas que nancen en hogares pobres a crecer en la misma situación.

Detrás de casi todas las desigualdades – de género, de etnia, etc.-, suele haber una componente de desigualdad económica que es determinante. Esta desigualdad económica, de ingresos y de riqueza, entre personas muy ricas y personas con pocos recursos, ha aumentado de manera exponencial en las útlimas décadas. Ya antes de la crisis, el grueso de los beneficios del crecimiento económico fueron a parar a manos de las personas más ricas de planeta, mientras que las personas con menos recursos se llevaban una porción cada vez menor de la riqueza generada. Hoy en día, 7 de cada 10 personas en el mundo viven en un país donde la desigualdad económica es mayor ahora que hace 30 años. La mitad de la riqueza mundial está en manos de tan sólo el 1% de la población o, dicho de otra manera, las 85 personas más ricas del planeta (según la lista Forbes) tienen tanta riqueza como la que se reparte la mitad más pobre de la población, esto es, 3.500 millones de personas. Estos niveles de desigualdad no son sólo éticamente cuestionables, sino que también suponen un lastre para el crecimiento económico, para la capacidad que tiene dicho crecimiento de servir para reducir la pobreza y para el buen funcionamiento de los sistemas democráticos. Es imposible seguir avanzando en la lucha contra la pobreza si no se aborda el problema de la desigualdad. Por su parte, es muy difícil que los sistemas democráticos sean verdaderamente representativos y defiendan los intereses de la mayoría de la población, cuando los niveles de desigualdad son tan elevados; cuando unas pocas personas acumulan tanta riqueza y poder.

La buena noticia es que la desigualdad extrema no es inevitable. Una ciudadanía activa y unos Estados eficaces, con Gobiernos que respondan a las necesidades de sus ciudadanos, pueden y deben actuar para revertir la desigualdad actual. Es posible haverlo si los Gobiernos ponen en marcha sistemas fiscales justos, donde todas las personas y empresas contribuyan en función de su capacidad y riqueza real, y que recauden de manera sostenible lo suficiente para financiar las políticas públicas que garantizan los derechos sociales y la igualdad de oportunidades: la educación y la asistencia sanitaria universales, gratuitas y de calidad para todas las personas, y la protección social para aquellas personas que no pueden valerse por sí mismas en plenitud. La ciudadanía debe implicarse en los procesos políticos, que nos afectan a todos, cumplir con sus obligaciones para hacer valer sus derechos, y exigir a las instituciones públicas y privadas una gestión y una rendición de cuentas transparente. Son necesarias políticas urgentes que equilibren la situación, a través de la aplicación de políticas que redistribuyan el dinero y el poder de manos de las élites a las de la mayoría de la población.

La extrema desigualdad actual perjudica a todos. Es hora de adoptar medidas para crear un sistema económico y político más justo. La ciudadanía debe exigir a sus Gobiernos que adopten políticas que favorezcan la redistribución de riqueza y el poder, que sienten las bases de una nueva sociedad más justa.

Teresa Cavero, Oxfam Intermón


Justicia Climática: #EstoSíesRiqueza

No tenemos mucho más que esperar. Hoy en día sabemos cuáles son las causas del Cambio climático, sabemos qué lo provoca, sufrimos ya sus consecuencias. Pero también sabemos cómo podemos frenarlo, cómo mitigar sus causas y cómo adaptarse a sus efectos.

A través de proyectos diversos y adaptados a las realidades de cada comunidad y cada país, podemos generar una nueva riqueza que permite a las comunidades más afectadas adaptarse al Cambio climático y reducir su vulnerabilidad. Por ejemplo con estudios avanzados sobre el derretimiento de los glaciares en Bolivia y la aplicación de nuevas herramientas de recogida de agua – se permite a las comunidades colindantes al glaciar permanecer en su hogar y mantener sus formas tradicionales de subsistencia; en Brasil los pueblos indígenas luchan contra la deforestación causada por las empresas madereras con la obtención de títulos de propiedad colectiva de las tierras; estos y otros son el ejemplo del tipo de acciones que sí son riqueza para las comunidades y el planeta. Sin embargo las políticas públicas no avanzan en esa dirección y parecen obviar que actuar contra el cambio climático es una urgencia. Entonces ¿a qué estamos esperando?

Esa pregunta deben estar haciéndose en los muchos países insulares que temen cada nueva medición del nivel del mar, o en tantos lugares donde se ven agravados los fenómenos climáticos y las sequías o las inundaciones provocan muertes y generan pobreza. Tal vez las personas que se están viendo obligadas a migrar de sus territorios por causas relacionadas con el clima no sean conscientes de que ya sabemos cuáles son las soluciones. Pero sin duda se alegrarán de saber que es el momento de exigir el cumplimiento de compromisos a quienes tienen más responsabilidad para poder luchar de frente contra el Cambio climático.

Todos los países sufren ya las consecuencias del calentamiento global, pero no todos han contribuido de la misma forma ni tienen por tanto la misma responsabilidad. Los países industrializados son responsables del 71,5% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero hasta la fecha. Han generado su riqueza empobreciendo la atmósfera y ahora son los países y comunidades más vulnerables quienes padecen las peores consecuencias.

Por eso son estos países del Norte quienes más tienen que asumir la responsabilidad de reducir sus emisiones y caminar hacia un modelo bajo en carbono. Pero no sólo eso, también han de garantizar su aporte económico para financiar el Fondo Verde para el Clima, que asegure a los países más empobrecidos la capacidad tecnológica suficiente para seguir avanzando en la lucha contra la pobreza y adaptarse ante el Cambio climático.

El único y famoso compromiso vinculante relacionado con el Cambio climático: el protocolo de Kyoto, está llegando a su fin y necesitamos sentar las bases para un nuevo acuerdo en 2015. Dentro de muy poco,  en diciembre de este año, se reunirán los líderes mundiales en Lima donde deberán poner sobre la mesa sus verdaderos compromisos. Aquí, en la COP20 será donde veamos quién decide aportar a la lucha contra el Cambio climático y quién seguirá dudando.

Desde InspirAction, no vamos a esperar a un nuevo fracaso. Queremos estar presentes y vigilantes porque la presencia de las organizaciones, la presión y la propuesta de cambios de comportamiento individual y comunitario que exijan un reflejo en las políticas nacionales e internacionales, son más necesarias que nunca.

El pasado 21 de septiembre durante la Marcha Global iniciada en Nueva York y secundada en muchas otras ciudades del planeta, la ciudadanía demostró que está cansada de escuchar promesas incumplidas. El 10 de diciembre, la Cumbre de los Pueblos marchará de nuevo en Lima exigiendo “Justicia Climática ya!”.

Luchar contra el Cambio climático es luchar contra la pobreza y por eso, en esta semana más que nunca, debemos recordar que las soluciones están claras, que el mundo dispone del dinero, la tecnología y los conocimientos sobre los modelos de producción necesarios para frenar el problema. Sólo falta la voluntad política. Sólo faltan los aportes económicos. Basta de dudas. El Cambio climático exige respuestas.

Corina Mora Torrero. InspirAction.


Mujeres Rurales: Voces para el Desarrollo #EstoSiEsRiqueza

 

Constituyen el 43% de la fuerza laboral agrícola en los países empobrecidos, sin embargo, su acceso a servicios básicos de educación y salud no está asegurado, y su participación en los espacios de decisión continúa cuestionándose. Las Organizaciones de Mujeres Rurales nacen por necesidad. La necesidad de tener un espacio propio donde compartir experiencias, pensar en conjunto y construir estrategias para reivindicar derechos robados. Sus miembros construyen espacios ricos en redes de solidaridad, recursos naturales, tradiciones y biodiversidad, y su unión fortalece su proceso de empoderamiento.  

La Mujer Rural continúa estando ligada a Desigualdad, Falta de Oportunidades, Derechos Básicos no Garantizados y Trabajo Informal, pero también a Desarrollo. Y es que estas organizaciones son las protagonistas de los actuales procesos de Desarrollo en los países empobrecidos. Según la FAO, entre 100 y 150 millones de personas padecen hambre en el mundo. Y según las mujeres de la Red LAC (Red de Mujeres Rurales de América Latina y El Caribe), la producción agrícola a pequeña escala está en manos de las mujeres del campo pero la falta de visión y de planes que apoyen este potencial económico han llevado al mundo a padecer hambre, a la escasez de alimentos para las personas, a precios desorbitantes de los productos y a la pérdida de la soberanía alimentaria de los países productores.

La AMJUPRE es un ejemplo de este proceso, un espacio que surge en Ecuador en el año 2005 para dar respuesta a las mujeres rurales de este país, y cuyo objetivo es “compartir sus penas y alegrías, sus anhelos y esperanzas, sus roles y responsabilidades, en el ejercicio del “Poder Local”. En el año 2012 la REDLAC celebró el III Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Mujeres Rurales (ENLAC), celebrado en Ecuador, un espacio de encuentro entre organizaciones y lideresas rurales de América Latina, con vocación de convertirse en un referente internacional, que aúne a organizaciones de mujeres rurales de todo el mundo. Y desde aquí anualmente revive y recuerda  cada 15 de octubre la importancia de continuar entrelazando retos desde las mujeres rurales de diferentes partes del país.

ENLAC es un espacio transformador, diseñado para intercambiar experiencias y definir estrategias de incidencia en las políticas públicas de sus respectivos países. Las mujeres rurales reivindican que se respeten sus derechos en torno al cambio climático, la soberanía alimentaria, el cuidado del agua, la erradicación de toda forma de violencia y el derecho al acceso a la comunicación y sus diversas tecnologías. Su reivindicación actual consiste en que Naciones Unidas declare la Década de las Mujeres Rurales, debido al papel fundamental que tienen éstas en la erradicación del hambre y la pobreza. Para la Red se trata de una estrategia clave que permitirá compensar los años de exclusión, las brechas y la desigualdad que afectan a las mujeres rurales de Latinoamérica y el Caribe a nivel global.

Pero no están solas, experiencias como éstas comienzan a visibilizarse en otros puntos del mundo. La campaña Vidas en Progreso recoge la historia de Rahima, Ha, Angelita, Francisca y Sopha, 5 mujeres procedentes de Bangladesh, Vietnam, Filipinas, Timor y Camboya, líderes y referentes sociales en sus comunidades rurales. Ellas lideran organizaciones en sus comunidades, generadas para dar respuesta a la necesidad de participación de las mujeres, para visibilizar su trabajo y su papel fundamental en los procesos de Desarrollo de sus comunidades. Angelita lidera una comunidad indígena en Filipinas, su objetivo es proporcionar asistencia sanitaria y educación a los Mamanua. Rahima fue víctima del matrimonio precoz, la casaron con 12 años. Ahora lidera una organización en Bangladesh cuyo fin es prevenir a las mujeres sobre violencia de género y acabar con el matrimonio infantil.

Su unión es el denominador común de su fuerza. Trabajan en conjunto para conquistar Derechos robados, Derechos que les pertenecen. Estas organizaciones son las verdaderas protagonistas de los procesos de desarrollo en los países empobrecidos. Quizás sea necesario abrir los ojos, prestar atención y empezar a tomar apuntes.

Equipo de Paz y Desarrollo


Día de África: dependencia y compromiso

En el día de África queremos recordar la dependencia y el compromiso ineludible que tenemos con el continente africano.

Comprender la vinculación entre los lugares de consumo y los lugares de explotación,  es fundamental para tomar decisiones políticas y sociales coherentes y justas con los pueblos africanos. ¿De dónde viene tu móvil? ¿Tu ropa? ¿Tu lata de refresco?…¿Y a dónde va?¿te lo has preguntado?

Más allá de los alimentos frescos, nuestros patrones de consumo nos “conectan” diariamente con el continente africano. Desde los empastes que tapan las caries de nuestros dientes hasta la lata de conservas guardada en el armario,  pasando, por supuesto, por el ordenador, la televisión y el teléfono móvil, nuestra vida “depende” de África.

Se estima que África alberga un 30% de las reservas mundiales de minerales, en el caso del platino, el uranio, los diamantes y el oro las estimaciones superan el 50%. Unos 30 países de África subsahariana son significativamente ricos en recursos naturales (RRNN)[1], contando entre ellos a importantes productores de petróleo como Guinea Ecuatorial o Nigeria, de bauxita (con la que se fabrica el aluminio) como Guinea Conakry, o de Coltán (esencial para la mecánica de las telecomunicaciones) como República Democrática del Congo.Mientras la Unión Europea solo produce el 3% mundial de los metales minerales, su dependencia de África Subsahariana es vital importancia.

Además de los minerales estratégicos, los hidrocarburos (petróleo y gas natural) son la matriz del sistema de desarrollo, producción y consumo del sistema económico de nuestro planeta. España importa prácticamente el 100% del gas y el petróleo que consume. Las importaciones de gas y petróleo de Nigeria son muy significativas (en 2012 representaron, respectivamente, el 11 y el 14% del total. Encender la luz, abrir el grifo del agua caliente, el asfalto por el que caminamos, el barniz del mueble, las ceras con las que pintan en el colegio los niños, el detergente que lava nuestra ropa, los alimentos congelados (se utiliza una parafina derivada del petróleo para la mejor conservación)… Toda nuestra vida cotidiana está “impregnada” de un poco de África.

Pero no sólo se trata de aquello que compramos y usamos, sino que, por desgracia, países como Zimbabue o Ghana son también parte de nuestro día a día cuando lo tiramos o reciclamos. El barrio de Agbogbloshie, en Accra (Ghana), se ha convertido en un inmenso cementerio de aparatos electrónicos desechados en el Primer Mundo al que acuden a diario miles de jóvenes y niños que buscan algo vendible, como cobre y aluminio. Cada año se generan uno 50 millones de toneladas de basura electrónica (e-waste) en el mundo. Y mucha acaba en los países africanos[2].

Una riqueza natural acompañada de pobreza social

Pese a la riqueza de sus RRNN y al valor fundamental que tienen para nuestro consumo y para el mercado internacional (que se refleja en significativos aumentos de sus tasas de PIB anual), el 50% de las personas del continente africano viven por debajo del umbral de la pobreza. El PIB de Guinea Ecuatorial, por ejemplo, creció entre 2000 y 2011 una media del 16,9% y sus ingresos per cápita aumentaron, sin embargo  se sitúa en el puesto 136 del IDH del PNUD; el 75% de la población vive con menos de dos dólares diarios, la esperanza de vida apenas supera los 51 años y tiene una alta tasa de mortalidad infantil.

África subsahariana es una de las fuentes principales de materias primas en las que se basa nuestro crecimiento y estilo de vida (tecnología, petróleo, envases…), sin embargo, los empleos generados por la industria de los hidrocarburos son muy escasos, las zonas de extracción de coltán viven un permanente conflicto bélico, las explotaciones de minerales estratégicos están acompañadas de graves consecuencias medioambientales para las poblaciones colindantes. Según los datos del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) de los 40 países con menor Índice de Desarrollo Humano, 34 son africanos.

Esta problemática tiene un denominador común: un sistema de explotación de los recursos en beneficio exclusivo de una minoría. ¿Y cómo funciona?  Lo hemos intentado recoger en el estudio: La Explotación de los recursos naturales en África Subsahariana: la industria extractiva, que os invitamos a leer detenidamente.

Hoy, 25 de mayo, Día de África, queremos compartir, algo que para la Campaña es fundamental,  los testimonios de personas que saben mucho de esto: los africanos y africana. En este día queremos tener un gesto con los que nos han acompañado, que nos han guiado, aconsejado, abierto los ojos, pero sobre todo nos han conmovido con sus palabras. Son ellos y ellas los que han conseguido llegar a la gente son sus frases, con sus mensajes sencillos, desde la humildad de su experiencia personal, eso es lo que toca el corazón; y por supuesto complementa al análisis, la investigación y la reflexión. Son testimonios sencillos, pero cargados de mensaje e información, que hemos recogido en este video, un símbolo para los que nos ha acompañado, y han hablado desde la libertad, por los que están allí, y quizás no pueden hacerlo. Tan sencillo como una de las frases de dice en el video Yvon Pamba: Yo soy el dueño del árbol, pero tú fabricas las ruedas de caucho, y me lo vendes más caro..¡Y yo soy el dueño !

Detrás de sus testimonios están algunas de las respuestas a esas preguntas ¿de dónde vienen muchos de los productos que consumimos? Para que nosotros vivamos así ¿allí tienen que vivir así?

Marta Burgo- Campaña África cuestión de vida.

 

[1]Se considera que un país es rico en RRNN cuando éstos representan un porcentaje significativo de sus exportaciones y de los ingresos estatales (Estudio “Explotación de los recursos naturales en África: la industria extractiva”, REDES 2013).

[2] http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&cat=2&id=1386